lunes, 14 de mayo de 2018

San Juan Bautista De La Salle en la 'Enciclopedia Católica on line'

Artículo redactado por el Hermano Constantius, traducido y actualizado por Antonio Hernández Baca. Dedicado a todos los estudiantes lasalianos del mundo

Fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, reformador educativo y padre de la pedagogía moderna. Nació en Reims, Francia el 30 de abril de 1651 y murió en Saint-Yon, Rouen, el Viernes Santo 7 de abril de 1719. La familia de la Salle tiene sus orígenes en Johan Salla, quien, a principios del siglo IX fue comandante en jefe de las fuerzas reales de Alfonso el Casto de Castilla. No fue, sin embargo, sino hasta alrededor de 1350 que la rama menor de esta familia, de la cual descendió nuestro santo, se mudó a Francia y se estableció en Champagne. Juan Bautista fue el primogénito de Luis de la Salle y Nicolle de Moet de Brouillet. Sus padres fueron muy solícitos con la educación de su hijo, especialmente en lo relativo con su desarrollo moral e intelectual. Después de su preparación inicial, fue enviado al Colegio des Bons Enfants, donde cursó sus estudios superior y, el 10 de julio de 1669, obtuvo el grado de Maestro en Artes. El canónigo Pierre Dozet, canciller de la Universidad de Reims, presidio las sesiones académicas y, aprovechando su puesto, pudo estudiar el carácter de su joven primo, de la Salle, resultando en su decisión de renunciar a su canonjía en su favor. Louis de la Salle, sin embargo, acariciaba la esperanza de que Juan Bautista escogería la carrera de abogado y continuaría con la tradición de la familia. Pero el joven de la Salle insistió en que sentía el llamado de servir a la Iglesia y por lo tanto, recibió la tonsura clerical el 11 de marzo de 1662 y fue instalado solemnemente como canónigo de la Sede Metropolitana de Reims el 7 de enero de 1667.
Cuando de la Salle hubo completado sus cursos clásicos, literarios y filosóficos y se graduó, fue enviado a Paris al seminario de San Sulpicio el 18 de octubre de 1670. Durante su residencia en el seminario, asistió a clases de teología en la Sorbona. Allí, bajo la dirección de Louis Tronson, progresó de tal modo en la virtud que M. Lechassier, superior general de la congregación de Sn. Sulpicio, dejó el siguiente testimonio: "De la Salle fue un constante observador de la regla. Su conversación fue siempre agradable e irreprochable. Parece que nunca ha ofendido a nadie, ni ha incurrido en censura por parte de nadie." En el seminario, de la Salle se distinguió por su piedad y por el vigor de su progreso intelectual y la habilidad con la cual manejaba asuntos teológicos. Nueve meses después de su llegada a Paris, su madre murió el 19 de julio de 1671 y el 9 de abril de 1672, su padre falleció. Dicha circunstancia lo obligó a dejar San Sulpicio el 19 de abril de 1672. Aún no tenía veintiún años y ya era el jefe de su familia y por consiguiente tenía la responsabilidad de educar a sus hermanos. Su atención se dedicó a los asuntos domésticos y mantuvo una administración discreta y casi empresarial. El canónigo Blain decía que en esta época padeció muchos temores. Desconfiando de su propia inteligencia, de la Salle tenía el recurso de la oración y de asesores discretos, entre ellos, Nicolas Roland, canónigo y teólogo de Reims, un hombre de gran discernimiento espiritual. Actuando bajo la dirección del ultimo, el futuro fundador fue ordenado subdiácono en Cambrai por el Arzobispo Ladislas Jonnart el 2 de junio de 1672.
