Artículo redactado por el Hermano Constantius, traducido y actualizado por Antonio Hernández Baca. Dedicado a todos los estudiantes lasalianos del mundo
Fundador del Instituto de
los Hermanos de las Escuelas Cristianas, reformador educativo y padre de la
pedagogía moderna. Nació en Reims, Francia el 30 de abril de 1651 y murió en
Saint-Yon, Rouen, el Viernes Santo 7 de abril de 1719. La familia de la Salle
tiene sus orígenes en Johan Salla, quien, a principios del siglo IX fue
comandante en jefe de las fuerzas reales de Alfonso el Casto de Castilla. No
fue, sin embargo, sino hasta alrededor de 1350 que la rama menor de esta
familia, de la cual descendió nuestro santo, se mudó a Francia y se estableció
en Champagne. Juan Bautista fue el primogénito de Luis de la Salle y Nicolle de
Moet de Brouillet. Sus padres fueron muy solícitos con la educación de su hijo,
especialmente en lo relativo con su desarrollo moral e intelectual. Después de
su preparación inicial, fue enviado al Colegio des Bons Enfants, donde cursó
sus estudios superior y, el 10 de julio de 1669, obtuvo el grado de Maestro en
Artes. El canónigo Pierre Dozet, canciller de la Universidad de Reims, presidio
las sesiones académicas y, aprovechando su puesto, pudo estudiar el carácter de
su joven primo, de la Salle, resultando en su decisión de renunciar a su
canonjía en su favor. Louis de la Salle, sin embargo, acariciaba la esperanza
de que Juan Bautista escogería la carrera de abogado y continuaría con la
tradición de la familia. Pero el joven de la Salle insistió en que sentía el
llamado de servir a la Iglesia y por lo tanto, recibió la tonsura clerical el
11 de marzo de 1662 y fue instalado solemnemente como canónigo de la Sede
Metropolitana de Reims el 7 de enero de 1667.
Cuando de la Salle hubo completado sus cursos clásicos,
literarios y filosóficos y se graduó, fue enviado a Paris al seminario de San
Sulpicio el 18 de octubre de 1670. Durante su residencia en el seminario,
asistió a clases de teología en la Sorbona. Allí, bajo la dirección de Louis
Tronson, progresó de tal modo en la virtud que M. Lechassier, superior general
de la congregación de Sn. Sulpicio, dejó el siguiente testimonio: "De la
Salle fue un constante observador de la regla. Su conversación fue siempre agradable
e irreprochable. Parece que nunca ha ofendido a nadie, ni ha incurrido en
censura por parte de nadie." En el seminario, de la Salle se distinguió
por su piedad y por el vigor de su progreso intelectual y la habilidad con la
cual manejaba asuntos teológicos. Nueve meses después de su llegada a Paris, su
madre murió el 19 de julio de 1671 y el 9 de abril de 1672, su padre falleció.
Dicha circunstancia lo obligó a dejar San Sulpicio el 19 de abril de 1672. Aún
no tenía veintiún años y ya era el jefe de su familia y por consiguiente tenía
la responsabilidad de educar a sus hermanos. Su atención se dedicó a los
asuntos domésticos y mantuvo una administración discreta y casi empresarial. El
canónigo Blain decía que en esta época padeció muchos temores. Desconfiando de
su propia inteligencia, de la Salle tenía el recurso de la oración y de
asesores discretos, entre ellos, Nicolas Roland, canónigo y teólogo de Reims,
un hombre de gran discernimiento espiritual. Actuando bajo la dirección del
ultimo, el futuro fundador fue ordenado subdiácono en Cambrai por el Arzobispo
Ladislas Jonnart el 2 de junio de 1672.

A pesar de ser el principal instrumento en la apertura de
estas escuelas elementales. Se sentía inconscientemente atraído al trabajo.
