lunes, 19 de septiembre de 2016

La Salle: Solidaridad que salta fronteras

Desde los primeros momentos de su fundación los Hermanos de La Salle han pensado en los pobres.
En realidad, los pobres son el origen primordial de la aventura lasaliana, que encuentra en la escuela cristiana el mejor instrumento para sacarlos de la marginación e introducirlos en la sociedad y en la Iglesia como lo que son: ciudadanos a carta cabal e hijos amados de Dios. Más aún: según el Evangelio, los pobres son los preferidos de Dios.
En la escuela cristiana se prepararán para el trabajo, espléndida puerta de entrada a la vida plena en sociedad, aprenderán rudimentos de cortesía para no desentonar cuando se hallen entre gentes de otro nivel social y se formarán como cristianos que conocen bien su fe y los compromisos prácticos que comporta, hacia la Iglesia y hacia sus semejantes.
Y todo esto, pensado, animado, desarrollado... desde una comunidad. Porque un lasaliano solitario, aislado, no tiene sentido, como tampoco lo tendría un lasaliano al que no le importase la educación de los niños y los jóvenes, que no se sintiera interpelado e impulsado a hacer algo en favor de los pobres, o que planteara la misión lasaliana, en la escuela o fuera de ella, desligada del interés pastoral y de cualquier preocupación evangelizadora.
Hermanos de las Escuelas Cristianas, ¡eso es! El nombre lo dice casi todo...
               Tempranas inquietudes misioneras.- Cuenta la historia que, cuando Juan Bautista De La Salle todavía vivía, los lasalianos decidieron ya salir de Francia para abrir una escuela en Roma, que por aquella época era la cabeza de los Estados Pontificios, con el Papa como responsable supremo a la cabeza. En la capital transalpina pretendían desarrollar sus planteamientos pedagógicos y evangelizadores, al tiempo que anunciaban a todo el mundo la fidelidad que los Hermanos de las Escuelas Cristianas guardaban al obispo de Roma, en un momento en que no pocos jerarcas eclesiásticos galos preferían apostar por una Iglesia auténticamente francesa, desligada de la cátedra de San Pedro, cuyo comportamiento en relación con los franceses no parecía convencerles del todo.
Y a Roma se fue en 1702 el bueno de Gabriel Drolin, un Hermano profundamente fiel a De La Salle y sus Hermanos a pesar de los malos momentos que de vez en cuando le tocó soportar.
Por esas mismas fechas llegó incluso a existir un plan para fundar centros lasalianos en Canadá, colonia gala que en aquellos momentos lucía el significativo nombre de "Nueva Francia". A última hora el proyecto se frustró, pero la intención era muy seria. Pero si falló no fue por falta de ganas o generosidad por parte de aquellos primeros Hermanos, y es que salir de las fronteras de su tierra natal no producía ningún miedo en los primeros lasalianos cuando de atender a los pobres en sus escuelas se trataba.
               La gran expansión.- Sin embargo, la gran explosión misionera del Instituto de los Hermanos tendrá lugar mediado el siglo XIX, aun cuando para esas fechas hubiesen ya fundado fuera de Francia, en países como Bélgica o Suiza, e incluso en colonias francesas lejanas como Martinica, Guyana o la isla de La Reunión. Además, en 1837 se había hecho, por fin, realidad el viejo sueño de fundar en Canadá, y poco más tarde La Salle entrará también en Estados Unidos.
Pero habrá que esperar hasta las inmediaciones de 1850 para asistir al inicio de un proceso que continuará sin descanso casi hasta finales del siglo XX, con fundaciones que a menudo tienen lugar al ritmo de un país nuevo por año y otras veces de forma algo menos intensa, aunque sin disminuir en ningún momento el entusiasmo misionero.
Niños y jóvenes necesitados de los cuatro puntos cardinales convocan con fuerza a la aventura misionera lasaliana: África  -Egipto (1847), Argelia (1853), Túnez (1854)...-, América  -Ecuador (1863), Colombia (1874), Chile (1877)...-, Asia  -Turquía (1841), Malasia (1852), Singapur (1852)...-, Europa  -Alemania (1850), Inglaterra (1855), Grecia (1858)...- La Salle responde siempre con generosidad y audacia.
               Precoces frutos de santidad.- Curiosamente, dos alumnos de las primeras escuelas que los lasalianos fundaron en tierras lejanas se hallan hoy en los altares oficiales de la Iglesia: el santo Hermano Miguel Febres, que de niño estrenó la primera escuela de los Hermanos en Ecuador, inaugurada en Cuenca en 1863, y el beato Hermano Rafael Luis Rafiringa, alumno asimismo de la promoción inaugural de la primera escuela que los Hermanos abrieron en Madagascar, en 1866.
Estas entrañables figuras lasalianas, hoy universales, están proclamando, casi sin pretenderlo, la extraordinaria fecundidad de la vida y el compromiso apostólico de aquellos primeros Hermanos misioneros.
               Momentos favorables.- Más adelante, dos periodos históricos en particular van a ser especialmente propicios a la expansión misionera del Instituto lasaliano. Por un lado, los años inmediatamente posteriores a 1904, fatídica fecha en que los religiosos son expulsados de las escuelas francesas y tienen que buscar, con imaginación, nuevas formas de desarrollar su misión educativa y evangelizadora.
Una de las vías elegidas será salir de su tierra. Aguardarán a veces cerca de las fronteras a la espera de nuevos acontecimientos. Pero en otras ocasiones marcharán a países lejanos para echar una mano a los compañeros que bregan por aquellas tierras desde hace algún tiempo, o, sencillamente, a crear de la nada un nuevo plantel misionero, con contagioso entusiasmo apostólico y plena confianza en la Providencia divina.
Gracias al compromiso de estos Hermanos franceses, proscritos de las escuelas de su tierra natal a comienzos del siglo XX, pudieron ver la luz Distritos lasalianos hoy tan florecientes como México, Brasil o Australia, por ejemplo.
               Bajo el impulso colonial.- Los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, que afectó muy negativamente a la labor lasaliana en los países directamente implicados en la contienda, significaron en escuelas y casas de formación de La Salle, sobre todo en Europa, la recuperación de la tan añorada normalidad perdida.
Olvidados los sobresaltos bélicos y con la vida ya normalizada, resurge el antiguo entusiasmo misionero que, a decir verdad, nunca se había apagado del todo. Es el segundo gran momento misionero de los lasalianos.
Una evidencia incontestable de la pujanza de su compromiso en tierras lejanas son los datos. Así, entre 1946 y 1968 el Instituto lasaliano inicia su andadura en 25 nuevos territorios, ninguno de ellos europeo o norteamericano. Hoy en día casi todos son ya países independientes, pero en la época a la que nos referimos la mayoría eran colonias dependientes de países del norte  -12 africanos, 8 de Asia u Oceanía y 5 de América Latina-  que bullían en ansias de liberación.

