Si no es la mayor red de universidades del mundo, estará sin duda entre las más extensas.
Me refiero a la red mundial de universidades lasalianas, que se extiende actualmente por cuatro de los cinco continentes continentes, con dos países en concreto que llaman la atención por el gran número de presencia universitarias lasalianas que muestran: México y Filipinas.
Aunque, en realidad, ¿sabes por dónde se encuentran las universidades lasalianas en el mundo?
Echa un vistazo al mapa de arriba y obtendrás algunas respuestas...
viernes, 23 de enero de 2015
viernes, 16 de enero de 2015
Sobre Cuba y el Hermano Victorino
Hoy
presentamos el blog titulado “Bajo las
sombras de las palmas cubanas”. Su subtítulo explica algo de los objetivos
fundamentales que persigue: “Un lugar donde se cita la historia de Cuba con aquellos hombres
y mujeres de Dios que han caminado a la sombra de las palmas reales y han
rezado y amado a Dios y a la Virgen de la Caridad”. Su autor es Manuel Bonet.
Si el citado
blog llega a nuestras páginas dedicadas al mundo lasaliano es por los numerosos
post que dedica a la presencia de los Hermanos
de La Salle en Cuba, y en particular
a la figura del Hermano Victorino,
un lasaliano de origen francés que pasó gran parte de su vida en Cuba y hoy
marcha camino de los altares. En el blog del que hablamos hay muchos datos
sobre él, y sobre otras cuestiones imprescindibles para todo aquel que se
interese por las cuestiones lasalianas y, en general, cristianas relacionadas
con Cuba.
Se trata de
un blog documentado, bien
presentado, con bastantes fotos e interesante lectura.
Quienes deseen consultarlo tienen una puerta de entrada AQUÍ, y, a partir de esa página pueden explorar con
facilidad todos los contenidos del blog.
jueves, 8 de enero de 2015
La obra de Barré se desarrolla
Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (13)
Tras
su éxito con las mujeres, Barré intentó calcar el modelo femenino, aplicándolo
a la letra a hombres, que serían maestros de escuelas de chicos[1].
Para ello, ya antes de 1670 había abierto una escuela para niños pobres en
Darnétal, a la que siguió alguna otra; y en 1674 abrió un seminario para la
formación de los maestros a ellas destinados. La suerte no le acompañó en su
apuesta por los varones, porque, como afirma Blain, “si pareció al principio
que daba fruto, este fue efímero. Los maestros, o no adquirieron nunca el
espíritu de su vocación, o no tardaron en perderlo”. El diagnóstico del
biógrafo lasaliano sobre esta fundación masculina de Barré no ofrece dudas: “La
realidad es que el piadoso Mínimo […] más de una vez intentó la fundación de
escuelas de niños, pero sin éxito, pues ese talento no se le había confiado”.
Una
vez que sus primeras escuelas para niñas pobres funcionan con cierta normalidad
en Ruan, el Padre Barré cree que ha llegado el momento de reunir a las maestras
en comunidad, para estructurar mejor su jornada y cuidar su formación
espiritual y profesional. De ese modo, se mejorará, sin duda, la calidad del
servicio educativo y, al mismo tiempo, las maestras tendrán más oportunidades
de apoyarse mutuamente y crecer como personas, desde todos los puntos de vista.
Así
las cosas, la primera comunidad de maestras del Padre Barré surgirá en 1666, y
el primer seminario para su formación quedará inaugurado al año siguiente. Se
trata del primer centro conocido dedicado específicamente a la formación de
profesionales de la educación. Por esas mismas fechas Démia hace públicas sus Remontrances que, según parece, llegaron
pronto a poder del Mínimo y le animaron a trabajar con más ahínco si cabe en la
implantación de sus escuelas y maestras.
