martes, 11 de agosto de 2015

Nicolás Roland: últimos detalles lasalianos

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (20)

Un par de obras solamente nos quedan de la producción escrita del beato Nicolás Roland: una conferencia, de las muchas que tuvo que impartir como canónigo teologal de Reims que fue, y un librito dirigido a las religiosas que él fundara, titulado "Pequeño tratado de las virtudes que son necesarias a las Hermanas del Niño Jesús".

Sin embargo, su obra más interesante quizás sea un libro póstumo, titulado "Avisos dados por el difunto Nicolás Roland, teologal de Reims, para el comportamiento de las personas que siguen una regla", comúnmente conocida como los "Avisos"

Esta obra fue publicada en 1686, es decir, ocho años después de la muerte de Roland. Al parecer, sus hijas espirituales conservaban apuntes de sus conferencias y recordaban, por haberlas copiado o, incluso, de memoria, numerosas máximas salidas de la boca de su fundador. Alguien tuvo la feliz idea de recogerlo todo en un solo folleto y luego darlo a la imprenta.

Lo curioso es que, si hacemos caso a lo que sugiere el Hermano León María Aroz[1], hay ciertos indicios que parecen apuntar a que el encargado de llevar a cabo esa labor de recopilación de materiales y preparación de la publicación fue, precisamente, Juan Bautista De La Salle. Nada extraño, por otra parte, si tenemos en cuenta los vínculos de amistad, confianza e intimidad espiritual que unieron a ambas figuras cuando el canónigo teologal aún vivía, y la exquisita preparación teológica del amigo de Roland. Quién sabe...

Digamos, para concluir, que las Hermanas del Niño Jesús consideran a san Juan Bautista De La Salle como su cofundador. De hecho, en la capilla de su Casa Madre, en la calle Barbâtre, de Reims, conservan una bella estatua de De La Salle, mientras que en el Archivo de la Congregación de las Hermanas se pueden admirar numerosos recuerdos del también fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.



[1] Cahiers Lasalliens, nº 38.

sábado, 1 de agosto de 2015

Nicolás Roland versus De La Salle

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (19)

Por lo que respecta a De La Salle, sus biógrafos apuntan que fue “al lado de Roland donde adquirió todo el celo que manifestó para contribuir a la educación de la juventud”. Los historiadores añaden, además, que fue a través de Roland, o gracias a él, como De La Salle conoció el movimiento escolar y sus principales realizaciones en París, Lyon y Ruan. Por otra parte, sus cinco años de intensa relación espiritual seguro que hicieron que algunos de los planteamientos de Roland tomasen cuerpo en su joven dirigido y diesen fruto abundante en él. El hecho de que, en vísperas de fallecer, Nicolás Roland encagara a su dirigido espiritual De La Salle de concluir las gestiones para el reconocimiento oficial de las Hermanas del Niño Jesús no puede significar otra cosa que entre ambos se había establecido una relación de estima y confianza.

Es siempre complicado rastrear los vericuetos que sigue la Providencia para encaminar a sus elegidos por sus misteriosos senderos, pero en el caso de De La Salle no hay duda de que estas gestiones para el reconocimiento oficial de las Hermanas fundadas por Roland prepararon al canónigo De La Salle para dar una respuesta apropiada a las invitaciones relacionadas con las escuelas gratuitas que le traía Adrián Nyel desde Ruan. Su rápida opción por dirigirse a los párrocos y dedicarse a las escuelas de caridad tendría mucho que ver, precisamente, con las dificultades encontradas en las altas instancias diocesanas para reconocer a las Hermanas. Llegando a acuerdos con los párrocos y evitando estructurar demasiado una nueva institución de maestros esperaba sortear muchas de estas dificultades.

La invitación a recordar a menudo la presencia de Dios, los sostenes de la comunidad, tocar o mover los corazones, procurar la gloria de Dios, ardiente celo apostólico… son expresiones que coinciden de manera idéntica en Roland y en De La Salle. Ambos manejan con mucha soltura la palabra de Dios, y a ambos les gusta de manera particular citar a san Pablo.

La opción de Roland por la gratuidad  —“me dedicaré a formar a maestras de escuela que enseñen gratuitamente”—, por los más pobres, son decisiones que le acercan mucho a De La Salle, incluso en el tenor literal de algunos de sus escritos: “Tanto entre las huérfanas como entre las escolares, preferid siempre las más deformes, las que tengan discapacidades, las ingratas y las menos agradables para hacerles partícipes de vuestras caricias y servicios”.