Cuando no estaba ocupado con los deberes de su canonjía o con sus estudios teológicos, hacía buenas obras, bajo la guía de su director espiritual. Después de cuatro años, fue ordenado diácono en París el 21 de marzo de 1676 por Francois Batailler, Obispo de Belén. En esta ocasión, de la Salle obtuvo de Maurice Le Tellier, Arzobispo de Reims, el permiso para renunciar a su canonjía y dedicarse al trabajo parroquial. Nicolas Roland lo apresuró a dar este paso, alegando que una rica canonjía no estaba muy en armonía con el celo y la actividad juveniles. Su arzobispo, sin embargo rechazó su solicitud. Con humilde sumisión, de la Salle aceptó la decisión y regresó a Reims a proseguir sus estudios y a hacer las preparaciones finales para su ordenación sacerdotal. Fue ordenado presbítero por el Arzobispo de Reims el sábado santo 9 de abril de 1678. El joven sacerdote fue modelo de piedad y sus biógrafos dicen que las personas iban a su Misa para edificarse y compartir su piedad. Después de la Misa había muchos que buscaban su consejo y se colocaban bajo su guía espiritual. De la Salle nunca omitió la Santa Misa. En junio de 1680, tomó su examen final y se doctoró en teología. En esta etapa de su vida, de la Salle, demostró una docilidad de espíritu, auto desprecio tales que demostraron el carácter del hombre y del santo. En apariencia física, era de presencia fuerte, algo más alto que el promedio y bien proporcionado. Tenía grandes y penetrantes ojos azules y frente amplia. Sus retratos presentan una figura de dulzura y dignidad, con inteligencia y respirando un aire de modestia y gracia refinada. Una sonrisa juega en los finos labios e ilumina una expresión de inteligencia y amor. Durante los pocos años que se sucedieron entre su ordenación al sacerdocio y el establecimiento de su instituto, de la Salle se ocupó de llevar a cabo el testamento y última voluntad de Nicolas Roland, quien, al morir, le había confiado la recién establecida Congragación de las Hermanas del Niño Jesús. "Tu celo la hará prosperar," le dijo Roland. "Completarás el trabajo que he iniciado. En todo esto, el padre Barre será tu modelo y guía." Así fue de la Salle llevado, imperceptiblemente a su misión en la vida. "La idea nunca se me ocurrió a mí," escribió en una memoria. " Si alguna vez hubiera pensado que tendría que lo que hice por pura caridad con los maestros pobres iba a terminar haciendo que viviera con ellos, hubiera renunciado al instante." Este sentimiento lo expresó de nuevo en el ocaso de su vida en estas enfáticas palabras: "Si Dios me hubiera revelado lo bueno que podría ser logrado por este instituto, y de la misma manera me hubiera hecho saber las pruebas y los sufrimientos que lo acompañarían, mi valor habría fallado, y yo nunca lo habría emprendido." En esta época, de la Salle aún cumplía con sus funciones de canónigo. Sin embargo, se sentía fuertemente atraído a una tarea más importante propiciado por un mensaje de Madame Maillefer, en marzo de 1679, solicitándole que ayudara a Adrien Nyel a abrir una escuela gratuita en Reims. Pero apenas había logrado abrir la escuela de St-Maurice cuando calladamente se alejó, como si esa no fuera su misión. Poco después, la apertura de otra escuela gratuita en St-Jacques lo volvió a sacar de su reclusión, pero pronto se retiró de nuevo.
A pesar de ser el principal instrumento en la apertura de estas escuelas elementales. Se sentía inconscientemente atraído al trabajo. Diariamente visitaba a los maestros para animarlos o sugerirles métodos prácticos para obtener resultados específicos. Pero cuando descubrió que los maestros se desanimaban debido a la falta de guía adecuada después de las horas en la escuela, procedió a juntarlos para poder dirigirlos y darles lecciones prácticas de empleo útil del tiempo y para prevenir golpes y disgustos. No solo los ayudaba en clase y después de clases, sino que les alivió la vida. Inclusive los admitió a su mesa y después los acogió bajo su propio techo. Por consiguiente se fueron acercando cada vez más, formando una hermandad íntima con los maestros de los pobres. "Fue sin duda," decía Mons. Guibert, "el amor lo que indujo a de la Salle a dedicarse a los jóvenes maestros de Reims. Estaban como ovejas abandonadas sin un pastor. Asumió la responsabilidad de unirlos." Entonces de la Salle no tenía planes definitivos para el futuro, inclusive en junio de 1682, cuando mudó su pequeña comunidad a la vecindad de la Rue Nueve. Simplemente se mantuvo listo para seguir la guía de la providencia. Renunció a su canonjía en julio de 1683 y distribuyó su fortuna entre los pobres en el invierno de 1684, dando pruebas convincentes de que no dudaría en hacer cualquier sacrificio que fuera necesario para completar el trabajo que había comenzado. Pere Barre le aconsejó a de la Salle que dejara cualquier cosa que pudiera distraer su atención de lograr la gloria de Dios. En respuesta a las serias recomendaciones de sus amigos respondió: "Debo hacer el trabajo de Dios y si lo peor debe pasar roguemos al Señor por fuerza." La confianza en la Providencia Divina fue algo imprescindible para la fundación de las Escuelas Cristianas.
