Hace ahora un año, el Hermano Pedro Álvarez explica en México la estructura del Instituto de los Hermanos de La Salle. El Hermano Pedro era por aquel entonces un alto responsable de la Universidad La Salle, de México. Hoy es el Visitador del Distrito Antillas-México Sur. Su exposición sobre el Instituto lasaliano, que se puede ver y oír en el vídeo propuesto, sigue siendo válida y muy interesante.
Para ver el vídeo, PINCHAR AQUÍ.domingo, 24 de junio de 2018
martes, 19 de junio de 2018
Mensaje del Hermano Superior General: Convocado el Año Jubilar Lasaliano
Con ocasión del tercer centenario del fallecimiento de san Juan Bautista De La Salle, nuestro Padre y Fundador, que se cumplirá el próximo año 2019
Queridos Hermanos, colaboradores, estudiantes y todos los miembros de la Familia Lasallista:
Me complace informarles que la Santa Sede ha declarado 2019 un Año Jubilar* en honor del 300 aniversario de la muerte de San Juan Bautista de La Salle.
El Año Jubilar comenzará el 17 de noviembre de 2018, cuando recordemos la dedicación del santuario de San Juan Bautista de la Salle en la Casa Generalicia de Roma. El Año Jubilar concluirá el 31 de diciembre de 2019, al final del Tricentenario y del Año de las Vocaciones Lasallistas.
Un año de Jubileo ofrece la oportunidad de expresar nuestra fe a través de acciones concretas a favor de los más necesitados. Los invito a todos a celebrar el jubileo a través de actos prácticos de bondad y servicio a los jóvenes que anhelan misericordia y compasión.
Tradicionalmente, un Año Jubilar es también una ocasión para peregrinaciones. El objetivo de una peregrinación es visitar lugares imbuidos de significado espiritual y la experiencia de la presencia de Dios.
Animo a cada uno de ustedes a convertirse en peregrino durante el Año Jubilar. Deje que su peregrinación lo lleve “más allá de las fronteras” a lugares que lo inspiren con un sentido de la presencia de Dios y a las personas pobres y vulnerables que son ocasiones de encontrar a Jesucristo.
El Papa Francisco nos recuerda que:
Nuestra existencia es una peregrinación, un viaje. Incluso aquellos que están inspirados por la simple esperanza humana, perciben el atractivo del horizonte que los impulsa a explorar mundos que aún no conocen. Nuestro espíritu es un espíritu migratorio. No nos convertimos en hombres y mujeres maduros si no percibimos el atractivo del horizonte, ese límite entre la tierra y el cielo que exige ser alcanzado por un pueblo que camina.
Pronto, el Hermano Gustavo Ramírez les enviará: detalles de los eventos organizados por el Instituto; recursos para uso local; y, sugerencias para crear experiencias de peregrinación.
Celebremos con alegría el Año Jubilar como una expresión de nuestro compromiso de vivir el Evangelio y la Misión Lasallista, unidos como Lasallistas con un solo corazón, un compromiso, una sola vida.
Hermano Robert Schieler, FSC.
Superior General
Superior General
* El Año Jubilar ofrece la oportunidad de recibir la gracia de la indulgencia plenaria mediante la práctica de obras de caridad, peregrinación, oración y participación en la liturgia y el sacramento de la reconciliación.
Recordemos que, por la misma razón, el año 2019 ya había sido declarado por el último Capítulo General (2014) "Año de la Vocación Lasaliana"
miércoles, 13 de junio de 2018
Lo que De La Salle escribió sobre el catecismo en la escuela
Definiciones de
escuela cristiana...
MR 194,1,2
"¿Poseéis vosotros tal fe que sea capaz de
mover el corazón de vuestros alumnos e inspirarles el espíritu cristiano? Ese
es el mayor milagro que podéis realizar y el que Dios os exige, puesto que es
el fin de vuestro empleo."
RC 1,3
"El fin de este Instituto es dar cristiana
educación a los niños; y con este objeto tiene las escuelas, para que, estando
los niños mañana y tarde bajo la dirección de los maestros, puedan estos
enseñarles a vivir bien, instruyéndolos en los misterios de nuestra santa
religión, inspirándoles las máximas cristianas, y darles así la educación que
les conviene."