Diariamente visitaba a los maestros para animarlos o sugerirles métodos
prácticos para obtener resultados específicos. Pero cuando descubrió que los
maestros se desanimaban debido a la falta de guía adecuada después de las horas
en la escuela, procedió a juntarlos para poder dirigirlos y darles lecciones
prácticas de empleo útil del tiempo y para prevenir golpes y disgustos. No solo
los ayudaba en clase y después de clases, sino que les alivió la vida.
Inclusive los admitió a su mesa y después los acogió bajo su propio techo. Por
consiguiente se fueron acercando cada vez más, formando una hermandad íntima
con los maestros de los pobres. "Fue sin duda," decía Mons. Guibert,
"el amor lo que indujo a de la Salle a dedicarse a los jóvenes maestros de
Reims. Estaban como ovejas abandonadas sin un pastor. Asumió la responsabilidad
de unirlos." Entonces de la Salle no tenía planes definitivos para el
futuro, inclusive en junio de 1682, cuando mudó su pequeña comunidad a la
vecindad de la Rue Nueve. Simplemente se mantuvo listo para seguir la guía de
la providencia. Renunció a su canonjía en julio de 1683 y distribuyó su fortuna
entre los pobres en el invierno de 1684, dando pruebas convincentes de que no
dudaría en hacer cualquier sacrificio que fuera necesario para completar el
trabajo que había comenzado. Pere Barre le aconsejó a de la Salle que dejara
cualquier cosa que pudiera distraer su atención de lograr la gloria de Dios. En
respuesta a las serias recomendaciones de sus amigos respondió: "Debo
hacer el trabajo de Dios y si lo peor debe pasar roguemos al Señor por
fuerza." La confianza en la Providencia Divina fue algo imprescindible
para la fundación de las Escuelas Cristianas.

A partir de 1702, el fundador pasó por un largo período
de prueba, agravado por la persecución por parte de ciertas autoridades
eclesiásticas. En noviembre de 1702, fue depuesto por el cardenal de Noailles y
sustituido durante algún tiempo por el Rev. B. Bricot. En 1703 uno de sus más
confiables discípulos, Nicolas Vuvart, lo dejó. Durante los siguientes diez
años el santo fundador se vio envuelto en una serie de dificultades para la
preservación de su instituto, en el curso de los cuales su nombre fue atacado y
se le negó justicia en los tribunales civiles. Después de treinta y cinco años
de trabajo duro, su labor parecía estar al borde del fracaso. Su confianza en
Dios era tan firme que en realidad nunca se desanimó. Convocó un capítulo con
el propósito de solidificar el trabajo y para elegir a un superior general.
Pretendía tener un hermano ya elegido mientras el vivía y así perfeccionar el
gobierno del instituto de acuerdo con la regla que él había formulado. La
elección de los hermanos reunidos recayó en el hermano Barthelemy, un hombre
estimado por todos debido a su sapiencia y virtud. El instituto era ahora un
hecho consumado. Y desde la primera entrevista con Adrien Nyel en 1679, de la
Salle pertenecía por completo a los hermanos, compartiendo con ellos la rigidez
de la labor y la observancia de la regla común. Nunca les permitió dedicarse a
otros asuntos.


· La enseñanza del arte de leer en escuelas primarias,
por medio de la lengua vernácula, es mucho más útil que con los textos latinos.