Hasta este período (1684), el instituto no tenía las características de una organización permanente. De 1694 a 1717, la lucha por la subsistencia fue más que crítica. En 1692 el instituto estaba tan debilitado por las muertes y renuncias que de la Salle apenas pudo encontrar dos hermanos que estuvieran dispuestos a atarse por medio de un voto para mantener las escuelas gratuitas. La muerte de Henri L'Heureux en diciembre de 1690, materialmente afectó las reglas de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. De la Salle pretendiendo que este dotado y joven hermano fuese el futuro superior de la congregación, mantuvo la esperanza de que se ordenara sacerdote, y con esto en mente, lo envió a París a estudiar teología en la Sorbona. Después de un brillante curso, el Hermano Henri L'Heureux estaba listo para ordenarse, pero antes de esto, el joven candidato enfermó y murió. La pérdida de este hermano fue un duro golpe para el fundador. Después de pasar toda la noche en oración, se levantó, no solo confortado, sino fortalecido e iluminado sobre el carácter de su futuro instituto. Entonces determinó que no debería haber sacerdotes entre los miembros de su instituto. A pesar de que había sacerdotes y hermanos laicos en casi todas las órdenes religiosas existentes, de la Salle estaba convencido de que era hora de un cambio en este sentido en la nueva congregación. El hermano Lucrad, quien fuera analista del instituto, resume el asunto así: "A partir de la muerte de Henri L'Heureux, de la Salle estuvo convencido de que su instituto se debía fundar en la simplicidad y la humildad. Ningún hermano podría, siguiendo en la congregación, permitirse distraerse de sus funciones como maestro, dedicándose a estudios especiales, a la lectura del Oficio Divino o al cumplimiento de las obligaciones del ministro sagrado." Por lo tanto, ningún hermano puede aspirar al sacerdocio ni realizar ninguna función sacerdotal y ningún eclesiástico puede ser miembro del instituto. Esta fue la nueva regla que de la Salle agregó y se encuentra en la Constitución del Instituto.
A partir de 1702, el fundador pasó por un largo período de prueba, agravado por la persecución por parte de ciertas autoridades eclesiásticas. En noviembre de 1702, fue depuesto por el cardenal de Noailles y sustituido durante algún tiempo por el Rev. B. Bricot. En 1703 uno de sus más confiables discípulos, Nicolas Vuvart, lo dejó. Durante los siguientes diez años el santo fundador se vio envuelto en una serie de dificultades para la preservación de su instituto, en el curso de los cuales su nombre fue atacado y se le negó justicia en los tribunales civiles. Después de treinta y cinco años de trabajo duro, su labor parecía estar al borde del fracaso. Su confianza en Dios era tan firme que en realidad nunca se desanimó. Convocó un capítulo con el propósito de solidificar el trabajo y para elegir a un superior general. Pretendía tener un hermano ya elegido mientras el vivía y así perfeccionar el gobierno del instituto de acuerdo con la regla que él había formulado. La elección de los hermanos reunidos recayó en el hermano Barthelemy, un hombre estimado por todos debido a su sapiencia y virtud. El instituto era ahora un hecho consumado. Y desde la primera entrevista con Adrien Nyel en 1679, de la Salle pertenecía por completo a los hermanos, compartiendo con ellos la rigidez de la labor y la observancia de la regla común. Nunca les permitió dedicarse a otros asuntos.
De la Salle fue siempre prudente y siempre estuvo inspirado por Dios, por ello no cejó en darle a su instituto un carácter positivo para cumplir su objetivo: la educación cristiana de la juventud y la cultivación del espíritu de fe, piedad, mortificación y obediencia que debía caracterizar a sus miembros. Su don de ganar almas para Dios y guiarlas a hacer grandes sacrificios, se complementó con la espléndida habilidad ejecutiva que le permitió fundar un instituto y supervisarlo y dirigir su desarrollo gradual. Un estudio de las extraordinarias condiciones religiosas, sociales y educacionales de la época en que de la Salle fundó el instituto muestra el peculiar carácter de las dificultades que tuvo que enfrentar y sobrellevar. El jansenismo había ganado adeptos en Francia y diseminado sus perniciosas doctrinas; adoptaba disensiones internas y promovía el galicanismo, con gran detrimento de la fe y de la lealtad a la Santa Sede. En el orden social, un espíritu de exagerada independencia condenaba la autoridad o la ignoraba. Cuando tales condiciones prevalecen en las clases privilegiadas, uno se pregunta cuál sería la condición de las masas. Las interminables guerras internas y externas, con sus correspondientes males, producían un efecto desastroso en la gente. Las demandas exorbitantes por parte de los oficiales del ejército, la violencia de la soldadesca, la rapiña de los supervisores, los saqueos, hambrunas y ruina, dejaban a provincias enteras de Francia bajo el peso de terribles sufrimientos y miseria inenarrable. Aún cuando la oscuridad del caos interno fue momentáneamente iluminada con las espléndidas victorias en el extranjero, el triste efecto de la Gloria del reinado de Luis XIV hizo de las quejas en los cotos que fuesen más amargas debido a la pérdida de los seres queridos en los campos de batalla. Las escuelas estaban pobre y negligentemente atendidas. Los niños y la gente generalmente eran ignorantes y el vicio, de acuerdo con las autoridades contemporáneas era flagrante en todas las clases. De la Salle cuidadosamente estudió estas condiciones y, movido por la compasión por los pobres, resolvió mejorar su estatus moral y social. El fundador analizó la situación y propuso como remedio la creación de escuelas gratuitas populares adecuadamente equipadas y a cargo de celosos maestros, quienes implantarían en los corazones de los niños la semilla de aquellas virtudes que tendieran a regenerar tanto a los alumnos como a sus padres. Vio que una congregación religiosa compuesta por hombres ilustrados, ansiosos de la salvación de las almas, podría luchar contra la irreligiosidad, el vicio y la ignorancia. Claramente percibió que, en las condiciones peculiares que rodean a cualquier instituto en su origen, el trabajo propuesto debería tener como fin los requisitos especiales de la época en la que se originara. También vio que, mientras el espíritu guiador de dicho instituto debía permanecer fundamentalmente sin cambios, su objetivo, como organización permanente trabajando en beneficio de la humanidad, debía tener el carácter de una fuerza social que respondiera a las necesidades de cualquier época y país.