Su afán por dirigirse a las niñas de manera sencilla, empleando términos y expresiones que ellas puedan captar con facilidad, poniéndose a su nivel expresivo, son preocupaciones que nos recuerdan a algunos textos que más tarde escribirá De La Salle. He aquí un texto de Roland que trata de estas cuestiones: “Hay que anunciar a estas jóvenes las verdades del Evangelio no con palabras estudiadas […] sino de una manera tan sencilla que todas las palabras que les digamos sean claras y fáciles de comprender”.


Hay, con todo, una diferencia importante entre la primitiva concepción lasaliana del catecismo y de las escuelas cristianas y la que sobre estos asuntos sostenía Roland. Porque, en efecto, este, en uno de sus escritos, afirmará  —dirigiéndose a sus Hermanas—  que “por encima de cualquier otra cosa no olvidéis dedicaros todos los días a la instrucción cristiana, ya que únicamente para ello he instituido las clases y he introducido en ellas las lecciones de escritura y cálculo; porque si el catecismo se pudiera llevar a cabo sin la organización escolar, lo habría hecho”. De La Salle era de una opinión muy diferente; para él el lugar ideal del catecismo era la escuela, perfectamente imbricado con el resto de las actividades escolares, y hasta injertado en ellas, contando con la figura clave de un maestro cristiano ejemplar al frente de todo. Así se lo indica al Hermano Gabriel Drolin que, en Roma, había comenzado a impartir el catecismo en un templo parroquial: “No me gusta que nuestros Hermanos den el catecismo en la iglesia; con todo, si estuviere prohibido darlo en la escuela, es preferible que lo hagan en la iglesia a no hacerlo”.

Nicolás Roland no fue una figura destacada de aquel movimiento de reforma de la Iglesia, que bullía por todos los rincones de aquella Francia del siglo XVII. Los expertos afirman que su pensamiento apenas ofrece nada de verdaderamente original, mientras que sus inquietudes apostólicas son las de tantos otros cristianos coherentes y generosas de la época. Pero a través de su persona, sin duda, muchas de aquellas inquietudes terminaron pasando al joven De La Salle y se desarrollaron en él con una fecundidad que, probablemente, ni Roland ni siquiera el propio De La Salle  —así lo confiesa al final de su vida—  hubieran imaginado jamás. En palabras de Blain, fue “bajo la dirección de este excelente guía como el Señor De La Salle le tomó el gusto a la instrucción de la juventud. Fue en el celo de este veterano canónigo donde el joven bebió los primeros ardores del suyo por las escuelas cristianas y gratuitas”.


Hermano Josean Villalabeitia  
    

sábado, 18 de julio de 2015

Amen tiernamente a los niños

Una hermosa canción lasaliana, compuesta por el Hermano Abdón Camacho y puesta en imágenes por el Hermano Edgardo Quesada, que constituye un espléndido regalo de vacaciones de La Salle-Panamá.

¡ M I L   G R A C I A S !














Para ver el vídeo pinchar A Q U Í .

Amen tiernamente a los niños,
sean de Dios sus testigos,
muéstrenles su amor.
Pues Dios, que los vio abandonados,
envió a alguien en sus manos
que les diera su protección.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS.

Denles el vigor de un padre,
la ternura de una madre,
llénenles de su amor.
Pues muchos se ven rechazados
y si no es por ustedes
no conocerán el amor.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS.

Formen bien su intelecto,
llenen sus corazones,
descubran su capacidad.
Pues quiso Dios un día llamarlos
y que fueran maestros,
iguales en dignidad.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS.

Alcen a quien desfallezca,
soporten al débil,
afiáncelos en el bien.
Pues siendo capaces de dar
por ellos su vida
demuestran su amor.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS...      



lunes, 22 de junio de 2015

La Salle en Cuba

Sí, en Cuba, país al que los Hermanos de La Salle llegaron en 1905. A pesar de lo que afirma en la entrevista del vídeo el Hermano Osvaldo, cubano, para esas fechas los Hermanos de las Escuelas Cristianas habían llegado ya a varios países latinoamericanos: Ecuador  -el primero, en 1863- Colombia, Chile, Argentina, Nicaragua y Panamá, por este orden. Y aquel mismo año 1905 entrarían por primera vez también en México y Puerto Rico.