· La lengua vernácula es más fácil de enseñar a los niños, quienes ya tienen
algún conocimiento de la misma, que el latín, del cual son completamente
ignorantes. · Se requiere considerablemente menos tiempo para aprender el arte
de leer en vernácula que en una lengua extranjera. · Los niños y niñas que
asisten a las escuelas primarias, pueden solo permanecer unos pocos años en
instrucción. Ahora, si se les enseña a leer de un texto latino, generalmente
dejarán la escuela sin ser capaces de leer en la lengua vernácula, y con un
imperfecto conocimiento de cómo leer en latín. Así pues, pronto olvidarán lo
poco que aprendieron. · Leer es uno de los métodos más eficaces de adquirir
conocimiento. Seleccionando cuidadosamente los libros, los niños que puedan
leer en la lengua vernácula pueden llevar la doctrina cristiana dentro del
círculo familiar y, por las noches, leer algunos libros útiles o instructivos a
la familia reunida; si solo pudieran leer latín, sin entenderlo, resultarían
privados de muchos beneficios valiosos resultantes de la lectura inteligente de
un buen libro. · Es imposible para los niños de escuelas primarias dominar la
lectura de textos latinos, porque no están conscientes de la importancia del
asunto. Es, por lo tanto, parte de la sabiduría de entrenar a los niños
metódicamente la lectura inteligente de trabajos escritos en la lengua
vernácula. Por lo tanto, habiendo dominado el arte de leer en vernácula, unos
cuantos meses podrían ser suficientes para que lean el latín de forma fluída,
mientras que por el método tradicional, ello requiere de varios años. [Annales
de l'Institut, I (1883), pp. 140, 141].
Este hecho prueba que de la Salle era un profundo
pensador, un genio de la educación popular. Abarcó a todas las clases y
condiciones de la sociedad. Haciendo las escuelas -populares gratuitas, abarcó
las necesidades crecientes de la sociedad en su tiempo y en todos los tiempos.
Ninguna fase del problema educativo escapó a su penetrante visión.
Debido a que de la Salle está especialmente identificado
con el "Método Simultáneo" de enseñanza, una explicación del métodos
y su historia probará el interés del educador. Mediante el "Método
Simultáneo," los alumnos se clasifican de acuerdo a su capacidad,
colocando a aquéllos con alcances similares en la misma clase, dándoles los
mismos libros de texto y pidiéndoles que tomen la misma lección con el mismo
maestro. Este método ha pasado la prueba del tiempo y la experiencia, y es el
que los hermanos de las escuelas cristianas y la mayoría de las instituciones
educativas siguen utilizando actualmente. Como toda idea fructífera, el
"Método Simultáneo" no es resultado exclusivo de un solo hombre.
Difiere notablemente del sistema universitario de la edad media. Los jesuitas
organizaban cada clase en subdivisions; cada division estaba comandada por un
alumno avanzado llamado decurión, a quien los niños repetían sus lecciones cada
determinado tiempo, mientras que los maestros corregían ejercicios u oían las
lecciones de alumnos particulares. Después, toda la clase recibía explicaciones
del maestro. Sn. Pedro Fourier (1565-1640) vio en la educación cristiana el
remedio para muchos de los desórdenes existentes entre los pobres y la clase
trabajadora. Anticipó más de uno de nuestras modernas mejoras educativas. De
hecho, fue uno de los primeros en aplicar algunos de los principios del
"Método Simultáneo." En sus constituciones, se prescribe que mientras
pueda realizarse, todos los alumnos en la misma clase deben tener cada uno el
mismo libro, con el fin de que mientras uno lee la lección en voz alta, todos
los demás la están oyendo y siguiéndola en sus libros al mismo tiempo, puede
aprenderse así más pronto, más eficazmente y con mayor perfección. De este
modo, el principio del "Método Simultáneo," queda, por primera vez,
claramente establecido. Sin embargo, cuando entra en detalles prácticos, parece
perder la perspectiva del principio que establece. En el siguiente párrafo de
las Constituciones, se indica que la tutora debe llamar a dos alumnos a la vez
y colocarlos a ambos lados del escritorio. El pupilo más avanzado leerá la
lección; el otro escuchará; este es el método individual. Para los discípulos
más pequeños, recomienda que cuatro o seis se acerquen a la vez al escritorio y
utilicen algunas tarjetas que contengan letras o sílabas. (Sommaire
des Constitutions des Religieuses de la Congrégation de Notre-dame, 1649, 3rd
part.)