En muchos de ellos a los Hermanos les atrapará la oleada independizadora de los años sesenta del siglo XX, que supondrá un hito decisivo en el devenir de aquellos países y marcará su historia de manera definitiva, con los lasalianos formando parte inseparable de ella.
               Misioneros como todos.- Los misioneros lasalianos se parecen a tantos creyentes, religiosos o seglares, que, impulsados por una llamada interior, que ellos atribuyen al Espíritu, han decidido salir de las fronteras de su tierra originaria para extender el Reino de Dios allende los mares.
Con todos ellos, los de La Salle han debido resolver, con paciencia, los complicados retos de una adaptación a costumbres y culturas casi siempre muy distintas de las propias. Al mismo tiempo, se han tenido que enfrentar a la no menos sencilla tarea de inculturar la fe cristiana y el Evangelio en las condiciones peculiares de los pueblos que decidieron convertir en sus nuevos amigos.
               Misioneros lasalianos.- Pero si los misioneros lasalianos comparten con los demás esas tareas y condiciones propias de la misión lejos de la cultura que uno ha mamado, lucen asimismo características propias que los diferencian de otros proyectos misioneros, también necesarios y hasta admirables. Porque los lasalianos pretenden ser fieles al carisma de La Salle, a los criterios y maneras de actuar de su tradición, a la historia y la espiritualidad lasalianas.
Así las cosas, los lasalianos llevan a las misiones lo que ha sido su estandarte permanente a lo largo de los siglos: la escuela cristiana; la preocupación por una educación integral de niños y jóvenes; la catequesis y pastoral creativas, desarrolladas con seriedad y exigencia; el interés prioritario por todos los pobres y necesitados, los eternos marginados, y en particular por los analfabetos y alejados de la educación; una manera de animar la misión profundamente comunitaria y en red, compartiendo ideales y horizontes con muchas otras personas que desarrollan la misión lasaliana en distintos puntos del planeta, a menudo de formas concretas muy diferentes entre sí.
Las misiones de La Salle tienen, ciertamente, su peculiaridad característica, que las conecta estrechamente con los planteamientos y las aspiraciones de los lasalianos de los cuatro puntos cardinales. La Salle es una amplia red educativa y misionera, que se extiende por todos los rincones del mundo.
               Los últimos tiempos.- La misión lasaliana en nuestra época, fruto fecundo del camino esbozado en los párrafos anteriores, ha adquirido unas dimensiones y unos rasgos concretos que es interesante destacar:
·       Personal autóctono.- Si en los primeros tiempos, los protagonistas exclusivos de la acción misionera eran fundamentalmente Hermanos que marchaban lejos de su tierra natal para evangelizar aquellos pueblos lejanos, hoy La Salle se ha vuelto nativa en casi todos los lugares. La figura del misionero extranjero, a menudo de edad y con largos años de presencia en el país, es todavía visible en algunas naciones, pero, por lo general, tanto los Hermanos como los seglares lasalianos, incluyendo aquí sus autoridades, son hoy hijos del propio país, nativos que han optado por la vocación lasaliana y la inculturan cada día a los ámbitos en los que actúan. La Salle habla hoy infinidad de lenguas, se siente a gusto en múltiples climas y colores de piel, alaba a Dios desde el corazón de gentes de todas las latitudes de la Tierra.
·       Solidaridad.- Es un valor permanente en el baúl de herramientas de los lasalianos. Pero, en la actualidad, la solidaridad lasaliana salta fronteras y se hace cada día más rabiosamente internacional. Solidaridad que significa personas que se mueven para comprometerse a fondo donde quiera que se necesite su aportación. Solidaridad que supone planteamientos, horizontes, modelos, objetivos... que pasan de un lugar a otro para mejor servir y educar a los pobres. Solidaridad que conlleva financiación, fondos con los que acudir en ayuda de los lasalianos que tiene retos urgentes y pocos medios para responder como La Salle debe hacerlo. Solidaridad que se vuelve oración ante el Dios de los pobres para que se les haga cercano y, en clave lasaliana, toque los corazones de quienes pueden hacer algo por ayudarlos.