Con la revolución castrista  -1959-  los Hermanos tuvieron que abandonar la isla caribeña durante varias décadas, pero desde hace ya unos cuantos años, la obra lasaliana toma fuerza de nuevo en Cuba.


Un vídeo lleno de simpatía, con las palabras de los lasalianos cubanos  -Hermanos, profesores y alumnos- que se mecen en la alegre música cubana, describe lo que es la presencia de La Salle en Cuba en 2015, en sus dos presencias actuales: La Habana y Santiago.

Para ver el vídeo, pinchar A Q U Í .


lunes, 15 de junio de 2015

Nicolás Roland, un apóstol tridentino

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (18)


Terminados sus estudios eclesiásticos, siendo sacerdote y canónigo, el Padre Roland arde en deseos de ser un buen sacerdote y de dedicarse de lleno a la misión. Para ello, visitará con asiduidad las experiencia parisinas de San Nicolás del Chardonnet  —a cuya comunidad perteneció su padrino Mateo Beuvelet—, San Sulpicio y San Lázaro, la sede de los seguidores de Vicente de Paúl; se irá así impregnando de la inspiración de las personalidades más brillantes de la Iglesia de su tiempo: Bérulle, Vicente de Paúl, Olier, Bourdoise...

También se desplazará a Ruan, donde conoce en profundidad a Nicolás Barré y su apostolado en las escuelas. De Ruan, precisamente, del entorno del Padre Barré más en concreto, llegarán a Reims quienes serían las dos primeras Hermanas del Niño Jesús, sociedad fundada por Roland para servicio de las escuelas gratuitas para niñas pobres. Estas discípulas del Padre Barré ayudarán a Roland a lanzar su Instituto y a formar a las primeras Hermanas del Niño Jesús[1]. Se sabe también que Roland conocía las Remontrances de Démia, publicadas en 1668. En suma, se puede afirmar, sin exagerar, que en la persona de Roland confluían las grandes corrientes de la reforma católica del siglo XVII en Francia, en especial las que, en aquellos tiempos, se dedicaban, sobre todo en el norte, a la educación y a la evangelización de la juventud popular[2].

Como consecuencia de estos múltiples contactos espirituales y apostólicos, se iniciará una segunda conversión en Roland: ponerse al servicio entusiasta y generoso de los pobres. Así surgirá su interés por fundar escuelas gratuitas para niñas. Según el propio Roland dejó escrito, “hay que cambiar de estilo y predicar más apostólicamente; y, como el pueblo y las grandes personas aprovechan poco de los mejores sermones, estoy decidido […] a trabajar por establecer las escuelas gratuitas para la instrucción de las niñas”.

Momento trascendental en esta opción es el abandono de su casa familiar para irse a vivir a una casa más sencilla. Y es que se le hacía imprescindible alejarse de su opulento ambiente burgués  —con ruidoso escándalo por parte de su familia y de los dirigentes de la iglesia local—  para entregarse de lleno a las niñas pobres. Y también, para poder acoger en ella a algunos sacerdotes, tal como deseaba, y convertir así su casa en una especie de seminario de excelencia sacerdotal, al modelo tridentino, repitiendo experiencias que había tenido oportunidad de conocer en distintos lugares.

Al mismo tiempo que sus opciones de vida se materializan, su espíritu apostólico va haciéndose cada día más intenso, hasta el punto de que sus compañeros canónigos le acusan con insistencia de descuidar sus deberes en el capítulo catedralicio para dedicarse a la misión. En el fondo, a Roland estas polémicas le interesaban poco, porque tenía una senda bien marcada, que le llevaba lejos de los quehaceres e intereses canonicales. Y es que, según indican sus biógrafos, Nicolás “veía en el avance de la gloria de Dios el culto principal que debía rendirle”. Tal vez por ello, nuestro canónigo teologal recordase con frecuencia a sus Hermanas lo siguiente: “En las fatigas de vuestro empleo no olvidéis nunca que habéis sido llamadas a llevar una vida apostólica y que es necesario que os impregnéis de su espíritu para cumplir dignamente vuestras obligaciones”.


