Artículo redactado por el Hermano Constantius, traducido y actualizado por Antonio Hernández Baca. Dedicado a todos los estudiantes lasalianos del mundo

Fundador del Instituto de
los Hermanos de las Escuelas Cristianas, reformador educativo y padre de la
pedagogía moderna. Nació en Reims, Francia el 30 de abril de 1651 y murió en
Saint-Yon, Rouen, el Viernes Santo 7 de abril de 1719. La familia de la Salle
tiene sus orígenes en Johan Salla, quien, a principios del siglo IX fue
comandante en jefe de las fuerzas reales de Alfonso el Casto de Castilla. No
fue, sin embargo, sino hasta alrededor de 1350 que la rama menor de esta
familia, de la cual descendió nuestro santo, se mudó a Francia y se estableció
en Champagne. Juan Bautista fue el primogénito de Luis de la Salle y Nicolle de
Moet de Brouillet. Sus padres fueron muy solícitos con la educación de su hijo,
especialmente en lo relativo con su desarrollo moral e intelectual. Después de
su preparación inicial, fue enviado al Colegio des Bons Enfants, donde cursó
sus estudios superior y, el 10 de julio de 1669, obtuvo el grado de Maestro en
Artes. El canónigo Pierre Dozet, canciller de la Universidad de Reims, presidio
las sesiones académicas y, aprovechando su puesto, pudo estudiar el carácter de
su joven primo, de la Salle, resultando en su decisión de renunciar a su
canonjía en su favor. Louis de la Salle, sin embargo, acariciaba la esperanza
de que Juan Bautista escogería la carrera de abogado y continuaría con la
tradición de la familia. Pero el joven de la Salle insistió en que sentía el
llamado de servir a la Iglesia y por lo tanto, recibió la tonsura clerical el
11 de marzo de 1662 y fue instalado solemnemente como canónigo de la Sede
Metropolitana de Reims el 7 de enero de 1667.
Cuando de la Salle hubo completado sus cursos clásicos,
literarios y filosóficos y se graduó, fue enviado a Paris al seminario de San
Sulpicio el 18 de octubre de 1670. Durante su residencia en el seminario,
asistió a clases de teología en la Sorbona. Allí, bajo la dirección de Louis
Tronson, progresó de tal modo en la virtud que M. Lechassier, superior general
de la congregación de Sn. Sulpicio, dejó el siguiente testimonio: "De la
Salle fue un constante observador de la regla. Su conversación fue siempre agradable
e irreprochable. Parece que nunca ha ofendido a nadie, ni ha incurrido en
censura por parte de nadie." En el seminario, de la Salle se distinguió
por su piedad y por el vigor de su progreso intelectual y la habilidad con la
cual manejaba asuntos teológicos. Nueve meses después de su llegada a Paris, su
madre murió el 19 de julio de 1671 y el 9 de abril de 1672, su padre falleció.
Dicha circunstancia lo obligó a dejar San Sulpicio el 19 de abril de 1672. Aún
no tenía veintiún años y ya era el jefe de su familia y por consiguiente tenía
la responsabilidad de educar a sus hermanos. Su atención se dedicó a los
asuntos domésticos y mantuvo una administración discreta y casi empresarial. El
canónigo Blain decía que en esta época padeció muchos temores. Desconfiando de
su propia inteligencia, de la Salle tenía el recurso de la oración y de
asesores discretos, entre ellos, Nicolas Roland, canónigo y teólogo de Reims,
un hombre de gran discernimiento espiritual. Actuando bajo la dirección del
ultimo, el futuro fundador fue ordenado subdiácono en Cambrai por el Arzobispo
Ladislas Jonnart el 2 de junio de 1672.