"Dios ha tenido la bondad de poner remedio
a tan grave inconveniente [del desinterés y escasa preparación de los
padres en asuntos de religión] con el establecimiento de las Escuelas
Cristianas, en las que se enseña gratuitamente y solo por la gloria de Dios. En
ellas se recoge a los niños durante el día, y aprenden a leer, a escribir y la
religión; y al estar, de ese modo, siempre ocupados, se encontrarán en
disposición de dedicarse al trabajo cuando sus padres decidan emplearlos.
Agradeced a Dios que haya tenido la bondad de servirse de vosotros para
procurar a los niños tan grandes beneficios, y sed fieles y exactos en
desempeñarlo."
"Vosotros habéis sido puestos por Dios para
suceder a los santos apóstoles en la exposición de la doctrina de Jesucristo y
en el afianzamiento de su santa ley en la mente y en el corazón de aquellos a
los que enseñáis, cuando dais el catecismo, que es vuestra principal función."(Citado textualmente en Regla
17 y Declaración 38,1)
MF 186,1,2
"Considerad, pues, cuán importante es que
vosotros os apliquéis, lo mejor que podáis, a educar bien a los que tenéis bajo
vuestra dirección, y a procurarles la piedad. Ese es el objeto principal y el
fin de vuestro empleo. Tened la certeza de que no lo lograréis, ni seréis
gratos a Dios, ni él derramará sobre vosotros y sobre vuestros trabajos su
generosa bendición, sino en la medida en que hagáis de su educación vuestro
principal cuidado."
MF 139,3,2

MF 102,1,2
"Con esta misma firmeza y generosidad
verdaderamente cristianas hay que defender los intereses de Dios, y a ello
estáis obligados vosotros en vuestro empleo. Desempeñáis en él una de las
principales funciones de los apóstoles, educando en la fe y en la religión a
los nuevos fieles, es decir, a los niños, que hace poco tiempo fueron henchidos del
Espíritu de Dios en el bautismo. Haceos
dignos de tan santo ministerio."
Diversos milagros....
"Vosotros podéis obrar diversos milagros,
tanto en vosotros como en vuestro empleo. En vosotros, por medio de la plena fidelidad
a la gracia, no dejando pasar ninguna moción sin corresponder a ella. En
vuestro empleo, moviendo los corazones de los niños descarriados que están
confiados a vuestros cuidados, y haciendo que sean dóciles y fieles a las
máximas del Santo Evangelio y a su práctica; piadosos y modestos en la iglesia
y en los rezos; y aplicados a su deber en la escuela y en sus casas. Esos son
los milagros que Dios os da el poder de obrar y que exige de vosotros."
(También
MF 139,3,2 citado más arriba...)
Lo que debéis hacer...
RC 2,10
"Para conformarse con este espíritu, los
Hermanos de la Sociedad se esforzarán, por medio de la oración, instrucciones,
vigilancia y buena conducta en la escuela, en procurar la salvación de los
niños que les están confiados, educándolos en la piedad y en el verdadero
espíritu cristiano, esto es, según las reglas y máximas del Evangelio."
Tema de conversación durante las recreaciones...
"De la
obligación que tienen los Hermanos de la Sociedad de cumplir bien su deber en
la escuela: instruir bien a los niños, explicarles con esmero el catecismo y
moverlos a la piedad; y del modo de hacerlo bien."
Para el catecismo es
preferible la escuela...
C 14,19
"Si pudiera dar la clase donde explica
usted el catecismo, sería ciertamente lo mejor."