·       ONG.- Organizadas las cosas funcionan mejor. Por ello, los lasalianos hemos estructurado organismos de todo tipo que nos permitan estar en contacto con nuestros Hermanos en dificultad.
Otra manera de hacer realidad, en definitiva, ese lema que nos ha impulsado a los lasalianos de la Arlep a lo largo del curso que ahora concluye. Y es que, desde el punto de vista lasaliano, todo lo anterior, sencillamente, es justo y necesario.
                                                                                                                                    
                                                                                                                                                    Josean Villalabeitia

 Si deseas leer el artículo en la misma presentación en que fue publicado en papel pinchar AQUÍ.


Número de países
en los que hay obras lasalianas
África
21
América
23
Asia
15
Australia/Oceanía
3
Europa
18
TOTAL
80





martes, 23 de agosto de 2016

Miradlos como imágenes de Jesucristo

Palabras de san Juan Bautista De La Salle

“Vosotros tenéis obligación de instruir a los hijos de los pobres. En consecuencia, debéis sentir particularísima ternura por ellos, y procurar su bien espiritual cuanto os fuere posible, considerándolos como los miembros de Jesucristo y sus predilectos. La fe que debe animaros, ha de moveros a honrar a Jesucristo en sus personas, y a preferirlos a los más ricos de la tierra, porque son imágenes vivas de Jesucristo, nuestro divino maestro.”