Y es que, además de a sus dirigidos espirituales, nuestro el canónigo teologal había decidido tiempo atrás dedicarse con intensidad a tres actividades fundamentales: 1. la predicación, en la catedral, en el ámbito de sus obligaciones como canónigo, y sobre todo en misiones populares, organizadas por él mismo o por sus amigos, los discípulos de Vicente de Paúl, en las que él colabora con gusto; 2. la formación de los sacerdotes que acoge en su propia casa, por periodos variables de tiempo; entre ellos estará, precisamente, el futuro fundador del seminario diocesano de Reims; 3. sobre todo, la fundación de escuelas gratuitas para niñas y la formación de las Hermanas que las atienden, a las que aconsejará de esta manera: “Cuando se trate de la salvación de las almas no os guardéis nada para vosotras; ellas nunca os costarán tanto como le costaron a Jesucristo y si no podéis entregar como Él vuestra sangre, entregad al menos vuestros sudores en testimonio del amor que tenéis por el divino salvador que tanto ha sufrido por vosotras. Cumplid los trabajos de Dios con ardor y aceptando siempre esa especie de paradoja de que Él pueda servirse de un instrumento tan débil como vosotras para procurar su gloria; aprovisionaos a menudo de espíritu apostólico para llevar con eficacia la Palabra de Dios a las almas, tratad más de mover sus corazones que de contentar a los espíritus, recurrid más a la oración y a los sufrimientos que a otras argucias”. La fundación y progresivo afianzamiento de sus Hermanas del Niño Jesús fue, sin duda, la gran pasión apostólica de su vida.

Nicolás Roland falleció en 1678, pocos días después de la ordenación sacerdotal de De La Salle, su dirigido espiritual, colega de cabildo catedralicio y ejecutor testamentario. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1994.

Hermano Josean Villalabeitia





[1] Oficialmente fundadas en 1671, se sabe que en 1674 eran ya diez y dirigían cuatro escuelas para niñas en Reims. Contaban con el potente apoyo del arzobispo remense.
[2] En realidad, parece que Roland comenzó acogiendo en su casa a huérfanas o niñas abandonadas por sus padres. Solo después de conocer la obra de Barré, en Ruan, y Démia, en Lyon, se animará a hacer evolucionar su fundación hacia las escuelas para niñas pobres, con un interés particular por la formación de las maestras que se ocuparían de ellas, que serán las futuras Hermanas del Niño Jesús.

martes, 26 de mayo de 2015

La Salle con los niños de la calle de Abiyán

Hogar Akwaba, de Abiyán (Costa de Marfil)


UN FUTURO DE DIGNIDAD 
PARA LOS NIÑOS DE LA CALLE

África no se asoma demasiado a los medios de comunicación occidentales. Y, si lo hace, suele ser para presentar paisajes, tradiciones ancestrales o comportamientos que por su exotismo, colorido o rareza atraen la curiosidad del espectador sensacionalista, cuando no son noticias de guerras u otras catástrofes cuyas dramáticas consecuencias impresionan por todas partes.

Existen, no obstante, realidades africanas muy crudas que rara vez saltan a las portadas de nuestros periódicos, porque parecen no adornarse con el patetismo imprescindible para resultar atractivas. Pero no por ello dejan de constituir auténticas heridas abiertas por las que las sociedades africanas sangran sin cesar y van perdiendo jirones de su porvenir y su esperanza.

Un hogar para niños de la calle.- Uno de estos ignorados problemas de África es el de los llamados “niños de la calle”, circunscrito a ciudades más bien grandes, que, de acuerdo con los datos más recientes, no hace más que crecer. Hasta hace poco se trataba de un fenómeno exclusivamente masculino, pero entre ellos se ven cada vez más chicas.

Al mismo tiempo que los niños de la calle aumentan, distintas personas e instituciones, fieles a su vocación de socorrer a los más necesitados, se lanzan sin contemplaciones al encuentro de estos menores en dificultad para tratar de aliviar de su deplorable situación.

Una de estas instituciones es el “Hogar Akwaba”, de Abiyán (Costa de Marfil), dirigido por los Hermanos de La Salle, que atiende a una cincuentena de niños de entre 8 y 15 años, llegados directamente de la calle, la policía o algún otro organismo implicado en esos asuntos. Una minúscula gota de agua en el inmenso océano de necesidad que constituyen los alrededor de 30.000 niños de la calle que se calcula viven en la metrópoli marfileña, pero una gota que, de no estar allí, se echaría en falta.