C 18,14 -16
"En cuanto al catecismo, me parece
conveniente e importante que lo explique usted en su escuela. ¿Acaso está
prohibido que el maestro explique el catecismo a sus alumnos en la escuela? No
me gusta que nuestros Hermanos den el catecismo en la iglesia; con todo, si
estuviere prohibido darlo en la escuela, es preferible que lo hagan en la
iglesia a no hacerlo."
viernes, 8 de junio de 2018
El Hermano James Miller será proclamado beato
El 20 pasado de marzo, los nueve teólogos de la Comisión de Teología de la Congregación para las Causas de Canonización votaron unánimemente para recomendar el reconocimiento del martirio del Hermano James Santiago Miller, que nació en 1944 en Ellis (Stevens Point, Wisconsin, EE. UU.) Y fue asesinado en Huehuetenango, Guatemala, el 13 de febrero de 1982.
Tenía solo 37 años cuando tres hombres armados enmascarados lo mataron mientras reparaba el muro de la escuela en la que trabajaba, el Centro La Salle para Indígenas.
Después de graduarse de la Universidad de Saint Mary, Winona, el Hermano Santiago enseñó durante varios años en varias escuelas secundarias en Midwest antes de ir a Nicaragua y luego a Guatemala.
En el Centro La Salle para los Pueblos Indígenas, de Huehuetenango (Guatemala), el Hermano Santiago enseñó inglés, religión y arte guatemalteco en la escuela secundaria. Él era muy consciente de la opresión que sufrían los indígenas de Guatemala y de la necesidad de ofrecer a los niños del Centro la apropiada formación intelectual, habilidades laborales y habilidades de liderazgo. Así, además de la enseñanza académica, organizó una granja experimental, donde pudieron aprender métodos para mejorar la agricultura y la cría de ganado. De este modo, preparaba a los alumnos para que fueran en líderes indígenas en las áreas rurales a las que regresarían después de su tiempo en la escuela.
El Hermano Santiago trabajó entre los oprimidos y se convirtió en apóstol del amor de Cristo y mensajero de su justicia. Defendió a sus alumnos y trabajó para darles un futuro mejor y rescatarlos de un mundo de violencia, ignorancia y crimen.
El proceso para declararlo mártir comenzó en 2009 en Guatemala, y el 20 de marzo de este año recibió la importante ‘luz verde’ de la comisión teológica, lo que significa que pronto podremos celebrar su beatificación.
En estos momentos en que Guatemala vive días trágicos, pidamos al Señor, por mediación del Hermano James, gran amigo de los guatemaltecos mas pobres, una bendición que llegue en forma solidaridad y generosidad de muchas personas, instituciones y países dispuestos a colaborar en las tareas de búsqueda, salvamento y reconstrucción. ¡Que así sea!
lunes, 4 de junio de 2018
Misión en la isla de La Tortuga (Haití)
De piratas, jubilados y cambios en la
misión
Dicen que debe su nombre al propio Cristóbal Colón que, durante su
primer viaje a las Indias Occidentales, cuando se aproximaba a ella, creyó distinguir
el caparazón de una tortuga en la silueta de las montañas que se recortaba
sobre el horizonte, y no se le ocurrió mejor denominación. Nos referimos a la haitiana
isla de La Tortuga, más conocida como refugio de piratas y filibusteros que por
las heroicas peripecias del descubridor de América, aunque este tocara por vez primera
tierra americana no lejos de allí, en la vecina isla de La Española. Algunos
novelistas románticos famosos, como Robert Louis Stevenson o Emilio Salgari, le
añadieron cierto renombre al mencionarla, o convertirla, incluso, en escenario
de alguna de sus exóticas aventuras. Y hasta la reciente serie cinematográfica "Piratas
del Caribe" alude a ella en más de una ocasión.
Pero aunque coincida en el escenario y trate asimismo de personas apasionadas
y valientes, nuestro reportaje nada tiene que ver con bucaneros o personajes
por el estilo. Aunque sí podríamos llamarlos aventureros de Dios, generosos obreros
de su Reino.
El compromiso no tiene edad.- Tuve
la suerte de viajar recientemente a la isla de La Tortuga y conocer en directo una
impactante historia misionera de casi medio siglo, el capítulo más reciente de
la implantación de la Iglesia Católica por aquellos parajes. Al mismo tiempo
que admiré a sus protagonistas de ayer y de hoy, la experiencia me ayudó a
comprender la evolución que ha sufrido allí la misión, en una exposición sobre
el terreno que abarcó varias décadas. En mis notas me atengo a los recuerdos y
reflexiones de los actuales misioneros de La Tortuga; exigirles una objetividad
absoluta sería tarea inútil, por imposible; pero, a cambio, sus testimonios
rebosan abnegación y autenticidad.
