Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (13)
Una
vez que sus primeras escuelas para niñas pobres funcionan con cierta normalidad
en Ruan, el Padre Barré cree que ha llegado el momento de reunir a las maestras
en comunidad, para estructurar mejor su jornada y cuidar su formación
espiritual y profesional. De ese modo, se mejorará, sin duda, la calidad del
servicio educativo y, al mismo tiempo, las maestras tendrán más oportunidades
de apoyarse mutuamente y crecer como personas, desde todos los puntos de vista.
Así
las cosas, la primera comunidad de maestras del Padre Barré surgirá en 1666, y
el primer seminario para su formación quedará inaugurado al año siguiente. Se
trata del primer centro conocido dedicado específicamente a la formación de
profesionales de la educación. Por esas mismas fechas Démia hace públicas sus Remontrances que, según parece, llegaron
pronto a poder del Mínimo y le animaron a trabajar con más ahínco si cabe en la
implantación de sus escuelas y maestras.
Para
estructurar la institución de sus maestras, Barré sigue, en parte, el modelo de
San Vicente de Paúl, que trató de organizar un grupo ‘secular’ de mujeres,
pues, si las convertía en monjas, el derecho eclesiástico de la época las hubiera
recluido en clausura. Así, además de atender a las escuelas y al catecismo, las
maestras de Barré “vivirán en comunidad, sin hacer votos ni guardar clausura,
bajo la guía del superior o de la superiora”. Deberán llevar una vida piadosa y
del todo entregada al apostolado escolar. Esta institución de maestras del Padre
Barré adoptó el nombre oficial de ‘Hermanas de la Providencia’, o ‘del
Santo Niño Jesús’. “El espíritu del Instituto del Santo Niño Jesús es enseñar
al prójimo de su sexo los elementos esenciales de la doctrina cristiana. Lo
hacen de una manera apostólica y con el espíritu de desinterés que impulsó a
los apóstoles a instruir a todo el mundo”.
Tras
su éxito con las mujeres, Barré intentó calcar el modelo femenino, aplicándolo
a la letra a hombres, que serían maestros de escuelas de chicos.
Para ello, ya antes de 1670 había abierto una escuela para niños pobres en
Darnétal, a la que siguió alguna otra; y en 1674 abrió un seminario para la
formación de los maestros a ellas destinados. La suerte no le acompañó en su
apuesta por los varones, porque, como afirma Blain, “si pareció al principio
que daba fruto, este fue efímero. Los maestros, o no adquirieron nunca el
espíritu de su vocación, o no tardaron en perderlo”. El diagnóstico del
biógrafo lasaliano sobre esta fundación masculina de Barré no ofrece dudas: “La
realidad es que el piadoso Mínimo […] más de una vez intentó la fundación de
escuelas de niños, pero sin éxito, pues ese talento no se le había confiado”.
Trece
años después de comenzar su aventura escolar en Ruan, en 1675, el Padre Barré
es enviado de nuevo a París, a su viejo conocido convento de la plaza Royal,
para recuperar sus actividades de profesor de teología, a las que unirá su ya
bien ganada fama de director espiritual y maestro de almas. Aunque la
institución y las escuelas fundadas en Ruan continúan su proceso de
consolidación y extensión a otros lugares, apenas llega a París, Barré repetirá
exactamente los pasos que dio en Ruan: fundación de escuelas femeninas y
constitución de una institución secular para las maestras, primero; y, poco más
tarde, apertura de alguna escuela masculina con maestros. El resultado es
idéntico: éxito para las mujeres y fracaso rotundo con los hombres.

Las
maestras parisinas de Barré fueron iniciadas en la vida institucional por una
Hermana expresamente llegada de Ruan con dicho objetivo. En París recibirán el
nombre de Hermanas del Niño Jesús, o sencillamente, Hermanas de san Mauro, pues
fue en la calle así conocida donde se estableció, en 1678, el primer seminario
para maestras; en realidad, un auténtico noviciado. Del éxito de las Hermanas
del Padre Barré en París puede dar cuenta el hecho de que a la llegada de los
Hermanos de La Salle
a la parisina parroquia de san Sulpicio, unos trece años después de la
fundación de las Hermanas de Barré en París, estas dirigían ya, tan solo en
dicha parroquia, ¡ocho escuelas para niñas pobres!
El
Padre Barré falleció en 1686, con la indiscutible fama de haber sido uno de los
más importantes promotores de escuelas para pobres del norte de Francia. Fue
declarado beato por el papa Juan Pablo II en 1999.
Hermano Josean Villalabeitia