La palabra “akwaba”, en lengua local, significa “bienvenido”, toda una declaración de intenciones sobre lo que desde el primer instante quiere ser el Hogar para cuantos se acogen a él: cariño y atención personal, comida sana y abundante, atención médica cuidadosa, deporte, ocio, educación especializada, camaradería, tareas domésticas para colaborar en el mantenimiento de la casa limpia y los jardines en condiciones... con un insistente acento en el aseo personal y la correcta vestimenta en todo momento...

Un hogar, en definitiva, donde todos puedan sentirse a gusto y disfrutar de su amplia cuota de dignidad y respeto; todo lo contrario de lo que habitualmente sucede en los círculos de los que proceden. Con todo, la ocasional huida de algún chico, para reintegrarse a sus antiguas cuadrillas callejeras, invita a no idealizar en exceso la vida cotidiana del Centro, al menos desde los criterios de algunos internos.

El Hogar lo atienden tres Hermanos de La Salle  –dos españoles y un burkinés–  apoyados por seis monitores locales y una pequeña nube de voluntarios, la mayor parte de ellos jóvenes religiosos en formación, de ambos sexos, que complementan sus estudios teóricos de pedagogía, trabajo social, enfermería, pastoral, etc., con el acompañamiento de los chicos del Centro y la animación de actividades para ellos y con ellos.

Aunque tampoco conviene llevarse a engaño: el objetivo esencial del Centro no es hacer que los internos se sientan a gusto en él, sino encontrar a sus familias y disponerlo todo para que los chicos puedan retornar cuanto antes a ellas, en las mejores condiciones. El buen ambiente en el Hogar es un medio imprescindible para cumplir adecuadamente sus metas, pero no el fin primordial.

                En busca de la familia.- Cuando un niño llega a Akwaba lo primero es ocuparse de su persona y de su dignidad: lavarlo, vestirlo, curarlo, darle de comer y buscarle unos compañeros que le ayuden a integrarse cuanto antes en la rutina del Centro, cosa más complicada de lo que a primera vista podría parecer.

Pero cuando estos primeros auxilios urgentes han sido adecuadamente cumplimentados comienza una tarea no menos delicada: conocer las circunstancias por las que ese niño ha terminado en la calle, empezar a comprender cómo valora su situación y obtener datos para localizar a su familia. Dará así inicio un proceso de indagación, a veces lejos de la ciudad, con visitas a la familia cuando ha sido localizada y reiteradas invitaciones a que pase periódicamente por el Centro para conocer mejor al chico, dialogar con el equipo responsable de Akwaba e ir madurando la decisión de acoger de nuevo a su hijo en casa. Una mediación en toda regla, entre el chico y su familia, que nunca resulta sencilla.

A veces los propios chicos entorpecen la progresión de este proceso al no colaborar en las pesquisas, desviar las pistas o estropear los contactos una vez que se han producido. Por parte de las familias tampoco se ve siempre nítido el panorama y suelen iniciar la aproximación con bastantes recelos, lo que no ayuda a que las cosas marchen sobre ruedas precisamente. En ocasiones, por más iniciativas que se intentan, no aparece nadie de la familia; en estos casos una posibilidad interesante puede ser encontrar una familia de acogida. En fin: procesos cuya complejidad tiene una explicación sencilla: las amargas experiencias que han dado con los menores en la calle.

Porque si tratásemos de imaginar qué motivos han podido empujar a esos niños a escapar de casa, fácilmente nos vendrían a la cabeza unos cuantos de peso: la miseria en que vivía su familia, el excesivo trabajo o duro trato al que se veían sometidos... Y estas cuestiones suelen tener su influencia en el problema, por supuesto. Pero los verdaderos motivos, los decisivos, son de otra índole. Es lo que aseguran los propios chicos cuando se les pregunta: “me pegaban”, “murió mi madre y con mi madrastra todo cambió”, “mis padres se separaron”, “no me querían”, “se olvidaron de mí”... Algunos incluso han llegado a ser considerados en su familia como “niños brujos”, causantes de la muerte de algún familiar o de múltiples desgracias. Como consecuencia, sufren un rechazo social angustioso y, si no escapan, pueden ser cruelmente torturados y hasta asesinados.

Como puede apreciarse, se trata siempre de un problema afectivo; los niños se lanzan a la calle como consecuencia de los conflictos conyugales de sus padres, del fallecimiento de la madre, de los golpes y amenazas que reciben en casa, del rechazo o indiferencia de los suyos... A veces su reacción es inmediata: se van justo después de un incidente doloroso; en otras ocasiones el vaso se va llenando poco a poco, hasta que, al final, rebosa y el niño se marcha.