Cuando no estaba ocupado con los deberes de su canonjía o
con sus estudios teológicos, hacía buenas obras, bajo la guía de su director
espiritual. Después de cuatro años, fue ordenado diácono en París el 21 de
marzo de 1676 por Francois Batailler, Obispo de Belén. En esta ocasión, de la
Salle obtuvo de Maurice Le Tellier, Arzobispo de Reims, el permiso para
renunciar a su canonjía y dedicarse al trabajo parroquial. Nicolas Roland lo
apresuró a dar este paso, alegando que una rica canonjía no estaba muy en
armonía con el celo y la actividad juveniles. Su arzobispo, sin embargo rechazó
su solicitud. Con humilde sumisión, de la Salle aceptó la decisión y regresó a
Reims a proseguir sus estudios y a hacer las preparaciones finales para su
ordenación sacerdotal. Fue ordenado presbítero por el Arzobispo de Reims el
sábado santo 9 de abril de 1678. El joven sacerdote fue modelo de piedad y sus
biógrafos dicen que las personas iban a su Misa para edificarse y compartir su
piedad. Después de la Misa había muchos que buscaban su consejo y se colocaban
bajo su guía espiritual. De la Salle nunca omitió la Santa Misa. En junio de
1680, tomó su examen final y se doctoró en teología. En esta etapa de su vida,
de la Salle, demostró una docilidad de espíritu, auto desprecio tales que
demostraron el carácter del hombre y del santo. En apariencia física, era de
presencia fuerte, algo más alto que el promedio y bien proporcionado. Tenía
grandes y penetrantes ojos azules y frente amplia. Sus retratos presentan una
figura de dulzura y dignidad, con inteligencia y respirando un aire de modestia
y gracia refinada. Una sonrisa juega en los finos labios e ilumina una
expresión de inteligencia y amor. Durante los pocos años que se sucedieron
entre su ordenación al sacerdocio y el establecimiento de su instituto, de la
Salle se ocupó de llevar a cabo el testamento y última voluntad de Nicolas
Roland, quien, al morir, le había confiado la recién establecida Congragación
de las Hermanas del Niño Jesús. "Tu celo la hará prosperar," le dijo
Roland. "Completarás el trabajo que he iniciado. En todo esto, el padre
Barre será tu modelo y guía." Así fue de la Salle llevado, imperceptiblemente
a su misión en la vida. "La idea nunca se me ocurrió a mí," escribió
en una memoria. " Si alguna vez hubiera pensado que tendría que lo que
hice por pura caridad con los maestros pobres iba a terminar haciendo que
viviera con ellos, hubiera renunciado al instante." Este sentimiento lo
expresó de nuevo en el ocaso de su vida en estas enfáticas palabras: "Si
Dios me hubiera revelado lo bueno que podría ser logrado por este instituto, y
de la misma manera me hubiera hecho saber las pruebas y los sufrimientos que lo
acompañarían, mi valor habría fallado, y yo nunca lo habría emprendido."
En esta época, de la Salle aún cumplía con sus funciones de canónigo. Sin
embargo, se sentía fuertemente atraído a una tarea más importante propiciado
por un mensaje de Madame Maillefer, en marzo de 1679, solicitándole que ayudara
a Adrien Nyel a abrir una escuela gratuita en Reims. Pero apenas había logrado
abrir la escuela de St-Maurice cuando calladamente se alejó, como si esa no
fuera su misión. Poco después, la apertura de otra escuela gratuita en
St-Jacques lo volvió a sacar de su reclusión, pero pronto se retiró de nuevo.
A pesar de ser el principal instrumento en la apertura de
estas escuelas elementales. Se sentía inconscientemente atraído al trabajo.
Diariamente visitaba a los maestros para animarlos o sugerirles métodos
prácticos para obtener resultados específicos. Pero cuando descubrió que los
maestros se desanimaban debido a la falta de guía adecuada después de las horas
en la escuela, procedió a juntarlos para poder dirigirlos y darles lecciones
prácticas de empleo útil del tiempo y para prevenir golpes y disgustos. No solo
los ayudaba en clase y después de clases, sino que les alivió la vida.
Inclusive los admitió a su mesa y después los acogió bajo su propio techo. Por
consiguiente se fueron acercando cada vez más, formando una hermandad íntima
con los maestros de los pobres. "Fue sin duda," decía Mons. Guibert,
"el amor lo que indujo a de la Salle a dedicarse a los jóvenes maestros de
Reims. Estaban como ovejas abandonadas sin un pastor. Asumió la responsabilidad
de unirlos." Entonces de la Salle no tenía planes definitivos para el
futuro, inclusive en junio de 1682, cuando mudó su pequeña comunidad a la
vecindad de la Rue Nueve. Simplemente se mantuvo listo para seguir la guía de
la providencia. Renunció a su canonjía en julio de 1683 y distribuyó su fortuna
entre los pobres en el invierno de 1684, dando pruebas convincentes de que no
dudaría en hacer cualquier sacrificio que fuera necesario para completar el
trabajo que había comenzado. Pere Barre le aconsejó a de la Salle que dejara
cualquier cosa que pudiera distraer su atención de lograr la gloria de Dios. En
respuesta a las serias recomendaciones de sus amigos respondió: "Debo
hacer el trabajo de Dios y si lo peor debe pasar roguemos al Señor por
fuerza." La confianza en la Providencia Divina fue algo imprescindible
para la fundación de las Escuelas Cristianas.
Hasta este período (1684), el instituto no tenía las
características de una organización permanente. De 1694 a 1717, la lucha por la
subsistencia fue más que crítica. En 1692 el instituto estaba tan debilitado
por las muertes y renuncias que de la Salle apenas pudo encontrar dos hermanos
que estuvieran dispuestos a atarse por medio de un voto para mantener las escuelas
gratuitas. La muerte de Henri L'Heureux en diciembre de 1690, materialmente
afectó las reglas de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. De la Salle
pretendiendo que este dotado y joven hermano fuese el futuro superior de la
congregación, mantuvo la esperanza de que se ordenara sacerdote, y con esto en
mente, lo envió a París a estudiar teología en la Sorbona. Después de un
brillante curso, el Hermano Henri L'Heureux estaba listo para ordenarse, pero
antes de esto, el joven candidato enfermó y murió. La pérdida de este hermano
fue un duro golpe para el fundador. Después de pasar toda la noche en oración,
se levantó, no solo confortado, sino fortalecido e iluminado sobre el carácter
de su futuro instituto. Entonces determinó que no debería haber sacerdotes
entre los miembros de su instituto. A pesar de que había sacerdotes y hermanos
laicos en casi todas las órdenes religiosas existentes, de la Salle estaba
convencido de que era hora de un cambio en este sentido en la nueva
congregación. El hermano Lucrad, quien fuera analista del instituto, resume el
asunto así: "A partir de la muerte de Henri L'Heureux, de la Salle estuvo
convencido de que su instituto se debía fundar en la simplicidad y la humildad.
