sábado, 5 de septiembre de 2015

Contagiando fe y alegría

Hermanas Guadalupanas de La Salle
en Madagascar

Mamoeramanjaka es un poblado pequeño que se encuentra en la meseta central de la gran isla de Madagascar, no lejos de la capital, Antananarivo, si medimos la distancia en kilómetros; algo más lejos si tratamos de precisar el tiempo que nos puede costar llegar hasta allá.



Las Hermanas Guadalupanas de La Salle malgaches desarrollan en Mamoeramanjaka una bonita misión que pretende abarcar un poco todas las facetas de la evangelización del mundo rural malgache, aunque centradas sobre todo en lo más esencial del carisma lasaliano: la evangelización de los niños y jóvenes a través de la escuela, la catequesis y la pastoral en general, en un ambiente de pobreza intensa.

En íntima comunión vital con sus vecinos, a quienes pretender contagiar su profunda fe encarnada y en acción,
la característica principal de la presencia de las Hermanas en Mamoeramanjaka quizás sea la manera sencilla y profundamente gozosa de compartir la pobreza con sus vecinos. Una pobreza sencilla y alegre que, entre otras cosas, se despliega con enorme generosidad cuando de acoger a un visitante se trata, como he tenido el gusto de comprobar personalmente. ¡Gracias, queridas Hermanas!



En relación con lo que el excelente vídeo que proponemos presenta, debemos decir que, viendo que la casita que acogía a la comunidad amenazaba ruina, las Hermanas Guadalupanas de La Salle de Mamoramanjaka están construyendo una nueva casa comunitaria, muy sencilla, a las afueras del pueblo. Estará disponible en poco tiempo. 

De cara al futuro, las Hermanas mueven los hilos para encontrar financiación suficiente para construir y animar un liceo especializado en formación agrícola, con el que tratar de evitar el éxodo de los jóvenes a la ciudad, huyendo de un trabajo agropecuario que en la actualidad ofrece horizontes muy limitados. Actualizando las técnicas de cultivo, tecnificando el trabajo y mejorando variedades vegetales y animales tal vez las cosas se vean de manera más optimista de cara al porvenir. Eso es, al menos, lo que piensan las Hermanas.

Un espléndido vídeo, de casi 28 minutos de duración, 
que podéis ver A Q U Í .


martes, 11 de agosto de 2015

Nicolás Roland: últimos detalles lasalianos

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (20)

Un par de obras solamente nos quedan de la producción escrita del beato Nicolás Roland: una conferencia, de las muchas que tuvo que impartir como canónigo teologal de Reims que fue, y un librito dirigido a las religiosas que él fundara, titulado "Pequeño tratado de las virtudes que son necesarias a las Hermanas del Niño Jesús".

Sin embargo, su obra más interesante quizás sea un libro póstumo, titulado "Avisos dados por el difunto Nicolás Roland, teologal de Reims, para el comportamiento de las personas que siguen una regla", comúnmente conocida como los "Avisos"

Esta obra fue publicada en 1686, es decir, ocho años después de la muerte de Roland. Al parecer, sus hijas espirituales conservaban apuntes de sus conferencias y recordaban, por haberlas copiado o, incluso, de memoria, numerosas máximas salidas de la boca de su fundador. Alguien tuvo la feliz idea de recogerlo todo en un solo folleto y luego darlo a la imprenta.

Lo curioso es que, si hacemos caso a lo que sugiere el Hermano León María Aroz[1], hay ciertos indicios que parecen apuntar a que el encargado de llevar a cabo esa labor de recopilación de materiales y preparación de la publicación fue, precisamente, Juan Bautista De La Salle. Nada extraño, por otra parte, si tenemos en cuenta los vínculos de amistad, confianza e intimidad espiritual que unieron a ambas figuras cuando el canónigo teologal aún vivía, y la exquisita preparación teológica del amigo de Roland. Quién sabe...

Digamos, para concluir, que las Hermanas del Niño Jesús consideran a san Juan Bautista De La Salle como su cofundador. De hecho, en la capilla de su Casa Madre, en la calle Barbâtre, de Reims, conservan una bella estatua de De La Salle, mientras que en el Archivo de la Congregación de las Hermanas se pueden admirar numerosos recuerdos del también fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.