Las varias reformas educativas introducidas por de la Salle probaron que legislaba sabiamente. Los cursos de estudio para las primarias gratuitas, escuelas técnicas y colegios evidencian su amplia cultura y gran comprensión de los problemas educativos. Así pues, si las necesidades de una cierta localidad pedían materias especiales o si los tiempos y condiciones demandaban ciertos estudios avanzados, de la Salle no tardaba en responder dichas peticiones y darle a esos asuntos un lugar de acuerdo a la importancia de su valor educativo. Aún más, de la Salle desarrolló su genio en darle a su instituto un carácter distintivo, el de un cuerpo colegiado consagrado a trabajar en la educación popular. De este modo, se convirtió en el creador de un sistema de pedagogía psicológica que incluía los principios esenciales posteriormente adoptados por otros reformadores educativos, especialmente Pestalozzi, Fröbel y Herbart. Para la elaboración de la base vernácula de toda la instrucción, de la Salle apela a la inteligencia del niño, preparando el camino para el estudio de una literatura nacional y llevando al hombre adulto a aquellas avenidas del conocimiento real. Con el enfoque científico percibió lo absurdo de mantener los textos latinos para enseñar el arte de leer. Para dicho cambio, él dio las siguientes razones:
· La enseñanza del arte de leer en escuelas primarias, por medio de la lengua vernácula, es mucho más útil que con los textos latinos. · La lengua vernácula es más fácil de enseñar a los niños, quienes ya tienen algún conocimiento de la misma, que el latín, del cual son completamente ignorantes. · Se requiere considerablemente menos tiempo para aprender el arte de leer en vernácula que en una lengua extranjera. · Los niños y niñas que asisten a las escuelas primarias, pueden solo permanecer unos pocos años en instrucción. Ahora, si se les enseña a leer de un texto latino, generalmente dejarán la escuela sin ser capaces de leer en la lengua vernácula, y con un imperfecto conocimiento de cómo leer en latín. Así pues, pronto olvidarán lo poco que aprendieron. · Leer es uno de los métodos más eficaces de adquirir conocimiento. Seleccionando cuidadosamente los libros, los niños que puedan leer en la lengua vernácula pueden llevar la doctrina cristiana dentro del círculo familiar y, por las noches, leer algunos libros útiles o instructivos a la familia reunida; si solo pudieran leer latín, sin entenderlo, resultarían privados de muchos beneficios valiosos resultantes de la lectura inteligente de un buen libro. · Es imposible para los niños de escuelas primarias dominar la lectura de textos latinos, porque no están conscientes de la importancia del asunto. Es, por lo tanto, parte de la sabiduría de entrenar a los niños metódicamente la lectura inteligente de trabajos escritos en la lengua vernácula. Por lo tanto, habiendo dominado el arte de leer en vernácula, unos cuantos meses podrían ser suficientes para que lean el latín de forma fluída, mientras que por el método tradicional, ello requiere de varios años. [Annales de l'Institut, I (1883), pp. 140, 141].
Este hecho prueba que de la Salle era un profundo pensador, un genio de la educación popular. Abarcó a todas las clases y condiciones de la sociedad. Haciendo las escuelas -populares gratuitas, abarcó las necesidades crecientes de la sociedad en su tiempo y en todos los tiempos. Ninguna fase del problema educativo escapó a su penetrante visión.