Ningún hermano podría, siguiendo en la congregación, permitirse distraerse de
sus funciones como maestro, dedicándose a estudios especiales, a la lectura del
Oficio Divino o al cumplimiento de las obligaciones del ministro sagrado."
Por lo tanto, ningún hermano puede aspirar al sacerdocio ni realizar ninguna
función sacerdotal y ningún eclesiástico puede ser miembro del instituto. Esta
fue la nueva regla que de la Salle agregó y se encuentra en la Constitución del
Instituto.
A partir de 1702, el fundador pasó por un largo período
de prueba, agravado por la persecución por parte de ciertas autoridades
eclesiásticas. En noviembre de 1702, fue depuesto por el cardenal de Noailles y
sustituido durante algún tiempo por el Rev. B. Bricot. En 1703 uno de sus más
confiables discípulos, Nicolas Vuvart, lo dejó. Durante los siguientes diez
años el santo fundador se vio envuelto en una serie de dificultades para la
preservación de su instituto, en el curso de los cuales su nombre fue atacado y
se le negó justicia en los tribunales civiles. Después de treinta y cinco años
de trabajo duro, su labor parecía estar al borde del fracaso. Su confianza en
Dios era tan firme que en realidad nunca se desanimó. Convocó un capítulo con
el propósito de solidificar el trabajo y para elegir a un superior general.
Pretendía tener un hermano ya elegido mientras el vivía y así perfeccionar el
gobierno del instituto de acuerdo con la regla que él había formulado. La
elección de los hermanos reunidos recayó en el hermano Barthelemy, un hombre
estimado por todos debido a su sapiencia y virtud. El instituto era ahora un
hecho consumado. Y desde la primera entrevista con Adrien Nyel en 1679, de la
Salle pertenecía por completo a los hermanos, compartiendo con ellos la rigidez
de la labor y la observancia de la regla común. Nunca les permitió dedicarse a
otros asuntos.
De la Salle fue siempre prudente y siempre estuvo
inspirado por Dios, por ello no cejó en darle a su instituto un carácter
positivo para cumplir su objetivo: la educación cristiana de la juventud y la
cultivación del espíritu de fe, piedad, mortificación y obediencia que debía
caracterizar a sus miembros. Su don de ganar almas para Dios y guiarlas a hacer
grandes sacrificios, se complementó con la espléndida habilidad ejecutiva que
le permitió fundar un instituto y supervisarlo y dirigir su desarrollo gradual.
Un estudio de las extraordinarias condiciones religiosas, sociales y
educacionales de la época en que de la Salle fundó el instituto muestra el
peculiar carácter de las dificultades que tuvo que enfrentar y sobrellevar. El
jansenismo había ganado adeptos en Francia y diseminado sus perniciosas
doctrinas; adoptaba disensiones internas y promovía el galicanismo, con gran
detrimento de la fe y de la lealtad a la Santa Sede. En el orden social, un
espíritu de exagerada independencia condenaba la autoridad o la ignoraba.
Cuando tales condiciones prevalecen en las clases privilegiadas, uno se
pregunta cuál sería la condición de las masas. Las interminables guerras
internas y externas, con sus correspondientes males, producían un efecto desastroso
en la gente. Las demandas exorbitantes por parte de los oficiales del ejército,
la violencia de la soldadesca, la rapiña de los supervisores, los saqueos,
hambrunas y ruina, dejaban a provincias enteras de Francia bajo el peso de
terribles sufrimientos y miseria inenarrable. Aún cuando la oscuridad del caos
interno fue momentáneamente iluminada con las espléndidas victorias en el
extranjero, el triste efecto de la Gloria del reinado de Luis XIV hizo de las
quejas en los cotos que fuesen más amargas debido a la pérdida de los seres
queridos en los campos de batalla. Las escuelas estaban pobre y negligentemente
atendidas. Los niños y la gente generalmente eran ignorantes y el vicio, de
acuerdo con las autoridades contemporáneas era flagrante en todas las clases.
De la Salle cuidadosamente estudió estas condiciones y, movido por la compasión
por los pobres, resolvió mejorar su estatus moral y social. El fundador analizó
la situación y propuso como remedio la creación de escuelas gratuitas populares
adecuadamente equipadas y a cargo de celosos maestros, quienes implantarían en
los corazones de los niños la semilla de aquellas virtudes que tendieran a
regenerar tanto a los alumnos como a sus padres. Vio que una congregación
religiosa compuesta por hombres ilustrados, ansiosos de la salvación de las
almas, podría luchar contra la irreligiosidad, el vicio y la ignorancia.
