jueves, 23 de octubre de 2014

Ambositra, escuelas en red

Con los pobres de Madagascar
He aquí un precioso documental que nos pone al corriente de algunas obras de los lasalianos en favor de los pobres de Madagascar, más concretamente de la Diócesis de Ambositra, en la región central del país. Destaquemos tanto el compromisos de los propios lasalianos malgaches, en unión con todo un ejército de maestros y demás personas implicadas en diferente campos educativos, como la ONG lasaliana española PROYDE que colabora en la obtención de fondos para los proyectos.

VER VÍDEO

lunes, 20 de octubre de 2014

Carta a Malala, Premio Nobel de la Paz 2014

El Hermano Superior General, Robert Schieler, en nombre de todos los lasalianos del mundo, ha hecho pública una carta abierta a la reciente Premio Nobel de la Paz, Malala Yousafzai.

En ella, el Hermano Robert alude a la presencia lasaliana en el país natal de Malala, Pakistán, al tiempo que muestra su admiración por el valiente ejemplo de Malala frente a los intransigentes.

El Hermano Robert comenta favorablemente algunas de las ideas que se atribuyen a Malala en relación con el poder de la educación y la importancia de hacerla accesible a todas las personas.

El Instituto de La Salle comparte todos esos planteamientos, como lo demuestra su compromiso educativo y escolar cotidiano en tantos lugares de mundo, que ha sido reconocido por algunos premios, como el Premio Noma de la Unesco, concedido para destacar el trabajo lasaliano en el campo de la alfabetización.

En realidad, y desde hace más de tres siglos, los herederos de san Juan Bautista De La Salle compartimos el pensamiento que Malala ha hecho famoso en estos los últimos tiempos. No en vano, como indica el Hermano Superior General, la misión lasaliana podría resumirse en la siguiente expresión: "Educar a niños y jóvenes con un profundo respeto a su cultura, su fe y sus valores sociales".

Un espléndido texto que todo lasaliano tendría que conocer. Lo tenéis AQUÍ.


miércoles, 15 de octubre de 2014

Asociados para el servicio educativo de los pobres

Un aspecto clave de la misión lasaliana, y de la vida lasaliana en general, es la asociación para el servicio educativo de los pobres. Y es que todo está en esa expresión: la educación, los pobres, la entrega generosa y gratuita, la asociación... La misión, la espiritualidad, el estilo de los de La Salle, en definitiva.

Los lasalianos, asociados, juntos, por medio de la educación, brindamos posibilidades ciertas para la construcción de una sociedad distinta, más justa, más evangélica, mejor

Esto no es un capricho de los Hermanos de La Salle actuales; se trata de algo presente en nuestra institución desde los primeros momentos de su ya larga historia. De hecho, es una de las claves importantes para explicar como se debe nuestra vida de seguidores de Juan Bautista De La Salle.

La asociación para el servicio educativo de los pobres es el secreto que compartimos todos los lasalianos. Religiosos, seglares, mujeres, hombres, solteros, casados... nos sentimos identificados con este proyecto educativo de transformación del mundo al que Dios nos convoca, en el que Dios siempre nos pide algo más y nos exige caminar junto a los pobres de la tierra para conseguir juntos la liberación, es decir, algo cercano a lo que Jesús llamaba “el Reino”. Los lasalianos nos asociamos para dar respuestas realistas y eficaces a ese enorme reto de lo alto.


De estas y algunas otras cosas nos hablan los Hermanos del Distrito de Argentina y Paraguay en el vídeo titulado “¿Qué es la asociación para el servicio educativo de los pobres?”, que puedes encontrar AQUÍ.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Un triángulo providencial

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (10)


La aventura místico-escolar de Juan Bautista De La Salle fue, sin duda, sorprendente, para él y para todos cuantos le rodeaban.

Desde muy pronto parecía evidente su opción por entregarse a Dios mediante el sacerdocio, pero casi todos supondrían, seguramente, que ese no era sino el primer paso de una carrera eclesiástica ambicionada, para tratar de encaminarse hacia un nombramiento episcopal... por lo menos. Así se explica la elección, por parte de Juan Bautista y su familia, de san Sulpicio, el seminario más eminente de la época, a pesar de estar situado en París, lejos de la ciudad natal de De La Salle, y su decisión de estudiar teología hasta el doctorado. Es probable que, en efecto, entre otros objetivos, con esta decisión tratase de ganar puntos para ser considerado un digno candidato a la consagración episcopal...