Debido a que de la Salle está especialmente identificado con el "Método Simultáneo" de enseñanza, una explicación del métodos y su historia probará el interés del educador. Mediante el "Método Simultáneo," los alumnos se clasifican de acuerdo a su capacidad, colocando a aquéllos con alcances similares en la misma clase, dándoles los mismos libros de texto y pidiéndoles que tomen la misma lección con el mismo maestro. Este método ha pasado la prueba del tiempo y la experiencia, y es el que los hermanos de las escuelas cristianas y la mayoría de las instituciones educativas siguen utilizando actualmente. Como toda idea fructífera, el "Método Simultáneo" no es resultado exclusivo de un solo hombre. Difiere notablemente del sistema universitario de la edad media. Los jesuitas organizaban cada clase en subdivisions; cada division estaba comandada por un alumno avanzado llamado decurión, a quien los niños repetían sus lecciones cada determinado tiempo, mientras que los maestros corregían ejercicios u oían las lecciones de alumnos particulares. Después, toda la clase recibía explicaciones del maestro. Sn. Pedro Fourier (1565-1640) vio en la educación cristiana el remedio para muchos de los desórdenes existentes entre los pobres y la clase trabajadora. Anticipó más de uno de nuestras modernas mejoras educativas. De hecho, fue uno de los primeros en aplicar algunos de los principios del "Método Simultáneo." En sus constituciones, se prescribe que mientras pueda realizarse, todos los alumnos en la misma clase deben tener cada uno el mismo libro, con el fin de que mientras uno lee la lección en voz alta, todos los demás la están oyendo y siguiéndola en sus libros al mismo tiempo, puede aprenderse así más pronto, más eficazmente y con mayor perfección. De este modo, el principio del "Método Simultáneo," queda, por primera vez, claramente establecido. Sin embargo, cuando entra en detalles prácticos, parece perder la perspectiva del principio que establece. En el siguiente párrafo de las Constituciones, se indica que la tutora debe llamar a dos alumnos a la vez y colocarlos a ambos lados del escritorio. El pupilo más avanzado leerá la lección; el otro escuchará; este es el método individual. Para los discípulos más pequeños, recomienda que cuatro o seis se acerquen a la vez al escritorio y utilicen algunas tarjetas que contengan letras o sílabas. (Sommaire des Constitutions des Religieuses de la Congrégation de Notre-dame, 1649, 3rd part.)
Comenius (o Amos Komensky, 1592-1674), en su "didáctica Magna," pide al maestro que instruya a sus pupilos semel et omnes simul, "todos juntos al mismo tiempo" (edit. 1647, cap. Xix, Probl. I, Col, 102, 103). Mons. De Nesmond (1629-1715) dividió la clase en cuatro o cinco grupos, cada uno con el mismo libro, "para que todos los niños del mismo grupo o banca puedan recibir la misma lección y cuando uno empiece a leer, los otros lean en voz baja al mismo tiempo" (Méthode pour instruire en peu de temps les Enfants, p. 59). Alrededor de 1674, Charles Démia, de Lyon adoptó el método de Mons. de Nesmond. Dio el mismo libro de lectura a cada grupo, pidiéndoles que cada quien siguiera, con su dedo o un marcador las palabras que estaban siendo leídas. El precursor inmediato de Sn. Juan Bautista de la Salle fue un teórico, el autor anónimo de "Avis touchant les Petites Ecoles" (Bibl. Nat. 40 R. 556). En este pequeño trabajo, el cual es datado por Leopold Delisle anterior a 1680, el autor se queja de la condición de las escuelas primarias y propone un método por el cual un gran número de alumnos debe ser enseñado por un maestro, un libro y una voz. La escuela, dice, debe regular que uno y un solo libro, uno y el mismo maestro, una y una sola lección, una y solo una corrección, deben servir para todos, de modo que cada alumno tendrá todo el tiempo y cuidaddo del maestro, como si fuera el único alumno ( pp. 14 y 19). Es razonable suponer que de la Salle frecuentaba las escuelas de la congregación de Notre-Dame, la cual fue fundada en Reims en 11634, y observó el método usado por dicha congregación. En 1682, de la Salle había organizado ya a los Hermanos de las Escuelas Cristianas y les había enseñado el "Método Simultáneo." El hermano Azarias dice: "Lo que san Pedro Fourier tocó, que Komensky y Mons. De Nesmond y Charles Démia divisaban, lo que el anónimo autor no pudo descubrir y pensó realizar, es un hecho ahora." De la Salle aplicó el Método Simultáneo no solo para lectura como sus predecesores, sino también para catecismo, escritura, ortografía y aritmética en las clases elementales y entonces a todas las especialidades enseñadas en las escuelas que fundó. Es, por consiguiente, el genio que introdujo y perfeccionó el método simultáneo en todos sus detalles prácticos. De la Salle definitivamente apunta el "Método Simultáneo" como aquél que deseaba que sus discípulos siguieran. No más un solo maestro gobernando a toda la escuela; serán dos o tres, o más, de acuerdo con el número de alumnos, cada uno tomando a aquellos con la misma capacidad y enseñándoles juntos. Sus instrucciones al respecto son exactas: Los hermanos prestarán especial atención a tres cosas en clase: (1) Durante las lecciones, corregir cada palabra que el alumno que está leyendo pronuncie mal; (2) Hacer que todos lean la misma lección; (3) Que haya estricto silencio en la escuela (Reglas Comunes).