Claramente percibió que, en las condiciones peculiares que rodean a cualquier
instituto en su origen, el trabajo propuesto debería tener como fin los
requisitos especiales de la época en la que se originara. También vio que,
mientras el espíritu guiador de dicho instituto debía permanecer
fundamentalmente sin cambios, su objetivo, como organización permanente
trabajando en beneficio de la humanidad, debía tener el carácter de una fuerza
social que respondiera a las necesidades de cualquier época y país.
Las varias reformas educativas introducidas por de la
Salle probaron que legislaba sabiamente. Los cursos de estudio para las
primarias gratuitas, escuelas técnicas y colegios evidencian su amplia cultura
y gran comprensión de los problemas educativos. Así pues, si las necesidades de
una cierta localidad pedían materias especiales o si los tiempos y condiciones
demandaban ciertos estudios avanzados, de la Salle no tardaba en responder
dichas peticiones y darle a esos asuntos un lugar de acuerdo a la importancia
de su valor educativo. Aún más, de la Salle desarrolló su genio en darle a su
instituto un carácter distintivo, el de un cuerpo colegiado consagrado a
trabajar en la educación popular. De este modo, se convirtió en el creador de
un sistema de pedagogía psicológica que incluía los principios esenciales
posteriormente adoptados por otros reformadores educativos, especialmente
Pestalozzi, Fröbel y Herbart. Para la elaboración de la base vernácula de toda
la instrucción, de la Salle apela a la inteligencia del niño, preparando el
camino para el estudio de una literatura nacional y llevando al hombre adulto a
aquellas avenidas del conocimiento real. Con el enfoque científico percibió lo
absurdo de mantener los textos latinos para enseñar el arte de leer. Para dicho
cambio, él dio las siguientes razones:
· La enseñanza del arte de leer en escuelas primarias,
por medio de la lengua vernácula, es mucho más útil que con los textos latinos.
· La lengua vernácula es más fácil de enseñar a los niños, quienes ya tienen
algún conocimiento de la misma, que el latín, del cual son completamente
ignorantes. · Se requiere considerablemente menos tiempo para aprender el arte
de leer en vernácula que en una lengua extranjera. · Los niños y niñas que
asisten a las escuelas primarias, pueden solo permanecer unos pocos años en
instrucción. Ahora, si se les enseña a leer de un texto latino, generalmente
dejarán la escuela sin ser capaces de leer en la lengua vernácula, y con un
imperfecto conocimiento de cómo leer en latín. Así pues, pronto olvidarán lo
poco que aprendieron. · Leer es uno de los métodos más eficaces de adquirir
conocimiento. Seleccionando cuidadosamente los libros, los niños que puedan
leer en la lengua vernácula pueden llevar la doctrina cristiana dentro del
círculo familiar y, por las noches, leer algunos libros útiles o instructivos a
la familia reunida; si solo pudieran leer latín, sin entenderlo, resultarían
privados de muchos beneficios valiosos resultantes de la lectura inteligente de
un buen libro. · Es imposible para los niños de escuelas primarias dominar la
lectura de textos latinos, porque no están conscientes de la importancia del
asunto. Es, por lo tanto, parte de la sabiduría de entrenar a los niños
metódicamente la lectura inteligente de trabajos escritos en la lengua
vernácula. Por lo tanto, habiendo dominado el arte de leer en vernácula, unos
cuantos meses podrían ser suficientes para que lean el latín de forma fluída,
mientras que por el método tradicional, ello requiere de varios años. [Annales
de l'Institut, I (1883), pp. 140, 141].

Este hecho prueba que de la Salle era un profundo
pensador, un genio de la educación popular. Abarcó a todas las clases y
condiciones de la sociedad. Haciendo las escuelas -populares gratuitas, abarcó
las necesidades crecientes de la sociedad en su tiempo y en todos los tiempos.
Ninguna fase del problema educativo escapó a su penetrante visión.
Debido a que de la Salle está especialmente identificado
con el "Método Simultáneo" de enseñanza, una explicación del métodos
y su historia probará el interés del educador. Mediante el "Método
Simultáneo," los alumnos se clasifican de acuerdo a su capacidad,
colocando a aquéllos con alcances similares en la misma clase, dándoles los
mismos libros de texto y pidiéndoles que tomen la misma lección con el mismo
maestro. Este método ha pasado la prueba del tiempo y la experiencia, y es el
que los hermanos de las escuelas cristianas y la mayoría de las instituciones
educativas siguen utilizando actualmente. Como toda idea fructífera, el
"Método Simultáneo" no es resultado exclusivo de un solo hombre.