Recomponer una relación tan profundamente marcada por el fracaso afectivo resulta muy complicado; no es extraño, por tanto, que los niños tiendan a rehuir el intento, o lo abandonen en cuanto aparecen los primeros obstáculos. El proceso de reinserción en la familia es, en definitiva, muy arduo. De hecho, algunos niños terminan regresando a la calle poco después de haberse reincorporado a sus familias.

Hay, con todo, chicos que han llegado a las calles como consecuencia de los últimos conflictos bélicos del país o la muerte de sus padres  –con frecuencia a causa del sida, lo que a la desgracia de la orfandad añade el estigma social–. Con ellos, la problemática afectiva suele ser distinta, así como los recursos a los que se puede acudir.

La educación, clave fundamental.- Otro aspecto prioritario en el Hogar Akwaba es la educación, entendida de manera integral, que persigue formar a los muchachos en todos los aspectos de su persona: corporales, intelectuales, sociales, emocionales, culturales, cívicos, morales... Todos juntos, complementándose mutuamente, han de contribuir a hacer de los chicos personas de paz, de justicia, de libertad responsable, de compromiso, de coherencia, de seriedad... Artífices activos de un mundo muy distinto del que ellos mejor conocen por haberlo frecuentado intensamente. Tanto la organización del Centro, con sus valores, criterios, actividades, reglamentos, etc., como la dedicación y entrega de todos sus educadores están al servicio de este objetivo fundamental.

Más allá de la experiencia cotidiana de convivir en armonía, bajo criterios comúnmente aceptados, un instrumento específico para cultivar con denuedo muchos de estos valores es la escuela, que en el Hogar Akwaba se organiza en dos estructuras diferentes. Por un lado, una escuela llamada “de base”, con contenidos muy elementales y metodologías apropiadas, que tiene su sede en el propio Centro. A ella acuden tanto los chicos del Hogar cuya asistencia se juzga conveniente como otros escolares de diversas escuelas de la ciudad con serias dificultades para seguir el ritmo normal de las clases; en la escuela de base de Akwaba encuentran todos la posibilidad de recibir una atención adaptada a su poca capacidad, o a su deficiente escolarización. En abril de 2014, esta escuela de base del Centro acogía a 44 niños del propio Hogar y a 70 externos  –88 chicos y 26 chicas en total–  distribuidos en varios niveles.

No faltan chicos que son capaces de seguir los cursos normales de las escuelas; algunos de ellos destacan incluso por sus buenos resultados. En este caso, se les busca un puesto escolar adecuado y se sigue con atención su evolución en él. Algunos externos de la escuela de base que se recuperan adecuadamente de su situación inicial también pasan a este proceso de normalización escolar, en las mismas condiciones que los internos del Hogar. En abril de 2014 el Hogar Akwaba seguía en la ciudad la marcha escolar de 9 chicos del Centro y 10 externos; de ellos, 3 chicas.

Dificultades en estas actividades escolares se pueden imaginar sin esfuerzo: escaso nivel de estudios y de interés por la escuela, ausencias injustificadas, dejadez de los padres en el seguimiento los chicos, indisciplina, robos, pérdida y destrozo de materiales... Nada que no se pueda combatir con la paciencia, el buen hacer y el compromiso de los maestros.

Para los más mayorcitos, como remate de los esfuerzos escolarizadores anteriores, existe la posibilidad de ingresar como aprendiz en alguno de los talleres colaboradores del Centro, en especialidades como costura, carpintería, mecánica del automóvil, fontanería, etc. Además, para complementar esta formación profesional directa, Akwaba organiza para ellos cursos de alfabetización que tratan de fijar lo mejor posible ciertos aspectos fundamentales de lengua, hablada y escrita, cálculo, cultura general y civismo. La verdad es que este apartado sobrevive a duras penas porque no es fácil encontrar, con realismo, especialidades que entusiasmen a los aprendices, ni profesionales que colaboren de buen grado en aspectos formativos que ni son prioritarios para ellos ni generan beneficios contables inmediatos. Aún así, en 2014 el Centro seguía a dos aprendices de Akwaba y a otros 14 externos, casi todas chicas.