Nuestra historia comienza a principios de la década de los setenta del
siglo pasado con un religioso canadiense de cierta edad que buscaba fuera de su
tierra natal un lugar donde seguir entregándose sin trabas a la misión, a poder
ser entre los más pobres. En su caso, el hecho de disponer de una jubilación sustanciosa
facilitaba bastante la tarea, pues arreglaba de entrada no pocas preocupaciones.
Su lengua
materna, el francés, llevó a este Hermano de La Salle inquieto a Haití, y
dentro del país, buscando radicalidad, su destino final fue la isla de La
Tortuga que, por su orografía, clima, comunicaciones, condiciones de vida de
sus habitantes y otras circunstancias podría ser calificada, con razón, como de
lo más pobre entre los pobres haitianos.
La idea de
fundar en la isla de La Tortuga sedujo enseguida a algunos compañeros
canadienses, religiosos jubilados como él, de modo que pronto estuvieron en
condiciones de organizar la primera comunidad misionera de la isla. Con el
tiempo, otros religiosos, siempre bastante mayores, irían incorporándose a la
misión de La Tortuga, para reemplazar a los que por razones de salud o de edad
se veían obligados a abandonar la primera línea misionera o, sencillamente,
para aportar nuevos brazos a la misión.
Instalarse en
La Tortuga, una isla bastante montañosa, de 37 km de largo y 7 km en su parte
más ancha, poblada por unas treinta mil personas -la vertiente norte de la isla está muy poco habitada
debido a los embates del viento-, suponía entrar en un universo prácticamente
virgen desde muchas facetas de la misión. Una parroquia atendía a toda la isla,
con un párroco monfortiano que trataba de hacer lo que podía, aunque, de hecho,
se dedicaba casi exclusivamente a las labores parroquiales.
Un abanico de intervenciones misioneras.- Para comenzar no
está mal, pero enseguida se sienten demasiado confinados, aunque sea en el lugar
más poblado de la isla. Su ardor misionero les empujará a desplegarse por los
cuatro puntos cardinales y poder así servir a toda esa gente que casi nunca se
acerca por Los Palmistes. Para ello tienen un problema serio: apenas existen caminos,
y los que hay son a duras penas transitables. Si quieren moverse, y sobre todo
si pretenden transportar mercancías, no van a tener más remedio que arreglar el
problema de las comunicaciones. Se pondrán manos a la obra enseguida y, con el
generoso apoyo de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (ACDI),
pronto comenzarán los trabajos sobre el terreno.
Construir
carreteras en un suelo tan escarpado como el de La Tortuga no resulta nada
sencillo. Con frecuencia hay que cavar sobre roca, levantar puentes más o menos
ambiciosos, prestar atención y protegerse de los precipicios... Sin olvidar que
toda la maquinaria más o menos especializada y el material de construcción
necesario debían llegar a la isla por vía marítima, con mucha frecuencia en
barcos de vela que surcaban unos mares batidos a menudo por ciclones y otros meteoros
adversos. Pero con paciencia y apoyo económico casi todo acaba consiguiéndose.
"Todo lo
que ves por aquí lo hicieron los canadienses", me dice el taxista que me
lleva desde el puerto, por así llamar al lugar donde me dejó el barco, a la
residencia de mis Hermanos. Se refiere más que nada a la carretera, que se
mantiene utilizable, aunque haya perdido gran parte de su esplendor, y
serpentea por una empinada ladera de vistas paradisíacas. Casi cien kilómetros
de caminos, de distinta calidad, calcula grosso modo que vieron la luz en pocos
años y son, aún hoy, las únicas vías de comunicación entre los núcleos habitados
de la isla, que aprovechan también los numerosos caseríos aislados que se ven
un poco por todas partes. Además de asnos, enseguida comienzan a verse por los
caminos bicicletas y vehículos a motor. Como siempre, conforme avanzan las
infraestructuras viarias los mercados tradicionales van cobrando un nuevo
dinamismo, así como los encuentros entre las personas. Todo el mundo aprecia y
alaba la obra.