Los alumnos siguen la misma lección, observan estricto silencio, el maestro al corregir a uno, corrige a todos. Esta es la esencia del "Método Simultáneo." De la Salle generaliza el principio para todas las lecciones, así pues: En toda lección de tarjetas de alfabeto, silabarios y otros libros, ya sea en francés o en latín, e inclusive durante aritmética, mientras uno lea, todos los demás de la misma clase deberán seguir, esto es, ellos leerán de sus libros sin hacer ruido con sus labios, lo que el que está leyendo pronuncie en voz alta de su libro. (Conduite des écoles chrétiennes, Avignon, 1724)
Con razón ha dicho Matthew Arnold, hablando de este manual del método: "Trabajos posteriores al mismo respecto poco han mejorado estos preceptos." En la administración de las escuelas cristianas, de la Salle establece concisamente las siguientes reglas prácticas para ensañar metódicamente:
1. El maestro determina la inteligencia relativa de cada alumno en su clase. 2. Adapta su lenguaje y explicaciones a la capacidad de su clase y tiene cuidado en no ignorar a los pupilos más lentos. 3. Se asegura de que los alumnos conozcan el significado de las palabras que emplea. 4. Avanza de lo simple a lo complejo, de lo fácil a lo difícil. 5. Insiste grandemente en la parte elemental de cada material; no avanzando sino hasta que los alumnos tienen bases firmes... 9. Establecer pocos principios a la vez, pero explicarlos bien... 10. Hablar mucho viendo a los alumnos, utilizando el pizarrón. 11. Preparar con cuidado cada lección. 12. No dar malos ejemplos a los alumnos; siempre hablar con corrección y con claridad y precisión. 13. No emplear sino definiciones exactas y divisiones bien fundadas… 18. No asegurar nada a menos que se esté completamente seguro de su veracidad, especialmente hechos importantes, definiciones o principios. 19. Hacer uso frecuente del sistema de preguntas y respuestas. (Cap. V Art. Ii, pp. 31-33)
Es verdad, que de la Salle, al establecer su instituto, tenía en mente, principalmente la escuela primaria y elemental, la cual fue la real razón de ser de la existencia de los hermanos de las Escuelas Cristianas. Fue el organizador de la instrucción pública de su tiempo y ningun maestro de pedagogía le negará esa distinción. Pero, si bien la escuela primaria fue el principal trabajo de la Salle, hubo aún otro campo de trabajo, el cual revela su gran genio. Al principio del siglo dieciocho, se enfrentó con condiciones perplejamente singulares. La creciente generación estaba cansada de glorias pasadas, disgustada con el presente y ansiaba lograr renombre en campos inexplorados de la actividad humana. Mientras la educación llegaba más a las masas, a la luz de la instrucción llegaron nuevas ideas, nuevas ocupaciones, nuevas empresas y un parte aguas de la civilización, con el deseo de luchar con problemas que surgían de las nuevas condiciones. Aún aquellos entrenados en métodos tradicionales se daban cuenta de un gran cambio en los hombres y las cosas. Sentían que había algo especial en el nuevo sistema de educación. Con sus hijos experimentaron el espíritu del mundo que respiraba en la moribunda civilización de Luis XIV. El horizonte político había cambiado, la sociedad se volvió más degenerada, el mundo intelectual despertó y salió de su letargo, asumiendo una actitud más despierta y aspirando a mayor libertad en el campo del pensamiento y la investigación. De la Salle había sido golpeado por la seria grieta en la instrucción reservada a los niños acomodados, quienes eran dedicados a las profesiones liberales. Así, mientras organizaba la escuela primaria, también creó, en 1705 un establecimiento especial desconocido hasta entonces en el mundo educativo. Esta nueva creación fue el internado en Saint-Yon, donde inauguró el sistema de la moderna instrucción secundaria. Saint-Yon fue el modelo para dichos colegios y el de Passy, Paris, se convirtió en el ejemplo moderno de instituciones similares en Francia y en cualquier otro lugar. M. Drury, en su reporte acerca de la educación técnica, dice que Francia está, indudablemente en deuda con de la Salle por la instalación y popularización práctica de esa forma de instrucción.
Así, desde la creación del instituto, hubo una adaptación constante de programas dedicados a las necesidades creadas por las transformaciones sociales que tenían lugar. Esta flexibilidad, que contrastaba con la rigidez de los programas universitarios, causó sorpresa y no poca oposición entre los representantes de la autoridad académica de aquellos días. La instrucción dada en el colegio fundado por de la Salle y sus sucesores se adaptaba peculiarmente a las necesidades de una clase muy interesante de jóvenes. Las reformas educativas así planeadas y realizadas por él evidenciaron que la providencia lo había destinado a ser el legislador de la educación elemental, así como el creador del nuevo sistema de entrenamiento intelectual, combinando la precisión del método tradicional con el enfoque más amplio del nuevo. Nada más natural que de la Salle, quien había asimilado lo mejor que el siglo diecisiete pudo dar y quien había notado la ineficiencia del viejo sistema para satisfacer los requisitos de las nuevas condiciones creara escuelas que fueran entonces y que siguen siendo, la admiración de los educadores. Los internados fundados por de la Salle para la moderna instrucción secundaria son, una creación distinta. La fecha del de Saint-Yon es 1705. Después añadió una escuela técnica para desarrollar las habilidades mecánicas de los estudiantes y también un jardín especial para botánica.