Los alumnos siguen la misma lección, observan estricto
silencio, el maestro al corregir a uno, corrige a todos. Esta es la esencia del
"Método Simultáneo." De la Salle generaliza el principio para todas
las lecciones, así pues: En toda lección de tarjetas de alfabeto, silabarios y
otros libros, ya sea en francés o en latín, e inclusive durante aritmética,
mientras uno lea, todos los demás de la misma clase deberán seguir, esto es,
ellos leerán de sus libros sin hacer ruido con sus labios, lo que el que está
leyendo pronuncie en voz alta de su libro. (Conduite des écoles chrétiennes,
Avignon, 1724)
Con razón ha dicho Matthew Arnold, hablando de este
manual del método: "Trabajos posteriores al mismo respecto poco han
mejorado estos preceptos." En la administración de las escuelas
cristianas, de la Salle establece concisamente las siguientes reglas prácticas
para ensañar metódicamente:

Es verdad, que de la Salle, al establecer su instituto,
tenía en mente, principalmente la escuela primaria y elemental, la cual fue la
real razón de ser de la existencia de los hermanos de las Escuelas Cristianas.
Fue el organizador de la instrucción pública de su tiempo y ningun maestro de
pedagogía le negará esa distinción. Pero, si bien la escuela primaria fue el
principal trabajo de la Salle, hubo aún otro campo de trabajo, el cual revela
su gran genio. Al principio del siglo dieciocho, se enfrentó con condiciones
perplejamente singulares. La creciente generación estaba cansada de glorias
pasadas, disgustada con el presente y ansiaba lograr renombre en campos
inexplorados de la actividad humana. Mientras la educación llegaba más a las
masas, a la luz de la instrucción llegaron nuevas ideas, nuevas ocupaciones,
nuevas empresas y un parte aguas de la civilización, con el deseo de luchar con
problemas que surgían de las nuevas condiciones. Aún aquellos entrenados en
métodos tradicionales se daban cuenta de un gran cambio en los hombres y las
cosas. Sentían que había algo especial en el nuevo sistema de educación. Con
sus hijos experimentaron el espíritu del mundo que respiraba en la moribunda
civilización de Luis XIV. El horizonte político había cambiado, la sociedad se
volvió más degenerada, el mundo intelectual despertó y salió de su letargo,
asumiendo una actitud más despierta y aspirando a mayor libertad en el campo
del pensamiento y la investigación. De la Salle había sido golpeado por la
seria grieta en la instrucción reservada a los niños acomodados, quienes eran
dedicados a las profesiones liberales. Así, mientras organizaba la escuela
primaria, también creó, en 1705 un establecimiento especial desconocido hasta
entonces en el mundo educativo. Esta nueva creación fue el internado en
Saint-Yon, donde inauguró el sistema de la moderna instrucción secundaria.
Saint-Yon fue el modelo para dichos colegios y el de Passy, Paris, se convirtió
en el ejemplo moderno de instituciones similares en Francia y en cualquier otro
lugar. M. Drury, en su reporte acerca de la educación técnica, dice que Francia
está, indudablemente en deuda con de la Salle por la instalación y
popularización práctica de esa forma de instrucción.
Así, desde la creación del instituto, hubo una adaptación
constante de programas dedicados a las necesidades creadas por las
transformaciones sociales que tenían lugar. Esta flexibilidad, que contrastaba
con la rigidez de los programas universitarios, causó sorpresa y no poca
oposición entre los representantes de la autoridad académica de aquellos días.
La instrucción dada en el colegio fundado por de la Salle y sus sucesores se
adaptaba peculiarmente a las necesidades de una clase muy interesante de
jóvenes. Las reformas educativas así planeadas y realizadas por él evidenciaron
que la providencia lo había destinado a ser el legislador de la educación
elemental, así como el creador del nuevo sistema de entrenamiento intelectual,
combinando la precisión del método tradicional con el enfoque más amplio del
nuevo. Nada más natural que de la Salle, quien había asimilado lo mejor que el
siglo diecisiete pudo dar y quien había notado la ineficiencia del viejo
sistema para satisfacer los requisitos de las nuevas condiciones creara
escuelas que fueran entonces y que siguen siendo, la admiración de los
educadores. Los internados fundados por de la Salle para la moderna instrucción
secundaria son, una creación distinta. La fecha del de Saint-Yon es 1705.