Difiere notablemente del sistema universitario de la edad media. Los jesuitas
organizaban cada clase en subdivisions; cada division estaba comandada por un
alumno avanzado llamado decurión, a quien los niños repetían sus lecciones cada
determinado tiempo, mientras que los maestros corregían ejercicios u oían las
lecciones de alumnos particulares. Después, toda la clase recibía explicaciones
del maestro. Sn. Pedro Fourier (1565-1640) vio en la educación cristiana el
remedio para muchos de los desórdenes existentes entre los pobres y la clase
trabajadora. Anticipó más de uno de nuestras modernas mejoras educativas. De
hecho, fue uno de los primeros en aplicar algunos de los principios del
"Método Simultáneo." En sus constituciones, se prescribe que mientras
pueda realizarse, todos los alumnos en la misma clase deben tener cada uno el
mismo libro, con el fin de que mientras uno lee la lección en voz alta, todos
los demás la están oyendo y siguiéndola en sus libros al mismo tiempo, puede
aprenderse así más pronto, más eficazmente y con mayor perfección. De este
modo, el principio del "Método Simultáneo," queda, por primera vez,
claramente establecido. Sin embargo, cuando entra en detalles prácticos, parece
perder la perspectiva del principio que establece. En el siguiente párrafo de
las Constituciones, se indica que la tutora debe llamar a dos alumnos a la vez
y colocarlos a ambos lados del escritorio. El pupilo más avanzado leerá la
lección; el otro escuchará; este es el método individual. Para los discípulos
más pequeños, recomienda que cuatro o seis se acerquen a la vez al escritorio y
utilicen algunas tarjetas que contengan letras o sílabas. (Sommaire
des Constitutions des Religieuses de la Congrégation de Notre-dame, 1649, 3rd
part.)
Comenius (o Amos Komensky, 1592-1674), en su
"didáctica Magna," pide al maestro que instruya a sus pupilos semel
et omnes simul, "todos juntos al mismo tiempo" (edit. 1647, cap. Xix,
Probl. I, Col, 102, 103). Mons. De Nesmond (1629-1715) dividió la clase en
cuatro o cinco grupos, cada uno con el mismo libro, "para que todos los
niños del mismo grupo o banca puedan recibir la misma lección y cuando uno
empiece a leer, los otros lean en voz baja al mismo tiempo" (Méthode pour
instruire en peu de temps les Enfants, p. 59). Alrededor de 1674, Charles
Démia, de Lyon adoptó el método de Mons. de Nesmond. Dio el mismo libro de
lectura a cada grupo, pidiéndoles que cada quien siguiera, con su dedo o un
marcador las palabras que estaban siendo leídas. El precursor inmediato de Sn.
Juan Bautista de la Salle fue un teórico, el autor anónimo de "Avis
touchant les Petites Ecoles" (Bibl. Nat. 40 R. 556). En este pequeño
trabajo, el cual es datado por Leopold Delisle anterior a 1680, el autor se
queja de la condición de las escuelas primarias y propone un método por el cual
un gran número de alumnos debe ser enseñado por un maestro, un libro y una voz.
La escuela, dice, debe regular que uno y un solo libro, uno y el mismo maestro,
una y una sola lección, una y solo una corrección, deben servir para todos, de
modo que cada alumno tendrá todo el tiempo y cuidaddo del maestro, como si
fuera el único alumno ( pp. 14 y 19). Es razonable suponer que de la Salle
frecuentaba las escuelas de la congregación de Notre-Dame, la cual fue fundada
en Reims en 11634, y observó el método usado por dicha congregación. En 1682,
de la Salle había organizado ya a los Hermanos de las Escuelas Cristianas y les
había enseñado el "Método Simultáneo." El hermano Azarias dice:
"Lo que san Pedro Fourier tocó, que Komensky y Mons. De Nesmond y Charles
Démia divisaban, lo que el anónimo autor no pudo descubrir y pensó realizar, es
un hecho ahora." De la Salle aplicó el Método Simultáneo no solo para
lectura como sus predecesores, sino también para catecismo, escritura,
ortografía y aritmética en las clases elementales y entonces a todas las
especialidades enseñadas en las escuelas que fundó. Es, por consiguiente, el
genio que introdujo y perfeccionó el método simultáneo en todos sus detalles
prácticos. De la Salle definitivamente apunta el "Método Simultáneo"
como aquél que deseaba que sus discípulos siguieran. No más un solo maestro
gobernando a toda la escuela; serán dos o tres, o más, de acuerdo con el número
de alumnos, cada uno tomando a aquellos con la misma capacidad y enseñándoles
juntos. Sus instrucciones al respecto son exactas: Los hermanos prestarán
especial atención a tres cosas en clase: (1) Durante las lecciones, corregir
cada palabra que el alumno que está leyendo pronuncie mal; (2) Hacer que todos
lean la misma lección; (3) Que haya estricto silencio en la escuela (Reglas
Comunes).