Para
estructurar la institución de sus maestras, Barré sigue, en parte, el modelo de
San Vicente de Paúl, que trató de organizar un grupo ‘secular’ de mujeres,
pues, si las convertía en monjas, el derecho eclesiástico de la época las hubiera
recluido en clausura. Así, además de atender a las escuelas y al catecismo, las
maestras de Barré “vivirán en comunidad, sin hacer votos ni guardar clausura,
bajo la guía del superior o de la superiora”. Deberán llevar una vida piadosa y
del todo entregada al apostolado escolar. Esta institución de maestras del Padre
Barré adoptó el nombre oficial de ‘Hermanas de la Providencia ’, o ‘del
Santo Niño Jesús’. “El espíritu del Instituto del Santo Niño Jesús es enseñar
al prójimo de su sexo los elementos esenciales de la doctrina cristiana. Lo
hacen de una manera apostólica y con el espíritu de desinterés que impulsó a
los apóstoles a instruir a todo el mundo”.
Tras
su éxito con las mujeres, Barré intentó calcar el modelo femenino, aplicándolo
a la letra a hombres, que serían maestros de escuelas de chicos[1].
Para ello, ya antes de 1670 había abierto una escuela para niños pobres en
Darnétal, a la que siguió alguna otra; y en 1674 abrió un seminario para la
formación de los maestros a ellas destinados. La suerte no le acompañó en su
apuesta por los varones, porque, como afirma Blain, “si pareció al principio
que daba fruto, este fue efímero. Los maestros, o no adquirieron nunca el
espíritu de su vocación, o no tardaron en perderlo”. El diagnóstico del
biógrafo lasaliano sobre esta fundación masculina de Barré no ofrece dudas: “La
realidad es que el piadoso Mínimo […] más de una vez intentó la fundación de
escuelas de niños, pero sin éxito, pues ese talento no se le había confiado”.
Trece
años después de comenzar su aventura escolar en Ruan, en 1675, el Padre Barré
es enviado de nuevo a París, a su viejo conocido convento de la plaza Royal,
para recuperar sus actividades de profesor de teología, a las que unirá su ya
bien ganada fama de director espiritual y maestro de almas. Aunque la
institución y las escuelas fundadas en Ruan continúan su proceso de
consolidación y extensión a otros lugares, apenas llega a París, Barré repetirá
exactamente los pasos que dio en Ruan: fundación de escuelas femeninas y
constitución de una institución secular para las maestras, primero; y, poco más
tarde, apertura de alguna escuela masculina con maestros. El resultado es
idéntico: éxito para las mujeres y fracaso rotundo con los hombres[2].
Las
maestras parisinas de Barré fueron iniciadas en la vida institucional por una
Hermana expresamente llegada de Ruan con dicho objetivo. En París recibirán el
nombre de Hermanas del Niño Jesús, o sencillamente, Hermanas de san Mauro, pues
fue en la calle así conocida donde se estableció, en 1678, el primer seminario
para maestras; en realidad, un auténtico noviciado. Del éxito de las Hermanas
del Padre Barré en París puede dar cuenta el hecho de que a la llegada de los
Hermanos de La Salle
a la parisina parroquia de san Sulpicio, unos trece años después de la
fundación de las Hermanas de Barré en París, estas dirigían ya, tan solo en
dicha parroquia, ¡ocho escuelas para niñas pobres!
El
Padre Barré falleció en 1686, con la indiscutible fama de haber sido uno de los
más importantes promotores de escuelas para pobres del norte de Francia. Fue
declarado beato por el papa Juan Pablo II en 1999.
Hermano Josean Villalabeitia
[1] De
hecho, en los Estatutos y reglamentos
redactados por el propio Barré en 1677, se habla a menudo de ‘maestros y
maestras’, de ‘superior o superiora’, de ‘Hermanos y Hermanas’ y de ‘niños’ en
general; aunque a veces los textos van exclusivamente en femenino. Según se
indica en la introducción al texto, “este manuscrito revela un deseo de unir en
una misma misión y en un mismo espíritu Hermanos, Hermanas y miembros laicos
asociados, cada uno según su vocación propia y su papel específico”. Al propio
Blain le gusta escribir ‘Hermanos y Hermanas de las Escuelas Cristianas’, o
‘Hermanos y Hermanas de las Escuelas de caridad’.