Después añadió una escuela técnica para desarrollar las habilidades mecánicas
de los estudiantes y también un jardín especial para botánica.

Alain dice que las primeras escuelas normales fueron los
noviciados de las órdenes educativas. Pero no había escuelas normales para maestros
laicos. De la Salle frecuentemente recibía peticiones del clero para que
enviara a un hermano para manejar sus escuelas. Esta solicitud era rechazada,
porque había establecido en la regla que no habría menos de dos hermanos en
cada escuela. Por lo tanto, ofreció abrir un seminario para maestros, una
institución en la cual los jóvenes serían entrenados en los principios y
prácticas de los nuevos métodos de enseñanza. La escuela normal fue abierta en
Reims en 1684. Sin duda, trece años antes que Francke organizara su clase para
maestros en Halle y cincuenta años antes de que Hecker fundara el colegio
normal prusiano en Stettin, de la Salle había desarrollado un programa el cual
es considerado excelente aún hoy en día. El mismo año estableció, para jóvenes
destinados a ser hermanos, una academia cristiana, o noviciado preparatorio, en
el cual se les enseñaba ciencias, literatura y los principios de la pedagogía
científica.
De la Salle está considerado el mayor de los educadores
avanzados del siglo dieciocho y entre los más grandes pensadores y reformadores
educativos de todos los tiempos. Su sistema abarca lo mejor en métodos
educativos modernos. Dio ímpetu al elevado progreso educativo que distingue a
los tiempos modernos, y confirió a sus propios discípulos y a los educadores en
general, un sistema de enseñanza adaptable a los deseos de la juventud
estudiante en cada país. Pero fue especialmente como sacerdote que Juan
Bautista de la Salle amó su vocación como educador. Como San Ignacio de Loyola,
quedó probado que tenía el derecho de enseñar la doctrina cristiana. Reclamando
este privilegio, de la Salle actuó guiado por los motivos más puros y elevados.
No había nada oculto en sus planes educativos. Era demasiado sabio como para no
darse cuenta de que los más útiles hijos de la Iglesia deben estar entre los
más hábiles en los aspectos humanos. El entrenamiento intelectual estaba
complementado por un curso completo de moral cristiana. El hombre tenía un
destino y el maestro debía inculcar su verdad cultivando y desarrollando las
virtudes teológicas en las almas de los niños.
Este pensamiento parece haber estado constantemente en la
mente y el alma de de la Salle, cuando diseñó esos excelentes programas para
sus escuelas, colegios e instituciones técnicas- Su principio pedagógico era
que nada humano debía ser extraño a los estudiantes y que la enseñanza de la
ciencia y las letras no le quitaba nada al maestro de su ministerio como
apóstol. En septiembre de 1713, Clemente XI escribió la bula "Unigenitus,"
condenando los errores de Quesnel, escritos en sus "Reflexiones
Morales;" M. de Montmartin, Obispo de Grenoble, promulgó la bula en una
circular en febrero de 1714. De la Salle estaba entonces de retiro en Parmenie.
Cuando dejó este lugar, entró a la arena para defender a la Iglesia del
jansenismo. Reunió a los hermanos de Grenoble y les explicó el significado de
la bula, con el fin de salvaguardar la pureza de la fe. Insatisfecho con esta
manifestación de lealtad, publicó varios artículos en defensa de la doctrina
verdadera. Esto irritó a los jansenistas, pero su oposición solo sirvió para
dar mayor luster a la pureza de su fe y su celo. Era un campeón valiente y
desprendido, y parecía olvidar su habitual calma y reserva cuando era cuestión
de la integridad y pureza de la fe. Para mostrar su apego inviolable a la
Iglesia y al Soberano Pontífice, siempre firmaba Sacerdote Romano.