Pero la Providencia juega sus bazas de manera un tanto incomprensible a los ojos de los hombres, como bien explicó el propio De La Salle en un documento autobiográfico: “Aparentemente, Dios, que gobierna todas las cosas con sabiduría y suavidad, y que no acostumbra a forzar la inclinación de los hombres, queriendo comprometerme a que tomara por entero el cuidado de las escuelas, lo hizo de manera totalmente imperceptible y en mucho tiempo; de modo que un compromiso me llevaba a otro, sin haberlo previsto en los comienzos”. Y es que De La Salle entró en el mundo de las escuelas sin apenas darse cuenta, y, cuando lo hizo, estaba ya tan introducido en ese mundillo que le resultaba del todo imposible, o demasiado violento, echarse para atrás.

De cualquier manera, el primer paso  —inopinado, sin duda—  en dirección al compromiso con los pobres tal vez lo diera el propio De La Salle, en colaboración con su familia, al decidir inscribirse en san Sulpicio, porque allí se concentraba un alto potencial de energía tridentina que, entre otros campos, impulsaba con fuerza el compromiso en favor de los pobres, de la catequesis y de las escuelas cristianas. Y, además, hallándose en París, De La Salle trabaría contacto probablemente con otros movimientos que empujaban en ese mismo sentido, como la comunidad de sacerdotes de san Nicolás del Chardonnet o la de los herederos de Vicente de Paúl, sita en san Lázaro. El paso por san Sulpicio duró poco  —menos de dos años—  pero lo suficiente como para abrirle al joven seminarista una amplia ventana a ese universo, en un momento en que, dada la juventud de Juan Bautista, ciertos planteamientos y experiencias tocarían con seguridad fibras muy íntimas en la persona de Juan Bautista y quedarían hondamente grabados en su interior.

Sin  embargo,  la  cosa  no  quedó  ahí.  Cuando, por razones de imperiosa necesidad familiar —murieron sus padres y tuvo que hacerse cargo de la familia—, Juan Bautista regresó a Reims, el soniquete de san Sulpicio fue cobrando intensidad e insistencia, y terminó por aclarar cada vez con mayor nitidez sus contornos, hasta hacerse perfectamente visible en forma de escuelas para pobres y de maestros. De La Salle había sido captado para la causa. ¿Cómo se produjeron estos hechos? Pues por la mediación directa sucesiva de tres personas entusiasmadas con la misión escolar entre los pobres, tres personas que tuvieron encuentros personales, más o menos intensos, con De La Salle, y que tenían un punto de contacto común en la capital de Normandía: Ruan.

Curiosamente, si de Ruan le llegó al joven canónigo De La Salle la más intensa bocanada apostólica de entre las que le empujaron hacia las escuelas cristianas populares, hacia Ruan partiría también Juan Bautista en el último tramo de su vida, a partir de 1705, para terminar instalando en la ciudad normanda la sede principal del Instituto lasaliano, en san Yon, para ser más precisos. Y Ruan sería, asimismo, la capital que acogería el último aliento del santo sacerdote remense cuando devolvió su vida a Dios, un Viernes Santo de 1719.

Así quedaba definitivamente configurado aquel auténtico triángulo providencial que marcó para siempre la vida del ex canónigo de Reims y del Instituto por él fundado. Los vértices de dicho triángulo habría que situarlos en las tres ciudades claves del itinerario lasaliano de los primeros tiempos: Reims, París y Ruan. Veamos quiénes fueron las tres personas, con raíces profundas en Ruan, que ayudaron a lanzar la aventura lasaliana, y cómo se relacionaron, en concreto, con aquel joven de Reims, recién ordenado sacerdote, que se llamaba Juan Bautista De La Salle.

Hermano Josean Villalabeitia


jueves, 2 de octubre de 2014

Sobre el Hermano Victorino

Los lasalianos cubanos guardan en su memoria el recuerdo de un Hermano excepcional, hoy camino de los altares: el Hermano Victorino, francés de origen pero cubano de adopción.

Un blog se hace ahora eco de un libro que recuerda la memoria del santo Hermano La obra, cuyo autor es el también Hermano Alfredo Morales, apareció en la República Dominicana hace un par de décadas y lleva por título "Hermano Victorino: itinerario evangélico".

Además de mostrar su intensa alegría por la recepción y lectura del citado libro, el autor del blog subraya algunas características de lo que fue la vida y testimonio del Hermano Victorino entre nosotros.

Quienes estén interesados en consultar dicho blog lo pueden encontrar AQUÍ.