Los alumnos siguen la misma lección, observan estricto
silencio, el maestro al corregir a uno, corrige a todos. Esta es la esencia del
"Método Simultáneo." De la Salle generaliza el principio para todas
las lecciones, así pues: En toda lección de tarjetas de alfabeto, silabarios y
otros libros, ya sea en francés o en latín, e inclusive durante aritmética,
mientras uno lea, todos los demás de la misma clase deberán seguir, esto es,
ellos leerán de sus libros sin hacer ruido con sus labios, lo que el que está
leyendo pronuncie en voz alta de su libro. (Conduite des écoles chrétiennes,
Avignon, 1724)
Con razón ha dicho Matthew Arnold, hablando de este
manual del método: "Trabajos posteriores al mismo respecto poco han
mejorado estos preceptos." En la administración de las escuelas
cristianas, de la Salle establece concisamente las siguientes reglas prácticas
para ensañar metódicamente:
1. El maestro determina la inteligencia relativa de cada
alumno en su clase. 2. Adapta su lenguaje y explicaciones a la capacidad de su
clase y tiene cuidado en no ignorar a los pupilos más lentos. 3. Se asegura de
que los alumnos conozcan el significado de las palabras que emplea. 4. Avanza
de lo simple a lo complejo, de lo fácil a lo difícil. 5. Insiste grandemente en
la parte elemental de cada material; no avanzando sino hasta que los alumnos
tienen bases firmes... 9. Establecer pocos principios a la vez, pero
explicarlos bien... 10. Hablar mucho viendo a los alumnos, utilizando el
pizarrón. 11. Preparar con cuidado cada lección. 12. No dar malos ejemplos a
los alumnos; siempre hablar con corrección y con claridad y precisión. 13. No
emplear sino definiciones exactas y divisiones bien fundadas… 18. No asegurar
nada a menos que se esté completamente seguro de su veracidad, especialmente
hechos importantes, definiciones o principios. 19. Hacer uso frecuente del
sistema de preguntas y respuestas. (Cap. V Art. Ii, pp. 31-33)
Es verdad, que de la Salle, al establecer su instituto,
tenía en mente, principalmente la escuela primaria y elemental, la cual fue la
real razón de ser de la existencia de los hermanos de las Escuelas Cristianas.
Fue el organizador de la instrucción pública de su tiempo y ningun maestro de
pedagogía le negará esa distinción. Pero, si bien la escuela primaria fue el
principal trabajo de la Salle, hubo aún otro campo de trabajo, el cual revela
su gran genio. Al principio del siglo dieciocho, se enfrentó con condiciones
perplejamente singulares. La creciente generación estaba cansada de glorias
pasadas, disgustada con el presente y ansiaba lograr renombre en campos
inexplorados de la actividad humana. Mientras la educación llegaba más a las
masas, a la luz de la instrucción llegaron nuevas ideas, nuevas ocupaciones,
nuevas empresas y un parte aguas de la civilización, con el deseo de luchar con
problemas que surgían de las nuevas condiciones. Aún aquellos entrenados en
métodos tradicionales se daban cuenta de un gran cambio en los hombres y las
cosas. Sentían que había algo especial en el nuevo sistema de educación. Con
sus hijos experimentaron el espíritu del mundo que respiraba en la moribunda
civilización de Luis XIV. El horizonte político había cambiado, la sociedad se
volvió más degenerada, el mundo intelectual despertó y salió de su letargo,
asumiendo una actitud más despierta y aspirando a mayor libertad en el campo
del pensamiento y la investigación. De la Salle había sido golpeado por la
seria grieta en la instrucción reservada a los niños acomodados, quienes eran
dedicados a las profesiones liberales. Así, mientras organizaba la escuela
primaria, también creó, en 1705 un establecimiento especial desconocido hasta
entonces en el mundo educativo. Esta nueva creación fue el internado en
Saint-Yon, donde inauguró el sistema de la moderna instrucción secundaria.
Saint-Yon fue el modelo para dichos colegios y el de Passy, Paris, se convirtió
en el ejemplo moderno de instituciones similares en Francia y en cualquier otro
lugar. M. Drury, en su reporte acerca de la educación técnica, dice que Francia
está, indudablemente en deuda con de la Salle por la instalación y
popularización práctica de esa forma de instrucción.
Así, desde la creación del instituto, hubo una adaptación
constante de programas dedicados a las necesidades creadas por las
transformaciones sociales que tenían lugar. Esta flexibilidad, que contrastaba
con la rigidez de los programas universitarios, causó sorpresa y no poca
oposición entre los representantes de la autoridad académica de aquellos días.
La instrucción dada en el colegio fundado por de la Salle y sus sucesores se
adaptaba peculiarmente a las necesidades de una clase muy interesante de
jóvenes. Las reformas educativas así planeadas y realizadas por él evidenciaron
que la providencia lo había destinado a ser el legislador de la educación
elemental, así como el creador del nuevo sistema de entrenamiento intelectual,
combinando la precisión del método tradicional con el enfoque más amplio del
nuevo. Nada más natural que de la Salle, quien había asimilado lo mejor que el
siglo diecisiete pudo dar y quien había notado la ineficiencia del viejo
sistema para satisfacer los requisitos de las nuevas condiciones creara
escuelas que fueran entonces y que siguen siendo, la admiración de los
educadores. Los internados fundados por de la Salle para la moderna instrucción
secundaria son, una creación distinta. La fecha del de Saint-Yon es 1705.
Después añadió una escuela técnica para desarrollar las habilidades mecánicas
de los estudiantes y también un jardín especial para botánica.
Ya había escuelas dominicales antes del siglo diecisiete.
Pero la Academia Cristiana, fundada por de la Salle para adultos en la
parroquia de San Sulpicio, en 1699, era diferente, la primera de su tipo en la
historia de la educación. El programa de esta academia, o escuela dominical,
incluía no solo las materias ordinarias enseñadas en las otras escuelas
dominicales, sino que añadía geometría, arquitectura y dibujo.
