Una poesía lasaliana de autor controvertido
Las estrofas del “¡Oh, buen
Jesús!” han sido entonadas durante muchos años por el pueblo fiel de habla
hispana, pues fue un canto muy popular y muy extendido por nuestras iglesias
españolas y latinoamericanas. Seguro que, aún hoy, se sigue interpretando de
vez en cuando en más de una.
Según se afirma en distintos
lugares desde hace mucho tiempo, el autor de la letra de tan bello himno sería
el santo Hermano Miguel Febres Cordero, aunque las opiniones no se muestran del todo unánimes
a la hora de atribuirle su autoría. ¿Qué podemos decir?
La hermosa poesía “Actos para
antes de la comunión”, título original de la letra del mencionado canto, es de
origen indiscutiblemente lasaliano, aunque su atribución al Hermano Miguel
pueda
ponerse razonablemente en cuestión. Al menos su autoría no debería
sostenerse de modo tan terminante como propone el bello libro “Cartas y poesías
del Hermano Miguel”, que los Hermanos del Ecuador publicaron con ocasión del centenario
de la muerte del Santo Hermano
.
De hecho, distintos indicios y
testimonios muy sólidos de algunos conocidos suyos atribuyen la autoría del
poema al
Hermano Valeriano León, también conocido como
Hermano Valeriano
Benildo
(Juan Sáez Montalbo), nacido en 1879 en Tarancón (Cuenca) -que, como hijo insigne del pueblo, le ha
dedicado recientemente una calle, del mismo modo que hicieran algunos años
antes en Jerez- y fallecido en Griñón,
en 1958. El Hermano Valeriano León fue durante veinte años catequista en el
noviciado de Bujedo, donde también él mismo se había formado, cuando el
monasterio premostratense acababa apenas de pasar a manos de los hijos de De La
Salle. Nuestro Hermano dirigió asimismo, en su momento, la Editorial Bruño, en
Madrid, y una comunidad de Hermanos estudiantes en Zaragoza, a más de su larga
presencia en Jerez, entre otros destinos. También se encargó, durante bastante
tiempo, de llevar adelante las causas de beatificación de los Hermanos mártires
del antiguo Distrito de Madrid. De la
afición y buen hacer literarios del
Hermano Valeriano, además de sus poesías
,
habla la cuarentena de cuentos catequísticos que llegó a publicar en la revista
“Vida y luz”. A veces firmó sus obras mediante seudónimos, como “León” o
“Noel”.
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La “Colección de cánticos
sagrados” en español, de la que el poema “Actos para antes de la comunión” forma
parte desde sus orígenes, fue reunida hacia 1904 por el Hermano belga
Bethervien Léon (1862-1943), que al parecer puso también música a bastantes de
ellos. El libro recogía un amplio abanico de canciones piadosas: no pocas de
ellas nacidas del genio poético y musical de distintos Hermanos; otras
procedían de autores de fuera del Instituto y el resto eran, más que nada, cantos
tradicionales y latinos, casi siempre de autor desconocido.
A causa de los criterios para
publicar sus obras que han utilizado los Hermanos de La Salle hasta bien
entrado el siglo XX, no sabemos quiénes fueron los Hermanos que compusieron
esos cánticos lasalianos, pues todas sus obras han llegado a nosotros de forma completamente
anónima; no así otras, que sí indican con claridad el nombre de su autor o
autores, como hemos comentado más arriba. Sí que se podrían especificar algunos
nombres de Hermanos que participaron en los trabajos de composición del libro,
aunque sin poder precisar casi nada de sus aportaciones concretas. Es el caso
de los tres Hermanos que se citan en el presente artículo.
Por ejemplo, en la edición de
1913 del libro “Colección de cánticos religiosos” todos los cantos lasalianos
van firmados por “H*”, asterisco incluido. En la de 1941 –con
nihil
obstat de 1930– el canto “Actos para
antes de la comunión”
aparece firmado dos veces por “H. E. C.”: una debajo del título, al que seguirá
la partitura, y la otra al final del texto escrito, sin música, que sigue a los
pentagramas iniciales. Al principio de esta última edición
se puede leer lo siguiente: “Hay en la Colección más de sesenta composiciones
musicales completamente inéditas y expresamente compuestas para ser en ella
publicadas. Otro tanto decimos de no pocas de las literarias, que son la mayor
parte de las firmadas por H. E. C.” No
hace falta ser demasiado imaginativo para suponer que tras esas iniciales podría
esconderse la expresión “Hermanos de las Escuelas Cristianas”, sin afinar más
la identidad del autor. En ediciones posteriores del mismo libro se verán
cantos firmados por “H. E. C.”, u otras iniciales comenzadas por “H.” o “H*”,
además de cantos latinos o tradicionales, y de otros autores, letra y música, que
se citan con la inicial de su nombre y apellido completo, además de indicar si
es presbítero o de una congregación religiosa particular. La composición de “Actos
para después de la comunión”, en concreto, se atribuirá siempre a “H. E. C.”, sin
que en ningún lugar de las obras se explique cómo han de interpretarse todos
esos signos y letras. Por otra parte, en el libro “Devocionario de la juventud,
seguido de una colección de cantos”, publicado por Bruño en 1931, aparece
asimismo nuestro canto con el título “Para antes de la comunión”, firmado por
“H. E. C”
.