Con el
problema de las comunicaciones resuelto, es fácil enfrentarse a otros asuntos.
Así, en colaboración con la parroquia, van a arreglar las ocho capillas
esparcidas por la isla y, sobre todo, crearán al lado de cada una de ellas una
escuela primaria, que rebosará enseguida de niños y niñas deseosos de
beneficiarse de las nuevas posibilidades educativas recién descubiertas. Además
de estas escuelas "presbiterales", como allí las denominan, también
pondrán en pie una treintena de centros de alfabetización de adultos, que con
el tiempo se convertirán asimismo en lugares de reunión, de discusión de
asuntos comunes, de lanzamiento de campañas, de organización de cursillos...
Una demostración más de la importancia de las comunicaciones en el fomento de
cualquier desarrollo duradero.
La parroquia
hace tiempo que ha montado un pequeño dispensario en el que atiende como puede
a los
enfermos menos graves; porque cuando la cosa se complica no hay más
remedio que tomar una barca y aventurarse a cruzar el Canal de La Tortuga -alrededor de una docena de kilómetros,
dependiendo de la ruta elegida- que con
frecuencia presenta unas condiciones muy poco favorables, y hasta peligrosas,
para la navegación. Pero a veces no hay más remedio que jugarse la vida para
poder seguir vivo. Nuestros Hermanos canadienses no van a comprometerse
directamente en la labor hospitalaria, pero apoyarán con sus influencias la
progresiva evolución del dispensario hasta convertirlo en un hospital sencillo
pero práctico, capaz de enfrentarse con dolencias un poco más serias de lo que
en un principio se pretendía. Al mismo tiempo, aspectos como la ginecología, la
pediatría y algunas enfermedades comunes en la isla -infecciones, diarreas, cierta enfermedades
tropicales...- van a quedar muy bien
atendidas en el hospital parroquial.
No se queda
ahí la cuestión. Además de las instalaciones escolares propiamente dichas,
ahora que los alumnos abundan, sobre todo en Los Palmistes, empiezan a cobrar
fuerza ciertas actividades de gran éxito entre los escolares, y también entre gente
que ya ha abandonado las aulas. Así, se inauguran la biblioteca y los campos de
deporte, donde en la actualidad se juega el torneo de fútbol más importante de
la isla, con equipos procedentes de todos sus rincones; se proyecta cine; se
abre un centro cultural que organizará conferencias, reuniones, cursos,
exposiciones, etc.
Un cambio drástico.- La misión de La Tortuga parecía vivir
un auténtico edén en todos sus ámbitos cuando un problema, cada vez más acuciante
e inevitable, vino a romper aquella armonía. La crisis vocacional, que afectaba
de lleno a Canadá desde varias décadas atrás, empezó a complicar la tarea de
reemplazar a los misioneros de la isla, hasta volverla prácticamente imposible.
Hubo que sustituirlos por jóvenes religiosos, locales o venidos de fuera,
cuando no directamente por personal seglar. Ni unos ni otros disponían de una
generosa pensión de jubilación, como sus antecesores, por lo que tuvieron que
empezar a pensar en cómo ganarse la vida; la respuesta era evidente: con su
trabajo. Además, al no haber ya canadienses al frente de los proyectos, la ACDI
perdió interés en financiarlos y, entre la inexperiencia local y las crisis
económicas occidentales, cada vez resultó más complicado buscar fondos para
sostener los proyectos en marcha y, mucho menos, para lanzar nuevos proyectos.