[1] Cahiers Lasalliens, nº 38.

sábado, 1 de agosto de 2015

Nicolás Roland versus De La Salle

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (19)

Por lo que respecta a De La Salle, sus biógrafos apuntan que fue “al lado de Roland donde adquirió todo el celo que manifestó para contribuir a la educación de la juventud”. Los historiadores añaden, además, que fue a través de Roland, o gracias a él, como De La Salle conoció el movimiento escolar y sus principales realizaciones en París, Lyon y Ruan. Por otra parte, sus cinco años de intensa relación espiritual seguro que hicieron que algunos de los planteamientos de Roland tomasen cuerpo en su joven dirigido y diesen fruto abundante en él. El hecho de que, en vísperas de fallecer, Nicolás Roland encagara a su dirigido espiritual De La Salle de concluir las gestiones para el reconocimiento oficial de las Hermanas del Niño Jesús no puede significar otra cosa que entre ambos se había establecido una relación de estima y confianza.

Es siempre complicado rastrear los vericuetos que sigue la Providencia para encaminar a sus elegidos por sus misteriosos senderos, pero en el caso de De La Salle no hay duda de que estas gestiones para el reconocimiento oficial de las Hermanas fundadas por Roland prepararon al canónigo De La Salle para dar una respuesta apropiada a las invitaciones relacionadas con las escuelas gratuitas que le traía Adrián Nyel desde Ruan. Su rápida opción por dirigirse a los párrocos y dedicarse a las escuelas de caridad tendría mucho que ver, precisamente, con las dificultades encontradas en las altas instancias diocesanas para reconocer a las Hermanas. Llegando a acuerdos con los párrocos y evitando estructurar demasiado una nueva institución de maestros esperaba sortear muchas de estas dificultades.

La invitación a recordar a menudo la presencia de Dios, los sostenes de la comunidad, tocar o mover los corazones, procurar la gloria de Dios, ardiente celo apostólico… son expresiones que coinciden de manera idéntica en Roland y en De La Salle. Ambos manejan con mucha soltura la palabra de Dios, y a ambos les gusta de manera particular citar a san Pablo.

La opción de Roland por la gratuidad  —“me dedicaré a formar a maestras de escuela que enseñen gratuitamente”—, por los más pobres, son decisiones que le acercan mucho a De La Salle, incluso en el tenor literal de algunos de sus escritos: “Tanto entre las huérfanas como entre las escolares, preferid siempre las más deformes, las que tengan discapacidades, las ingratas y las menos agradables para hacerles partícipes de vuestras caricias y servicios”.

Su afán por dirigirse a las niñas de manera sencilla, empleando términos y expresiones que ellas puedan captar con facilidad, poniéndose a su nivel expresivo, son preocupaciones que nos recuerdan a algunos textos que más tarde escribirá De La Salle. He aquí un texto de Roland que trata de estas cuestiones: “Hay que anunciar a estas jóvenes las verdades del Evangelio no con palabras estudiadas […] sino de una manera tan sencilla que todas las palabras que les digamos sean claras y fáciles de comprender”.


Hay, con todo, una diferencia importante entre la primitiva concepción lasaliana del catecismo y de las escuelas cristianas y la que sobre estos asuntos sostenía Roland. Porque, en efecto, este, en uno de sus escritos, afirmará  —dirigiéndose a sus Hermanas—  que “por encima de cualquier otra cosa no olvidéis dedicaros todos los días a la instrucción cristiana, ya que únicamente para ello he instituido las clases y he introducido en ellas las lecciones de escritura y cálculo; porque si el catecismo se pudiera llevar a cabo sin la organización escolar, lo habría hecho”. De La Salle era de una opinión muy diferente; para él el lugar ideal del catecismo era la escuela, perfectamente imbricado con el resto de las actividades escolares, y hasta injertado en ellas, contando con la figura clave de un maestro cristiano ejemplar al frente de todo. Así se lo indica al Hermano Gabriel Drolin que, en Roma, había comenzado a impartir el catecismo en un templo parroquial: “No me gusta que nuestros Hermanos den el catecismo en la iglesia; con todo, si estuviere prohibido darlo en la escuela, es preferible que lo hagan en la iglesia a no hacerlo”.