En definitiva, a partir de las indicaciones de las publicaciones donde fue
editado,
nada podemos saber sobre la identidad del autor de la letra del canto.
A este respecto, es conocido que
al propio Hermano Miguel se le asignó alguna vez el seudónimo “G. M. Bruño”,
presunto autor permanente, durante mucho tiempo, de todos los libros lasalianos
en español. En realidad, como es bien sabido, dicho seudónimo escondía el nombre,
adaptado libremente a la fonética española, del Hermano Gabriel Marie Brunhes, gran
matemático y Superior General del Instituto cuando echaron a andar las primeras
publicaciones escolares lasalianas en España. De hecho, los Hermanos decidieron
en 1909 que, a partir de esa fecha, todos sus libros llevasen como razón social
común “G. M. Bruño”, aunque todavía faltasen varios años para que la Editorial
Bruño quedara oficialmente constituida como tal. Para los no enterados, sin
embargo, de acuerdo con el número ingente de sus publicaciones -y según el chascarrillo bien conocido en
ámbitos lasalianos-, el tal G. M. Bruño no
podía menos que ser un escritor extraordinariamente prolífico...

No ha llegado a nosotros ninguna
copia manuscrita o mecanografiada del poema “Actos para antes de la comunión”,
previa o posterior a su publicación en “Cánticos religiosos”, que lleve la
firma de ninguno de los dos Hermanos en cuestión. Tampoco disponemos de otras
fuentes escritas de la época que confirmen nada, en uno u otro sentido. De ahí el
interés de los testimonios personales, en los que se basa tanto el citado libro
de los Hermanos ecuatorianos para atribuírsela al Hermano Miguel como nosotros,
aquí mismo, para apuntar que su autoría podría corresponder al Hermano
Valeriano León. Pero a partir de estos testimonios contradictorios, y sin más
datos concluyentes, nada se puede deducir de forma demasiado definitiva. Sin
pretender suscitar controversias estériles, y mucho menos hirientes, quede
sencillamente constancia de esas dudas en la autoría del poema, nada gratuitas
por otra parte...
Lo mejor de todo tal vez sea que “¡Oh,
buen Jesús!” es un
texto indiscutiblemente lasaliano, como, incluso, su
división en actos y el tenor de los mismos estarían sugiriendo. En línea con
los escritos de nuestro santo Padre y Fundador, podría añadirse que se trata de
un canto que ha tocado el corazón
del pueblo cristiano durante varias generaciones, y a buen seguro que lo ha
hecho con fruto generoso. ¡Gracias sean dadas al Dios del cielo que reparte
estos dones entre sus hijos y se sirve de ellos para extender y fortalecer la
fe cristiana por el mundo!
Hermano Josean Villalabeitia
Actos para antes de
la comunión
Acto de fe
¡Oh buen Jesús! Yo creo firmemente
que por mi bien estás en el altar,
que das tu cuerpo y sangre juntamente
al alma fiel en celestial manjar.
Acto de humildad
Indigno soy, confieso avergonzado,
de recibir la santa comunión;
Jesús, que ves mi nada y mi pecado,
prepara tú mi pobre corazón.
Acto de contrición
Pequé, Señor: ingrato te he ofendido;
infiel te fui, confieso mi maldad.
Contrito ya, perdón, Señor, te pido;
eres mi Dios, apelo a tu bondad.
Acto de esperanza
Espero en ti, piadoso Jesús mío;
oigo tu voz, que dice: «Ven a mí».
Porque eres fiel, por eso en ti confío;
todo, Señor, espérolo de Ti.
Acto de amor
¡Oh buen Jesús, amable y fino amante!
Mi corazón se abrasa en santo ardor;
si te olvidé, hoy juro que, constante,
he de vivir tan solo de tu amor.
Acto de deseo
Dulce maná y celestial comida,
gozo y salud del que te come bien,
ven sin tardar, mi Dios, mi luz, mi vida;