"Apéguense a lo que es de fe," les escribe a los hermanos;
"eviten las novedades; sigan las tradiciones de la Iglesia; reciban solo
lo que ella recibe; condenen lo que condena; aprueben lo que aprueba; ya sea
por los Concilios o por los Soberanos Pontífices. En todas las cosas ríndanle
pronta obediencia." Estaba ansioso de ir a Roma a postrarse a los pies del
Papa y pedirle su bendición para el instituto. Sin embargo, incapaz de ir él
mismo, envió al hermano Gabriel Drolin a establecer allí una escuela en 1700.
Inclusive el consuelo de ver su regla aprobada por la Santa Sede le fue negado,
porque ya tenía casi seis años de haber muerto cuando, el 26 de febrero de
1725, Benedicto XIII, por bula "In apostolicae dignitatis solio,"
puso el sello de aprobación al instituto, dando a los miembros el poder de
enseñar y explicar la doctrina cristiana y constituir una congregación
religiosa.

Los principales escritos que dejó a sus hijos
espirituales son: "Conduite des écoles" (1717), un tratado de método
pedagógico, presentando principios fundamentales de manera científica. Es
notable que los métodos ahí dados no han cambiado considerablemente desde el
tiempo de su autor y que los principios asentados son tan aplicables hoy como
lo fueron cuando se escribieron. "Les Règles de la bienséance et de la
civilité chrétiennes," es un volumen escrito en 1695 y se usa como un
tratado sobre educación y como un texto para la lectura de manuscritos. El
estilo es sencillo y directo. Contiene excelentes reglas para buenas maneras.
"Les devoirs du chrétien," (1713), una exposición simple y precisa de
la doctrina cristiana es notable por su adecuación y por las lecciones
prácticas que inculca. Se pretendió que fuera un libro de lectura y un
catecismo. Sigue en uso en algunas escuelas y colegios. "Recueil de
différents petits traités à Pusage des Frères des Ecoles chrétiennes"
(1711) es un tratado notable, estableciendo en términos notablemente sencillos
los principios fundamentales de la vida religiosa. Abunda en citas escriturísticas
y es una guía valiosa para aquéllos personas que buscan la perfección.
"Explication de la méthode d'oraison" (1ª Ed. Impresa 1739). En
cuanto a claridad y adaptación, este método de oración mental se adecua
perfectamente a las necesidades de los hermanos. Apela a cada grado de
capacidad, para que todos puedan encontrar el alimento espiritual para su
condición especial y estado de perfección. "Méditations pour le temps de
la Retraite" (1730), escrito para los ejercicios del retiro anual y, combinando
los principios de la vida espiritual con pedagogía, tiende a promover el
apostolado cristiano en la escuela. Estas meditaciones contienen algunos de los
mejores principios de pedagogía jamás enunciados. "Méditations pour tous
les Dimanches de Panée, avec les Evangiles de tous les Dimanches; Méditations
pour les principales fêtes de Panée" (Rouen, 1710), es un epítome de la
doctrina espiritual, basado en los Evangelios del año y aplicado a las
necesidades de la profesión de enseñan y los principios de la vida religiosa.
Este tratado revela la grandeza de de la Salle y lo muestra como un hombre de
profunda convicción religiosa. Su lenguaje siempre es simple, directo y
vigoroso.
Actualmente, el Instituto se encuentra presente en 85
países, contando con más de 750,000 alumnos y 60,000 colaboradores seglares que
trabajan con los hermanos; trabajan prácticamente en todos los países de
América Latina. El instituto se divide en regiones y distritos. Ha habido 26
superiores generales a partir del hermano Barthélemy; el superior general
actual, es el hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, originario de Costa Rica y
electo en el año 2000.

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Institutions (Hartford); JUSTINUS, The Educational System of the Brothers of
the Christian Schools in France; Report of the Commissioner of Education
(Washington, 1898-1899). Sitio Web del Instituto de los Hermanos de
las Escuelas Cristianas http://www.lasalle.org
Para leer el artículo en la web: pinchar AQUÍ.
Gracias San Juan Bautista RUEGA POR NOSOTROS
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