[2] Se
sabe que en 1686 los maestros de Barré eran únicamente dos. En 1697 se promete
enviar uno a la abadesa de Fontevrault, pero esta nunca llegó a recibirlo. A
partir de esa fecha no hay ninguna noticia sobre los maestros fundados por el Padre
Barré. En algún momento de su llegada a París, a los Hermanos de las Escuelas
Cristianas se les confundió con los Hermanos de Barré, llegándoles incluso a
llamar Hermanos del Niño Jesús.
viernes, 26 de diciembre de 2014
¡Viva Jesús en nuestros corazones!
Acaba de ver la luz un documento que explica algunos detalles de la historia de esta expresión tan querida por los lasalianos. Su lectura aclara bien algunas cuestiones...
Quienes estén interesados en leerlo lo tienen AQUÍ.
domingo, 21 de diciembre de 2014
lunes, 15 de diciembre de 2014
¡Acordémonos!
Acordémonos
de que estamos en la santa presencia de Dios
¡ADORÉMOSLE!
Una expresión muy querida por todos los lasalianos, corazón de su espiritualidad.
Un clásico de nuestra familia, completado e interpretado por un grupo musical de gran sensibilidad.
Para no perdérselo...
Para ver y oír el vídeo, pinchar aquí.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Nicolás Barré (1621-1686)
Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (12)
Nicolás Barré nació en Amiens en 1621. Estudió con los jesuitas de su ciudad natal, destacando por sus dotes intelectuales y también —cosa curiosa— por su habilidad manual. Atraído por la vida religiosa, decidió ingresar, no con sus preclaros maestros ignacianos, sino enla Orden de los Mínimos[1],
que por aquel tiempo tenían prestigio como penitentes, contemplativos,
predicadores, estudiosos y apóstoles. De hecho, el joven Barré se formará en el
reputado convento que su Orden tenía en la plaza Royal de París, llegando a ser
allí profesor de teología y, más tarde, también bibliotecario. Se dice que fue
uno de los primeros en inscribirse en la asociación de oración por la catequesis
que organizó el Padre Bourdoise en san Nicolás del Chardonnet. En estos años
parisinos de dedicación al estudio, el Padre Nicolás predica con frecuencia a
los laicos terciarios de su Orden, a los que les suele inculcar una
preocupación caritativa por los pobres, invitándoles a hacer algo en su favor.
Nos hallamos, pues, en un medioambiente espiritual y apostólico típicamente
tridentino.
Como
organización concreta de las escuelas, las maestras de Barré seguirán, con
cierta libertad —mejorándolas, sin duda[4]—,
las indicaciones de La escuela parroquial,
a las que incorporarán el trabajo manual, de la misma manera que acabaría
proponiendo Carlos Démia en Lyon. Atención particular se prestará a los
horarios, con una reglamentación escrupulosa del tiempo escolar, a los
registros de ingresos y ausencias de los alumnos, a ciertos planteamientos
propios de la enseñanza simultánea, a la utilización de libros comunes, fichas
y carteles para las paredes, a una la mayor presencia del francés en la
escuela, a la dulcificación de la disciplina, etc.
Nicolás Barré nació en Amiens en 1621. Estudió con los jesuitas de su ciudad natal, destacando por sus dotes intelectuales y también —cosa curiosa— por su habilidad manual. Atraído por la vida religiosa, decidió ingresar, no con sus preclaros maestros ignacianos, sino en
En
1659, siendo ya un religioso de amplia experiencia, Barré es trasladado a Ruan,
donde desempeñará diferentes ministerios. Tres años más tarde, predicando una
misión popular en Sotteville, por aquel entonces pueblecito cercano a Ruan, el
Padre Nicolás se refiere a la triste condición de los niños pobres del barrio,
que no saben nada de catecismo porque nadie se lo enseña. En realidad, por
aquellos años en Ruan no existía más que un monasterio de ursulinas, para gente
bien, alguna escuela mixta para pobres, de organización y funcionamiento más o
menos regular, y las catequesis del asilo de la ciudad, orientadas a los
huérfanos e indigentes allí recogidos. El Padre Barré, con su homilía, buscaba
fondos para promover escuelas para pobres, y también voluntarios que desearan
comprometerse en la solución de tan triste situación. Al final de aquella misa
le esperan algunas voluntarias, ningún hombre. Con ellas organizará allí, en
1662, la primera escuela gratuita para niñas pobres[2].