Por otra parte,
el Estado haitiano construyó en la isla su propio instituto de secundaria,
gratuito por supuesto, y puso en marcha algunas escuelas primarias más. Las
iglesias evangelistas, de corte pentecostal, que se multiplican como la espuma en
Haití, aterrizaron en La Tortuga y la llenaron de capillas, con coloridas denominaciones,
que muy a menudo surgían acompañadas por una escuelita primaria con condiciones
económicas muy ventajosas. En consecuencia, la red de escuelas y centros de
alfabetización de los canadienses sufre ahora una dura competencia y, con la
financiación tradicional contra las cuerdas, comienzan a tener serios problemas
para subsistir. Si se plantea una reducción de salarios de los profesionales, surgen
fricciones; si la escolaridad no baja, el alumnado disminuye, cerrando un
círculo vicioso nada sencillo de superar. La única solución parece apostar por
la calidad educativa y los buenos resultados académicos, cosa nada sencilla de obtener
en un lugar con tan pocos profesores disponibles.
El hospital
de la parroquia, en crisis, terminó pasando al Estado. Pero, dado que sus
prestaciones no mejoraban con el cambio, sino que, muy al contrario, los servicios
médicos continuaban deteriorándose a marchas forzadas, la Iglesia decidió
recuperarlo y hacerlo funcionar de otra manera. Se convocó, para ello, a una
congregación de religiosas tanzanas, las Hermanas de Santa Teresita del Niño
Jesús, que lo están sacando adelante con mucho sacrificio y el impagable concurso
de algún médico esforzado, sin olvidar la dinámica colaboración de tantos
jóvenes estudiantes de medicina que completan en el hospital católico de La
Tortuga sus prácticas académicas.
El centro
cultural está cerrado, aunque algunas labores exteriores de remozamiento y
pintura parecen anticipar una próxima revitalización. También dejó de funcionar
la caja de ahorros, mientras que la cooperativa de mujeres trabaja a bajo
ritmo. Los Hermanos de La Salle llevan adelante, con mucho mérito, una ambiciosa
obra de canalización de agua potable, que cuando la visité estaba a punto de
concluir con éxito; será un paso enorme para las personas que se beneficien de
ella, porque el agua de que disponen en La Tortuga depende directamente de las
lluvias, y estas son muy irregulares. La única tienda de reprografía de la
isla, complementada con venta de material escolar, libros, encuadernación,
trabajo con fotografías, servicios informáticos, etc., que han montado los
Hermanos de La Salle en Los Palmistes, está ayudando a taponar algunos agujeros
económicos, pero todo es poco. Además, ¿quién sabe cuánto va a durar en esas
condiciones?
Hacia un modelo de misión diferente.- Llega el momento de
dejar La Tortuga, aunque el ciclón "Érika" me ha regalado una
inesperada prórroga de un par de días, en los que no era prudente salir a
navegar. El Hermano Carlos, argentino, que me ha acompañado en todo momento
durante mi periplo por la isla, me conduce al embarcadero: hay que hacerse a la
mar. Él es, en todo, una persona optimista, pero yo no las tengo todas conmigo.
En cualquier caso, el nombre del barco que me va a trasladar a La Española me
tranquiliza: God's good.
Sí, Dios es
bueno y seguro que sostiene e impulsa a mi amigo Carlos; al Hermano Antonio,
español, incansable ingeniero de las cañerías; al Padre William, párroco de
Nuestra Señora de Los Palmistes, que hoy es solo una de las tres parroquias
católicas de la isla; a la Hermana Rema, del hospital, con la que tantas dificultades
de comunicación tuve, porque solo habla sus lenguas de Tanzania y el créole de La Tortuga, pero de la que me
llevo su diáfana y sonriente bondad natural; al Hermano Andy, responsable de la
educación católica en Los Palmistes; a Bob, el chico de la tienda de fotocopias...
Latotí, como denominan los haitianos a
La Tortuga, saldrá adelante, y su misión católica también, por supuesto. Pero tendrá
que hacerlo, sin duda, de otra manera: echándole imaginación y ganas a
raudales, derrochando generosidad sin tregua en el trabajo, y confiando, a
pesar de todo, en el constante favor de Dios, Padre de todos, que, aunque a
veces no lo parezca, continúa siendo Señor de la historia y del mundo.
Josean
Villalabeitia
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