El libro en cuestión es fácilmente localizable en Internet.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Poner motor a una barca

El Hermano Fermín Gainza falleció en su Argentina natal hace ahora hace tres años y medio, a la venerable edad de 91 años. Hombre de fe profunda y lasaliano convencido, el Hermano Fermín se dedicó durante largos años, entre otros empleos menos significativos, a la formación de Hermanos; como director del noviciado de su tierra natal primero, y por toda Latinoamérica, e incluso Roma, después.

El Hermano Fermín destacó como poeta, escultor y sobre todo, pintor. De esta última faceta se proponen en esta misma página varias muestras, de las innumerables que se podrían aportar.

Sin embargo, aquí nos vamos a centrar, más bien, en su faceta de poeta. Deseamos destacar, en concreto, una polémica, que no resolveremos en absoluto, por supuesto, pero de la que queremos que quede constancia. Una constancia que, por otra parte, es muy conocida entre sus amigos y personas más cercanas.

Porque, en efecto, circula por ahí, en publicaciones y folletos  -también profusamente en internet-  un bello poema titulado “Educar”. En lo que a su autor respecta, lo habitual es ver indicado que se trata del conocido poeta vasco Gabriel Celaya (1911-1991), un nombre que, ciertamente, dignifica la innegable categoría literaria de los versos, empapados de una extraña capacidad evocadora, así como de hermosas imágenes y metáforas referidas a la educación.

Amigos del Hermano Fermín Gainza y buenos conocedores de su obra, por el contrario, niegan que esa poesía sea de Gabriel Celaya e insisten en atribuir su autoría al Hermano Fermín. Y este sería el objetivo primordial del presente post: dejar bien sentado que, de acuerdo con diferentes indicios, el autor del poema “Educar”  -que proponemos al final de estas líneas-  podría ser el Hermano Fermín Gainza.

Objetivamente, tal vez, parecería que atribuir el poema a nuestro Hermano le quitaría un poco del lustre literario que siempre aporta a cualquier texto una firma famosa. Pero quienes conocieron al Hermano Fermín, quienes saben de la excelsa calidad humana, cristiana y lasaliana que atesoraba su persona, no tienen ninguna duda en asegurar que poner la firma del Hermano Fermín al pie del poema “Educar” supone cargarlo de un impresionante plus de profundidad existencial, confianza en la educación y excelencia humana, cristiana y lasaliana, que en nada desdice de la calidad literaria de sus versos.

A falta de prueba más concluyentes, para los lasalianos de todas partes el poema “Educar” es, pues, una obra lasaliana que debemos atribuir al genio poético del Hermano Fermín Gainza.

Sírvanos, en primer lugar, la lectura del poema “Educar” para traer a nuestra memoria el recuerdo del Hermano Fermín Gainza. Y a continuación, a modo de disfrute de la poesía del Hermano Fermín, y también para poder comparar, en cierta medida, los estilos de ambos poemas, proponemos un segundo poema del que estamos seguros que nació de la mano y el alma del Hermano Fermín, porque apareció manuscrito entre sus objetos personales después de su muerte, y que se podría titular “Los tres ejes de nuestra vida”.


Educar

Educar es lo mismo
que poner motor a una barca;
hay que medir, pesar, equilibrar,
y poner todo en marcha.

Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata,
un poco de poeta,
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que esa barca,
ese niño
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes,
hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá nuestra bandera
enarbolada.


Los tres ejes de nuestra vida

Quiero explicarte, Hermano,
amigo,
compañero,
cómo enfoca La Salle nuestra obra.

Él dice simplemente
que la historia salvadora
se realiza aquí
y ahora.

1. Que Dios está operando desde el alba
en nuestra cosa.
Que su mano divina
“toca
el corazón” de los Hermanos de que ellos a su impulso
se abandonan
en la fe
a la ola
del Espíritu Santo que los lleva
a poner sin demora
los dones que Él les da
en obra.

2. Que Cristo los envía
a encarnarse en la ronda
de los pobres que esperan y en su lengua
anunciarles la aurora
de la Buena Noticia
que transforma
su vida y la abre a la esperanza
redentora.

3. Que el Espíritu Santo los reúne
en la fraternidad educadora
donde se evangelizan mutuamente
para ser, por su presencia sola,
frente a los jóvenes,
testigos evangélicos
que los entroncan
en la Iglesia
para seguir y culminar la historia.


lunes, 1 de septiembre de 2014

Carlos Démia, conclusión

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (9)

Dos rasgos son, fundamentalmente, los que han colocado a Carlos Démia en un lugar destacado de la historia de la educación; a saber, su visión del interés social de la escuela y su faceta de organizador escolar de amplias miras. Desde el punto de vista específicamente pedagógico, sus aportaciones apenas tienen interés.