La obra irá cobrando fuerza y al año siguiente Barré está en condiciones de
abrir varias escuelas femeninas más en distintos lugares de la ciudad de Ruan.
Aprovechando el ímpetu de las maestras y las instalaciones escolares, el Padre
Barré impulsará la catequesis no solo durante los días de clase, sino también
en domingos y en días festivos. Este catecismo se impartía en las mismas aulas
de las escuelitas según un método bastante original, impregnado de las
inquietudes tridentinas[3].
Como
organización concreta de las escuelas, las maestras de Barré seguirán, con
cierta libertad —mejorándolas, sin duda[4]—,
las indicaciones de La escuela parroquial,
a las que incorporarán el trabajo manual, de la misma manera que acabaría
proponiendo Carlos Démia en Lyon. Atención particular se prestará a los
horarios, con una reglamentación escrupulosa del tiempo escolar, a los
registros de ingresos y ausencias de los alumnos, a ciertos planteamientos
propios de la enseñanza simultánea, a la utilización de libros comunes, fichas
y carteles para las paredes, a una la mayor presencia del francés en la
escuela, a la dulcificación de la disciplina, etc.
Como
apoyo financiero del proyecto, cuenta con las aportaciones de varias señoras de
la alta sociedad; entre ellas una remense, viuda de un rico comerciante, que ha
experimentado una repentina conversión y está dispuesta a darse por entero,
junto con sus bienes, a los pobres. Nos referimos a la Señora de Maillefer, que
está lejanamente emparentada con los canónigos remenses Roland y De La Salle , y acabará teniendo
una participación significativa en la fundación de las primeras escuelas
lasalianas en Reims. El año 1670, la
Señora de Maillefer financiará la fundación de una escuela
para niñas pobres, de la red de Barré, en Darnétal, cerca de Ruan.
El
ritmo de vida y de trabajo que llevaban las primeras maestras de Barré es
impresionante. Según relata una de ellas, “éramos cuatro o cinco Hermanas,
totalmente entregadas a la divina Providencia, sin estar en comunidad, sino
dispersas. Dos se encargaban de la escuela de la calle de los Carmelitas y
otras tres de la casa de la Señora
de Grainville. El Padre Barré venía de vez en cuando para dar conferencias y
nos indicaba cuál debía ser nuestro régimen de vida. Nuestros ejercicios
espirituales estaban regulados. Dábamos clase desde las ocho hasta las once.
Luego llevábamos a las niñas a misa. Eran unas ciento treinta, a veces más.
Desde las doce hasta las dos nos quedábamos con las mayores. Les enseñábamos a
leer y el catecismo. Luego nos dedicábamos a las pequeñas, hasta las cinco.
Después íbamos por las casas, para instruir a la buena gente”. Además, los
domingos y fiestas impartían catecismo.
Hermano Josean Villalabeitia
[1]
Fundada en Italia, hacia 1435, por san Francisco de Paula. Si los hijos de san
Francisco de Asís se llamaban a sí mismos ‘Hermanos menores’, los discípulos de
Francisco de Paula, que compartían espiritualidad franciscana, querían ser
todavía más humildes, por lo que se llamaron ‘Hermanos Mínimos’. Desaparecieron
de Francia con la Revolución Francesa ;
hoy son algo más de un centenar en todo el mundo.
[2] A
pesar de haber conocido en Ruan escuelas para niños pobres que eran mixtas, el
Padre Barré concebirá su obra con una estricta separación de sexos, tanto en
niños como en adultos: escuelas para niñas regidas por maestras y escuelas para
niños dirigidas por maestros.
[3]
“Hablar poco y preguntar mucho […] vivir lo que se enseña”.
[4] Rigault afirma que “en cuanto a los
métodos pedagógicos de Barré, en lo que se puede juzgar a partir de sus Estatutos, son más modernos que los de La escuela parroquial y se parecen a los
de Démia y Pedro Fourier”. En otro momento, no obstante, reconocerá que la
estructuración de las maestras de Barré, “esa organización jerárquica, esa
autonomía del Instituto enseñante, unidas a la estabilidad del personal, marcan
un destacado y definitivo progreso sobre el sistema de Démia”.
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