Nicolás Roland no fue una figura destacada de aquel movimiento de reforma de la Iglesia, que bullía por todos los rincones de aquella Francia del siglo XVII. Los expertos afirman que su pensamiento apenas ofrece nada de verdaderamente original, mientras que sus inquietudes apostólicas son las de tantos otros cristianos coherentes y generosas de la época. Pero a través de su persona, sin duda, muchas de aquellas inquietudes terminaron pasando al joven De La Salle y se desarrollaron en él con una fecundidad que, probablemente, ni Roland ni siquiera el propio De La Salle  —así lo confiesa al final de su vida—  hubieran imaginado jamás. En palabras de Blain, fue “bajo la dirección de este excelente guía como el Señor De La Salle le tomó el gusto a la instrucción de la juventud. Fue en el celo de este veterano canónigo donde el joven bebió los primeros ardores del suyo por las escuelas cristianas y gratuitas”.


Hermano Josean Villalabeitia  
    

sábado, 18 de julio de 2015

Amen tiernamente a los niños

Una hermosa canción lasaliana, compuesta por el Hermano Abdón Camacho y puesta en imágenes por el Hermano Edgardo Quesada, que constituye un espléndido regalo de vacaciones de La Salle-Panamá.

¡ M I L   G R A C I A S !














Para ver el vídeo pinchar A Q U Í .

Amen tiernamente a los niños,
sean de Dios sus testigos,
muéstrenles su amor.
Pues Dios, que los vio abandonados,
envió a alguien en sus manos
que les diera su protección.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS.

Denles el vigor de un padre,
la ternura de una madre,
llénenles de su amor.
Pues muchos se ven rechazados
y si no es por ustedes
no conocerán el amor.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS.

Formen bien su intelecto,
llenen sus corazones,
descubran su capacidad.
Pues quiso Dios un día llamarlos
y que fueran maestros,
iguales en dignidad.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS.

Alcen a quien desfallezca,
soporten al débil,
afiáncelos en el bien.
Pues siendo capaces de dar
por ellos su vida
demuestran su amor.

AMEN TIERNAMENTE A LOS NIÑOS,
SEAN DE DIOS SUS TESTIGOS...      



lunes, 22 de junio de 2015

La Salle en Cuba

Sí, en Cuba, país al que los Hermanos de La Salle llegaron en 1905. A pesar de lo que afirma en la entrevista del vídeo el Hermano Osvaldo, cubano, para esas fechas los Hermanos de las Escuelas Cristianas habían llegado ya a varios países latinoamericanos: Ecuador  -el primero, en 1863- Colombia, Chile, Argentina, Nicaragua y Panamá, por este orden. Y aquel mismo año 1905 entrarían por primera vez también en México y Puerto Rico.

Con la revolución castrista  -1959-  los Hermanos tuvieron que abandonar la isla caribeña durante varias décadas, pero desde hace ya unos cuantos años, la obra lasaliana toma fuerza de nuevo en Cuba.


Un vídeo lleno de simpatía, con las palabras de los lasalianos cubanos  -Hermanos, profesores y alumnos- que se mecen en la alegre música cubana, describe lo que es la presencia de La Salle en Cuba en 2015, en sus dos presencias actuales: La Habana y Santiago.

Para ver el vídeo, pinchar A Q U Í .


lunes, 15 de junio de 2015

Nicolás Roland, un apóstol tridentino

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (18)


Terminados sus estudios eclesiásticos, siendo sacerdote y canónigo, el Padre Roland arde en deseos de ser un buen sacerdote y de dedicarse de lleno a la misión. Para ello, visitará con asiduidad las experiencia parisinas de San Nicolás del Chardonnet  —a cuya comunidad perteneció su padrino Mateo Beuvelet—, San Sulpicio y San Lázaro, la sede de los seguidores de Vicente de Paúl; se irá así impregnando de la inspiración de las personalidades más brillantes de la Iglesia de su tiempo: Bérulle, Vicente de Paúl, Olier, Bourdoise...

También se desplazará a Ruan, donde conoce en profundidad a Nicolás Barré y su apostolado en las escuelas. De Ruan, precisamente, del entorno del Padre Barré más en concreto, llegarán a Reims quienes serían las dos primeras Hermanas del Niño Jesús, sociedad fundada por Roland para servicio de las escuelas gratuitas para niñas pobres. Estas discípulas del Padre Barré ayudarán a Roland a lanzar su Instituto y a formar a las primeras Hermanas del Niño Jesús[1]. Se sabe también que Roland conocía las Remontrances de Démia, publicadas en 1668. En suma, se puede afirmar, sin exagerar, que en la persona de Roland confluían las grandes corrientes de la reforma católica del siglo XVII en Francia, en especial las que, en aquellos tiempos, se dedicaban, sobre todo en el norte, a la educación y a la evangelización de la juventud popular[2].