En cuestiones propiamente didácticas y de estructuración de la vida escolar, Démia se limitó a seguir las indicaciones del libro de La escuela parroquial, con algunos leves retoques apenas significativos[1]. Lo único un tanto peculiar quizás, destinado sobre todo a las chicas, fue su interés por introducir en la escuela el trabajo manual, hasta el punto de haber creado lo que hoy llamaríamos una escuela profesional femenina, dirigida por señoras, en las que, además de la lectura y la escritura, el trabajo manual tenía una importante presencia en el horario. En ella, los productos confeccionados  —sobre todo cuestiones de bordado y costura—  quedaban en propiedad de las alumnas.

Es indiscutible que Démia y De La Salle hacen un análisis muy similar de la realidad social y de los posibles beneficios que puede introducir en ella una escuela bien montada[2]. De cualquier manera, como ya se ha señalado, es evidente que De La Salle no carga tanto las tintas de la crítica social a la hora de juzgar a los padres, por ejemplo, o de pintar las consecuencias que para la sociedad tiene la miseria, cuando se junta con la ignorancia. Posiblemente Démia veía la conveniencia de las escuelas sobre todo desde el punto de vista de la ciudad y su economía, que necesitaba obreros bien preparados y no vagabundos que no tuvieran nada útil que aportar; quizás por eso se volvía tan crudo en sus descripciones y críticas sociales...

De La Salle, por el contrario, manejaría una visión diferente: su interés fundamental sería, más bien, sacar a aquellas gentes de su miseria humana y cristiana, y, para conseguirlo, la escuela y el trabajo consecuente le parecían una vía espléndida. Por ello, Juan Bautista apostaba por preparar en las escuelas a los chicos de modo que después pudieran encontrar trabajo con facilidad y se libraran con ello de la condena social a que su origen pobre les abocaba de antemano. Era, por tanto, una visión más moral y escatológica, que puramente económica o de organización social. Por ello, para plantear estos temas, De La Salle no se fijaba tanto en los desastres sociales, y sí bastante más en los morales. Los padres, por ejemplo; es cierto que no se ocupan de sus hijos como debieran; pero no hay asomo de crítica por parte de De La Salle hacia su comportamiento. Están, sencillamente, demasiado ocupados en asegurar la vida de su familia y, aunque quisieran catequizar a sus hijos, no sabrían cómo hacerlo, porque no estaban formados y carecían de dinero. De La Salle los descarga así de casi toda su responsabilidad.

Además de sus planteamientos sociales, inquietud común en ambos renovadores escolares es también la necesidad ineludible de formar profesionalmente a los maestros si se pretende que la escuela pueda dar el ambicioso fruto que de ella se espera. Sin embargo, con rozarse tangencialmente en algunos aspectos  —organización de centros de formación para maestros, creación de lazos entre los maestros, retiros y conferencias, etc.—, la solución concreta que cada uno dará a su inquietud es diferente.

Vista la respuesta obtenida de los jóvenes seminaristas, y algunas opiniones que hemos conocido más arriba, está por ver si Démia no se arrepintió al final de haber apostado por los jóvenes candidatos al sacerdocio como cantera de maestros para sus escuelas populares. Y es que, como en tantos otros casos, también las Hermanas de san Carlos demostraron con obras que era mucho más fácil encontrar maestras fieles al ministerio, y que el trabajo con ellas era, además, mucho más fructífero, que hallar hombres dispuestos a dedicarse de por vida al ingrato deber de la escuela, abandonando con ello otras perspectivas sencillas de alcanzar para gente de estudios, como ellos, y mucho más beneficiosas desde tantos puntos de vista.

Hermano Josean Villalabeitia



[1] Démia propuso para sus escuelas una ortografía del francés que simplificaba mucho su escritura: suprimir las letras que no se pronuncian, reducir las letras repetidas a una sola, simplificar los signos de origen griego, como la ‘th’ o la ‘ph’, escribiendo en su lugar ‘t’ o ‘f’, sustituir la ‘y’ por ‘i’... Lo único que se terminó aceptando es la sustitución de algunas ‘s’ en el interior de las palabras por un acento circunflejo. Démia no tuvo éxito en su intento a pesar de que hoy, al menos a los no franceses, su propuesta no nos parece tan mala idea...
[2] Existen algunas coincidencias más, incluidas referencias directas comunes a una carta de san Jerónimo y a la figura del canciller Gerson, con idénticas aplicaciones prácticas. Resulta, pues, innegable que De La Salle conocía los escritos de Démia.