Ya había escuelas dominicales antes del siglo diecisiete. Pero la Academia Cristiana, fundada por de la Salle para adultos en la parroquia de San Sulpicio, en 1699, era diferente, la primera de su tipo en la historia de la educación. El programa de esta academia, o escuela dominical, incluía no solo las materias ordinarias enseñadas en las otras escuelas dominicales, sino que añadía geometría, arquitectura y dibujo.
Alain dice que las primeras escuelas normales fueron los noviciados de las órdenes educativas. Pero no había escuelas normales para maestros laicos. De la Salle frecuentemente recibía peticiones del clero para que enviara a un hermano para manejar sus escuelas. Esta solicitud era rechazada, porque había establecido en la regla que no habría menos de dos hermanos en cada escuela. Por lo tanto, ofreció abrir un seminario para maestros, una institución en la cual los jóvenes serían entrenados en los principios y prácticas de los nuevos métodos de enseñanza. La escuela normal fue abierta en Reims en 1684. Sin duda, trece años antes que Francke organizara su clase para maestros en Halle y cincuenta años antes de que Hecker fundara el colegio normal prusiano en Stettin, de la Salle había desarrollado un programa el cual es considerado excelente aún hoy en día. El mismo año estableció, para jóvenes destinados a ser hermanos, una academia cristiana, o noviciado preparatorio, en el cual se les enseñaba ciencias, literatura y los principios de la pedagogía científica.
De la Salle está considerado el mayor de los educadores avanzados del siglo dieciocho y entre los más grandes pensadores y reformadores educativos de todos los tiempos. Su sistema abarca lo mejor en métodos educativos modernos. Dio ímpetu al elevado progreso educativo que distingue a los tiempos modernos, y confirió a sus propios discípulos y a los educadores en general, un sistema de enseñanza adaptable a los deseos de la juventud estudiante en cada país. Pero fue especialmente como sacerdote que Juan Bautista de la Salle amó su vocación como educador. Como San Ignacio de Loyola, quedó probado que tenía el derecho de enseñar la doctrina cristiana. Reclamando este privilegio, de la Salle actuó guiado por los motivos más puros y elevados. No había nada oculto en sus planes educativos. Era demasiado sabio como para no darse cuenta de que los más útiles hijos de la Iglesia deben estar entre los más hábiles en los aspectos humanos. El entrenamiento intelectual estaba complementado por un curso completo de moral cristiana. El hombre tenía un destino y el maestro debía inculcar su verdad cultivando y desarrollando las virtudes teológicas en las almas de los niños.
Este pensamiento parece haber estado constantemente en la mente y el alma de de la Salle, cuando diseñó esos excelentes programas para sus escuelas, colegios e instituciones técnicas- Su principio pedagógico era que nada humano debía ser extraño a los estudiantes y que la enseñanza de la ciencia y las letras no le quitaba nada al maestro de su ministerio como apóstol. En septiembre de 1713, Clemente XI escribió la bula "Unigenitus," condenando los errores de Quesnel, escritos en sus "Reflexiones Morales;" M. de Montmartin, Obispo de Grenoble, promulgó la bula en una circular en febrero de 1714. De la Salle estaba entonces de retiro en Parmenie. Cuando dejó este lugar, entró a la arena para defender a la Iglesia del jansenismo. Reunió a los hermanos de Grenoble y les explicó el significado de la bula, con el fin de salvaguardar la pureza de la fe. Insatisfecho con esta manifestación de lealtad, publicó varios artículos en defensa de la doctrina verdadera. Esto irritó a los jansenistas, pero su oposición solo sirvió para dar mayor luster a la pureza de su fe y su celo. Era un campeón valiente y desprendido, y parecía olvidar su habitual calma y reserva cuando era cuestión de la integridad y pureza de la fe. Para mostrar su apego inviolable a la Iglesia y al Soberano Pontífice, siempre firmaba Sacerdote Romano. "Apéguense a lo que es de fe," les escribe a los hermanos; "eviten las novedades; sigan las tradiciones de la Iglesia; reciban solo lo que ella recibe; condenen lo que condena; aprueben lo que aprueba; ya sea por los Concilios o por los Soberanos Pontífices. En todas las cosas ríndanle pronta obediencia." Estaba ansioso de ir a Roma a postrarse a los pies del Papa y pedirle su bendición para el instituto. Sin embargo, incapaz de ir él mismo, envió al hermano Gabriel Drolin a establecer allí una escuela en 1700. Inclusive el consuelo de ver su regla aprobada por la Santa Sede le fue negado, porque ya tenía casi seis años de haber muerto cuando, el 26 de febrero de 1725, Benedicto XIII, por bula "In apostolicae dignitatis solio," puso el sello de aprobación al instituto, dando a los miembros el poder de enseñar y explicar la doctrina cristiana y constituir una congregación religiosa.