Como consecuencia de estos múltiples contactos espirituales y apostólicos, se iniciará una segunda conversión en Roland: ponerse al servicio entusiasta y generoso de los pobres. Así surgirá su interés por fundar escuelas gratuitas para niñas. Según el propio Roland dejó escrito, “hay que cambiar de estilo y predicar más apostólicamente; y, como el pueblo y las grandes personas aprovechan poco de los mejores sermones, estoy decidido […] a trabajar por establecer las escuelas gratuitas para la instrucción de las niñas”.

Momento trascendental en esta opción es el abandono de su casa familiar para irse a vivir a una casa más sencilla. Y es que se le hacía imprescindible alejarse de su opulento ambiente burgués  —con ruidoso escándalo por parte de su familia y de los dirigentes de la iglesia local—  para entregarse de lleno a las niñas pobres. Y también, para poder acoger en ella a algunos sacerdotes, tal como deseaba, y convertir así su casa en una especie de seminario de excelencia sacerdotal, al modelo tridentino, repitiendo experiencias que había tenido oportunidad de conocer en distintos lugares.

Al mismo tiempo que sus opciones de vida se materializan, su espíritu apostólico va haciéndose cada día más intenso, hasta el punto de que sus compañeros canónigos le acusan con insistencia de descuidar sus deberes en el capítulo catedralicio para dedicarse a la misión. En el fondo, a Roland estas polémicas le interesaban poco, porque tenía una senda bien marcada, que le llevaba lejos de los quehaceres e intereses canonicales. Y es que, según indican sus biógrafos, Nicolás “veía en el avance de la gloria de Dios el culto principal que debía rendirle”. Tal vez por ello, nuestro canónigo teologal recordase con frecuencia a sus Hermanas lo siguiente: “En las fatigas de vuestro empleo no olvidéis nunca que habéis sido llamadas a llevar una vida apostólica y que es necesario que os impregnéis de su espíritu para cumplir dignamente vuestras obligaciones”.


Y es que, además de a sus dirigidos espirituales, nuestro el canónigo teologal había decidido tiempo atrás dedicarse con intensidad a tres actividades fundamentales: 1. la predicación, en la catedral, en el ámbito de sus obligaciones como canónigo, y sobre todo en misiones populares, organizadas por él mismo o por sus amigos, los discípulos de Vicente de Paúl, en las que él colabora con gusto; 2. la formación de los sacerdotes que acoge en su propia casa, por periodos variables de tiempo; entre ellos estará, precisamente, el futuro fundador del seminario diocesano de Reims; 3. sobre todo, la fundación de escuelas gratuitas para niñas y la formación de las Hermanas que las atienden, a las que aconsejará de esta manera: “Cuando se trate de la salvación de las almas no os guardéis nada para vosotras; ellas nunca os costarán tanto como le costaron a Jesucristo y si no podéis entregar como Él vuestra sangre, entregad al menos vuestros sudores en testimonio del amor que tenéis por el divino salvador que tanto ha sufrido por vosotras. Cumplid los trabajos de Dios con ardor y aceptando siempre esa especie de paradoja de que Él pueda servirse de un instrumento tan débil como vosotras para procurar su gloria; aprovisionaos a menudo de espíritu apostólico para llevar con eficacia la Palabra de Dios a las almas, tratad más de mover sus corazones que de contentar a los espíritus, recurrid más a la oración y a los sufrimientos que a otras argucias”. La fundación y progresivo afianzamiento de sus Hermanas del Niño Jesús fue, sin duda, la gran pasión apostólica de su vida.

Nicolás Roland falleció en 1678, pocos días después de la ordenación sacerdotal de De La Salle, su dirigido espiritual, colega de cabildo catedralicio y ejecutor testamentario. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1994.

Hermano Josean Villalabeitia





[1] Oficialmente fundadas en 1671, se sabe que en 1674 eran ya diez y dirigían cuatro escuelas para niñas en Reims. Contaban con el potente apoyo del arzobispo remense.
[2] En realidad, parece que Roland comenzó acogiendo en su casa a huérfanas o niñas abandonadas por sus padres. Solo después de conocer la obra de Barré, en Ruan, y Démia, en Lyon, se animará a hacer evolucionar su fundación hacia las escuelas para niñas pobres, con un interés particular por la formación de las maestras que se ocuparían de ellas, que serán las futuras Hermanas del Niño Jesús.