Alain dice que las primeras escuelas normales fueron los
noviciados de las órdenes educativas. Pero no había escuelas normales para maestros
laicos. De la Salle frecuentemente recibía peticiones del clero para que
enviara a un hermano para manejar sus escuelas. Esta solicitud era rechazada,
porque había establecido en la regla que no habría menos de dos hermanos en
cada escuela. Por lo tanto, ofreció abrir un seminario para maestros, una
institución en la cual los jóvenes serían entrenados en los principios y
prácticas de los nuevos métodos de enseñanza. La escuela normal fue abierta en
Reims en 1684. Sin duda, trece años antes que Francke organizara su clase para
maestros en Halle y cincuenta años antes de que Hecker fundara el colegio
normal prusiano en Stettin, de la Salle había desarrollado un programa el cual
es considerado excelente aún hoy en día. El mismo año estableció, para jóvenes
destinados a ser hermanos, una academia cristiana, o noviciado preparatorio, en
el cual se les enseñaba ciencias, literatura y los principios de la pedagogía
científica.
De la Salle está considerado el mayor de los educadores
avanzados del siglo dieciocho y entre los más grandes pensadores y reformadores
educativos de todos los tiempos. Su sistema abarca lo mejor en métodos
educativos modernos. Dio ímpetu al elevado progreso educativo que distingue a
los tiempos modernos, y confirió a sus propios discípulos y a los educadores en
general, un sistema de enseñanza adaptable a los deseos de la juventud
estudiante en cada país. Pero fue especialmente como sacerdote que Juan
Bautista de la Salle amó su vocación como educador. Como San Ignacio de Loyola,
quedó probado que tenía el derecho de enseñar la doctrina cristiana. Reclamando
este privilegio, de la Salle actuó guiado por los motivos más puros y elevados.
No había nada oculto en sus planes educativos. Era demasiado sabio como para no
darse cuenta de que los más útiles hijos de la Iglesia deben estar entre los
más hábiles en los aspectos humanos. El entrenamiento intelectual estaba
complementado por un curso completo de moral cristiana. El hombre tenía un
destino y el maestro debía inculcar su verdad cultivando y desarrollando las
virtudes teológicas en las almas de los niños.
Este pensamiento parece haber estado constantemente en la
mente y el alma de de la Salle, cuando diseñó esos excelentes programas para
sus escuelas, colegios e instituciones técnicas- Su principio pedagógico era
que nada humano debía ser extraño a los estudiantes y que la enseñanza de la
ciencia y las letras no le quitaba nada al maestro de su ministerio como
apóstol. En septiembre de 1713, Clemente XI escribió la bula "Unigenitus,"
condenando los errores de Quesnel, escritos en sus "Reflexiones
Morales;" M. de Montmartin, Obispo de Grenoble, promulgó la bula en una
circular en febrero de 1714. De la Salle estaba entonces de retiro en Parmenie.
Cuando dejó este lugar, entró a la arena para defender a la Iglesia del
jansenismo. Reunió a los hermanos de Grenoble y les explicó el significado de
la bula, con el fin de salvaguardar la pureza de la fe. Insatisfecho con esta
manifestación de lealtad, publicó varios artículos en defensa de la doctrina
verdadera. Esto irritó a los jansenistas, pero su oposición solo sirvió para
dar mayor luster a la pureza de su fe y su celo. Era un campeón valiente y
desprendido, y parecía olvidar su habitual calma y reserva cuando era cuestión
de la integridad y pureza de la fe. Para mostrar su apego inviolable a la
Iglesia y al Soberano Pontífice, siempre firmaba Sacerdote Romano.
"Apéguense a lo que es de fe," les escribe a los hermanos;
"eviten las novedades; sigan las tradiciones de la Iglesia; reciban solo
lo que ella recibe; condenen lo que condena; aprueben lo que aprueba; ya sea
por los Concilios o por los Soberanos Pontífices. En todas las cosas ríndanle
pronta obediencia." Estaba ansioso de ir a Roma a postrarse a los pies del
Papa y pedirle su bendición para el instituto. Sin embargo, incapaz de ir él
mismo, envió al hermano Gabriel Drolin a establecer allí una escuela en 1700.
Inclusive el consuelo de ver su regla aprobada por la Santa Sede le fue negado,
porque ya tenía casi seis años de haber muerto cuando, el 26 de febrero de
1725, Benedicto XIII, por bula "In apostolicae dignitatis solio,"
puso el sello de aprobación al instituto, dando a los miembros el poder de
enseñar y explicar la doctrina cristiana y constituir una congregación
religiosa.