Los últimos años de de la Salle pasaron en retiro en Saint-Yon. Allí revisó la regla antes de dársela al hermano Barthélemy, el primer superior general. Durante los últimos días de su vida, mostró el mismo espíritu de sacrificio que marcaron sus primeros años. En la Semana Santa de 1719, dio signos indudables de que el final estaba cerca. El Jueves Santo, a petición del hermano Barthélemy, bendijo a los hermanos reunidos junto a su lecho y les dijo sus últimas palabreas de consejo. Sus últimas palabras fueron: "Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo." En la mañana del Viernes Santo, 7 de abril de 1719, entregó su alma al Creador. Fue beatificado el 19 de febrero de 1888 y canonizado por León XIII el 24 de mayo de 1900. En 1950, a causa de su vida, su obra y sus escritos inspirados, recibió el título de Santo Patrono de los que trabajan en el ámbito de la educación. Su fiesta es el 15 de mayo.
Los principales escritos que dejó a sus hijos espirituales son: "Conduite des écoles" (1717), un tratado de método pedagógico, presentando principios fundamentales de manera científica. Es notable que los métodos ahí dados no han cambiado considerablemente desde el tiempo de su autor y que los principios asentados son tan aplicables hoy como lo fueron cuando se escribieron. "Les Règles de la bienséance et de la civilité chrétiennes," es un volumen escrito en 1695 y se usa como un tratado sobre educación y como un texto para la lectura de manuscritos. El estilo es sencillo y directo. Contiene excelentes reglas para buenas maneras. "Les devoirs du chrétien," (1713), una exposición simple y precisa de la doctrina cristiana es notable por su adecuación y por las lecciones prácticas que inculca. Se pretendió que fuera un libro de lectura y un catecismo. Sigue en uso en algunas escuelas y colegios. "Recueil de différents petits traités à Pusage des Frères des Ecoles chrétiennes" (1711) es un tratado notable, estableciendo en términos notablemente sencillos los principios fundamentales de la vida religiosa. Abunda en citas escriturísticas y es una guía valiosa para aquéllos personas que buscan la perfección. "Explication de la méthode d'oraison" (1ª Ed. Impresa 1739). En cuanto a claridad y adaptación, este método de oración mental se adecua perfectamente a las necesidades de los hermanos. Apela a cada grado de capacidad, para que todos puedan encontrar el alimento espiritual para su condición especial y estado de perfección. "Méditations pour le temps de la Retraite" (1730), escrito para los ejercicios del retiro anual y, combinando los principios de la vida espiritual con pedagogía, tiende a promover el apostolado cristiano en la escuela. Estas meditaciones contienen algunos de los mejores principios de pedagogía jamás enunciados. "Méditations pour tous les Dimanches de Panée, avec les Evangiles de tous les Dimanches; Méditations pour les principales fêtes de Panée" (Rouen, 1710), es un epítome de la doctrina espiritual, basado en los Evangelios del año y aplicado a las necesidades de la profesión de enseñan y los principios de la vida religiosa. Este tratado revela la grandeza de de la Salle y lo muestra como un hombre de profunda convicción religiosa. Su lenguaje siempre es simple, directo y vigoroso.
Actualmente, el Instituto se encuentra presente en 85 países, contando con más de 750,000 alumnos y 60,000 colaboradores seglares que trabajan con los hermanos; trabajan prácticamente en todos los países de América Latina. El instituto se divide en regiones y distritos. Ha habido 26 superiores generales a partir del hermano Barthélemy; el superior general actual, es el hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, originario de Costa Rica y electo en el año 2000.
El espíritu de San Juan Bautista de la Salle incluso ha permeado a otras familias religiosas, ya sea dándoles un carácter especial o sugiriendo sus reglas. Así pues, los hermanos de San Gabriel, fundados por el Venerable Grignon de Montfort y M. Deshayes; Los Hermanos de la Instrucción Cristiana de Phöermel, fundados por J. M. de Lamennais en 1816; los hermanos de la Doctrina Cristiana de Nancy, fundados por el padre Fréchard, en 1817; los Pequeños Hermanos de María (maristas), fundados por San Marcelino Champagnat, en 1817; los Hermanos del Sagrado Corazón de Paradis, fundados por el padre Coindre, en 1821; los Hermanos de la Sociedad de María, fundados por el padre Chaminade, en 1817; los Hermanos de la Sagrada Familia, fundados por el hermano Gabriel Taborin, en 1821; la Congregación del Espíritu Santo y el Sagrado Corazón de María, fundada por el padre Liebermann, en 1841; los Hermanos de la Merced, fundados por M. Delamare en 1842; los hermanos Cristianos de Irlanda, fundados por el hermano Ignatius Rice, en 1805; el instituto de Hermanas de las Escuelas Cristianas de la Merced, fundado por la Ven. Julie Postel en 1802 y las Hermanas Guadalupanas de La Salle, fundadas en México por el hermano Juan Fromental Cayroche en 1962 -todas ejemplifican el carácter de su trabajo en las reglas adoptadas, una impresionante similitud con los métodos y objetivos propuestos por San Juan Bautista de la Salle al fundar el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
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