Todo el anterior entramado de herramientas socio-pedagógicas se completa con una serie de actividades más o menos habituales que podríamos agrupar bajo el denominador común de “relación de ayuda”, con el apoyo de algún especialista cuando se ve necesario: escucha activa de los chicos, individualmente o en pequeños grupos; elaboración de un proyecto de vida para cada uno de ellos, que se evalúa y corrige periódicamente; tutorías semanales; análisis detallado de casos concretos; etc.

                Encontrarse con los niños en su ambiente.- Una última actividad fundamental del Hogar Akwaba son las salidas para ir en busca de los chicos de la calle, a los lugares habituales donde ellos se mueven. Pensemos que para estos chavales las calles están llenas de atractivos  –cartas, tabaco, alcohol, drogas, peripecias diversas...–  a los que no es fácil renunciar, como tampoco resulta sencillo dejar de moverse a sus anchas, haciendo en cada momento lo que les venga en gana.

La gran preocupación cotidiana de esos niños suele ser conseguir comida. Para ello, algunos se dedican a la mendicidad; otros prefieren cargar mercancías en tiendas y mercados: a cambio de unas monedillas ofrecen su caja de cartón y, una vez llena, la llevan al coche, que pueden incluso vigilar mientras el “patrón” realiza otras gestiones; no faltan quienes, sencillamente, roban.

A pesar de lo que ellos suelen afirmar, la calle es para estos niños un auténtico infierno, pues a la precariedad de su alimentación cotidiana hay que sumar sus incontables problemas de salud, que las pésimas condiciones de higiene y la dureza de su vida a la intemperie agravan día a día. Para colmo de males, cuando se sienten enfermos prefieren utilizar los medicamentos que encuentran en los puestos al aire libre, de procedencia y estado de conservación más que dudosos, que ningún médico les prescribe. Y es que los hospitales y dispensarios no les merecen confianza, o exigen un dinero del que los niños carecen.

En los círculos de estos menores en dificultad a menudo impera la violencia, como método para solventar conflictos o por simple capricho del más fuerte. También pueden resultar agredidos por bandas organizadas que tratan de obligarlos a desaparecer de ciertos barrios. Al mismo tiempo, la sexualidad precoz y no protegida, que se traduce en violaciones, pedofilia y abusos de todo género, causa estragos entre ellos.

El consumo de drogas más o menos sofisticadas es, asimismo, habitual en la calle, sobre todo entre los más mayores. Estas sustancias inducen en quienes las consumen graves trastornos de comportamiento, que se manifiestan sobre todo en forma de violencia física y agresividad permanente, que ejercen entre ellos mismos o sobre las personas que encuentran por ahí. A veces interviene la policía y entonces, muy a menudo, el remedio  –palizas, cárcel, asesinatos...–  es mucho peor que la enfermedad.

Las salidas al encuentro de estos chicos, con su compleja problemática, tienen por objeto echarles una mano en sus dificultades cotidianas, escuchándoles con atención, tratando sus afecciones más corrientes y trasladándolos al hospital cuando se ven casos preocupantes. Y, por supuesto, ofreciéndoles la posibilidad de incorporarse al Hogar Akwaba, u otro de características similares, donde sus males tengan un horizonte más esperanzador. Las estadísticas dan cuenta de alrededor de un centenar de chicas y chicos contactados cada mes, de los que solo alguna rara unidad opta por acompañar a los animadores al Centro. Un inconveniente de cada vez más difícil gestión es, por otra parte, la presencia creciente de chicas en las calles, así como la de antiguos internos de Centros como Akwaba, que suelen remar a contracorriente de los objetivos previstos para estas salidas.

Así las cosas, el Hogar Akwaba se ha convertido en un eslabón muy activo de esa extensa cadena de solidaridad que apoya a los menores de Abiyán en grave riesgo de exclusión. Porque el proyecto Akwaba brinda a los niños de la calle la oportunidad de reinsertarse en la sociedad, animándoles a ser protagonistas de su propio desarrollo luchando contra las causas que los marginan y transformando, en definitiva, su sociedad. De esta manera, el Hogar Akwaba participa activamente en esa corriente mundial a favor de la infancia que lanzó Unicef  y a la que se ha sumado Costa de Marfil, cuyo eslogan invita a “Cambiar el mundo con los niños”. Una espléndida síntesis de los ideales del Hogar Akwaba.

                                                                                                          Josean Villalabeitia

Un interesante vídeo sobre lo que es Akwaba, de gran calidad de imagen y 27 minutos de duración, lo podéis encontrar el este enlace: Vídeo "Akwaba, bienvenidos a la vida".