Los últimos años de de la Salle pasaron en retiro en
Saint-Yon. Allí revisó la regla antes de dársela al hermano Barthélemy, el
primer superior general. Durante los últimos días de su vida, mostró el mismo
espíritu de sacrificio que marcaron sus primeros años. En la Semana Santa de
1719, dio signos indudables de que el final estaba cerca. El Jueves Santo, a
petición del hermano Barthélemy, bendijo a los hermanos reunidos junto a su
lecho y les dijo sus últimas palabreas de consejo. Sus últimas palabras fueron:
"Adoro en todo la voluntad de Dios para conmigo." En la mañana del
Viernes Santo, 7 de abril de 1719, entregó su alma al Creador. Fue beatificado
el 19 de febrero de 1888 y canonizado por León XIII el 24 de mayo de 1900. En
1950, a causa de su vida, su obra y sus escritos inspirados, recibió el título
de Santo Patrono de los que trabajan en el ámbito de la educación. Su fiesta es
el 15 de mayo.
Los principales escritos que dejó a sus hijos
espirituales son: "Conduite des écoles" (1717), un tratado de método
pedagógico, presentando principios fundamentales de manera científica. Es
notable que los métodos ahí dados no han cambiado considerablemente desde el
tiempo de su autor y que los principios asentados son tan aplicables hoy como
lo fueron cuando se escribieron. "Les Règles de la bienséance et de la
civilité chrétiennes," es un volumen escrito en 1695 y se usa como un
tratado sobre educación y como un texto para la lectura de manuscritos. El
estilo es sencillo y directo. Contiene excelentes reglas para buenas maneras.
"Les devoirs du chrétien," (1713), una exposición simple y precisa de
la doctrina cristiana es notable por su adecuación y por las lecciones
prácticas que inculca. Se pretendió que fuera un libro de lectura y un
catecismo. Sigue en uso en algunas escuelas y colegios. "Recueil de
différents petits traités à Pusage des Frères des Ecoles chrétiennes"
(1711) es un tratado notable, estableciendo en términos notablemente sencillos
los principios fundamentales de la vida religiosa. Abunda en citas escriturísticas
y es una guía valiosa para aquéllos personas que buscan la perfección.
"Explication de la méthode d'oraison" (1ª Ed. Impresa 1739). En
cuanto a claridad y adaptación, este método de oración mental se adecua
perfectamente a las necesidades de los hermanos. Apela a cada grado de
capacidad, para que todos puedan encontrar el alimento espiritual para su
condición especial y estado de perfección. "Méditations pour le temps de
la Retraite" (1730), escrito para los ejercicios del retiro anual y, combinando
los principios de la vida espiritual con pedagogía, tiende a promover el
apostolado cristiano en la escuela. Estas meditaciones contienen algunos de los
mejores principios de pedagogía jamás enunciados. "Méditations pour tous
les Dimanches de Panée, avec les Evangiles de tous les Dimanches; Méditations
pour les principales fêtes de Panée" (Rouen, 1710), es un epítome de la
doctrina espiritual, basado en los Evangelios del año y aplicado a las
necesidades de la profesión de enseñan y los principios de la vida religiosa.
Este tratado revela la grandeza de de la Salle y lo muestra como un hombre de
profunda convicción religiosa. Su lenguaje siempre es simple, directo y
vigoroso.
Actualmente, el Instituto se encuentra presente en 85
países, contando con más de 750,000 alumnos y 60,000 colaboradores seglares que
trabajan con los hermanos; trabajan prácticamente en todos los países de
América Latina. El instituto se divide en regiones y distritos. Ha habido 26
superiores generales a partir del hermano Barthélemy; el superior general
actual, es el hermano Álvaro Rodríguez Echeverría, originario de Costa Rica y
electo en el año 2000.
El espíritu de San Juan Bautista de la Salle incluso ha
permeado a otras familias religiosas, ya sea dándoles un carácter especial o
sugiriendo sus reglas. Así pues, los hermanos de San Gabriel, fundados por el
Venerable Grignon de Montfort y M. Deshayes; Los Hermanos de la Instrucción
Cristiana de Phöermel, fundados por J. M. de Lamennais en 1816; los hermanos de
la Doctrina Cristiana de Nancy, fundados por el padre Fréchard, en 1817; los
Pequeños Hermanos de María (maristas), fundados por San Marcelino Champagnat,
en 1817; los Hermanos del Sagrado Corazón de Paradis, fundados por el padre
Coindre, en 1821; los Hermanos de la Sociedad de María, fundados por el padre
Chaminade, en 1817; los Hermanos de la Sagrada Familia, fundados por el hermano
Gabriel Taborin, en 1821; la Congregación del Espíritu Santo y el Sagrado
Corazón de María, fundada por el padre Liebermann, en 1841; los Hermanos de la
Merced, fundados por M. Delamare en 1842; los hermanos Cristianos de Irlanda,
fundados por el hermano Ignatius Rice, en 1805; el instituto de Hermanas de las
Escuelas Cristianas de la Merced, fundado por la Ven. Julie Postel en 1802 y
las Hermanas Guadalupanas de La Salle, fundadas en México por el hermano Juan
Fromental Cayroche en 1962 -todas ejemplifican el carácter de su trabajo en las
reglas adoptadas, una impresionante similitud con los métodos y objetivos
propuestos por San Juan Bautista de la Salle al fundar el Instituto de los
Hermanos de las Escuelas Cristianas.
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las Escuelas Cristianas http://www.lasalle.org