(MF 80,3,2)




“Por razón de vuestro empleo, estáis encargados de amar a los pobres, ya que la función que en él ejercéis es dedicaros a instruirlos. Miradlos como imágenes de Jesucristo, y como los mejor dispuestos para recibir abundantemente su Espíritu. De ese modo, cuanto más los améis, más perteneceréis a Jesucristo.”
(MF 173,1,2)

lunes, 18 de julio de 2016

Sobre el venerable Hermano Adolfo Lanzuela

La localidad de Cella conserva la impronta del recientemente nombrado Venerable por el papa Francisco al Hermano Adolfo, de La Salle. El apóstol de Montemolín, (colegio de La Salle en Zaragoza), nació en Cella en 1894 y murió en Zaragoza en 1976. Cella tiene una calle dedicada al Hermano Adolfo y placas en la iglesia parroquial y en la casa natal. Las personas mayores recuerdan las virtudes que tenía el Hermano Adolfo y los favores que hacía a los cellanos cuando le pedían ayuda para encontrar trabajo y atención en Zaragoza, ciudad en la que desarrolló su vocación religiosa y educadora.

El párroco de Cella, Enrique Pastor, señaló que la presencia del Hermano Adolfo en el municipio donde nació está presente en la memoria de las personas más mayores y en las placas que tiene en su nombre en la iglesia parroquial, en la casa donde nació y en una calle con su nombre.

La placa del Hermano Adolfo en la iglesia parroquial de Cella se encuentra cerca de la pila bautismal a la que daba mucha importancia "porque significa el nacimiento a la fe cristiana".

Enrique Pastor destacó del Hermano Adolfo, según los testimonios que le han contado, cuando iba a Cella en vacaciones y para ver a los familiares el tiempo que pasaba orando ante el Santísimo. "También me han dicho que era una persona muy atenta y que iban a él a pedirle trabajo, cuestión que se desvivía para ayudarles en buscar trabajo".

La vecina cellana, Consuelo Gracia, conoció personalmente al Hermano Adolfo, ya que era amiga de una sobrina. "A Cella venía con frecuencia porque se preocupaba por la familia. A mí me impresionaba. Vivía en la pobreza y no le gustaba nada los homenajes ni los aplausos. Se ruborizaba", confesó. En este punto, Consuelo recordó el día que murió cuando se le iba a entregar en Zaragoza la Medalla de Plata al Mérito de Trabajo en 1976. "Se desplazó desde la residencia de los Hermanos de La Salle en La Rioja a Zaragoza para recibir la Medalla de Plata al Mérito de Trabajo, a pesar de que no le gustaban los reconocimientos, y lo encontraron muerto. El homenaje se convirtió en entierro".

Gracia añadió que al Hermano Adolfo le gustaba mucho la docencia y practicar ciertas virtudes, como visitar a los enfermos. "Consolaba mucho a los que sufría".


Asimismo Consuelo Gracia recordó que cuando estaba en Cella el Hermano Adolfo pasaba grandes ratos en el Sagrario. "Era muy devoto y siempre besaba la pila bautismal. Daba ejemplos de virtud".

Igualmente, Consuelo Gracia mencionó los favores que hacía a los cellanos que buscaban trabajo o para el servicio militar. "La gente lo quería mucho y pido que nos siga ayudando desde el cielo".

Un familiar suyo, Gregorio Serrano Martínez, incidió en la actitud del Hermano Adolfo para socorrer cuando le pedían ayuda. "Los jóvenes cuando iban a Zaragoza a pedir trabajo recurrían al Hermano Adolfo. También a los que hacían el servicio militar. Intentaba hacer favores a todos los que se lo pedían. En Zaragoza el Hermano Adolfo era muy conocido y tenía muchos contactos. A Cella venía el Hermano Adolfo de vez en cuando, en verano, cuando no había clases en el colegio".

El vicepostulador de la causa de la beatificación del Hermano Adolfo, el Hermano de La Salle Fernando Millán, tiene recogida muy bien toda la vida del recientemente nombrado Venerable, el 17 de diciembre, por el papa Francisco.

El Hermano Adolfo nació en Cella (Teruel) el 8 de noviembre de 1894. En el bautismo recibió el nombre de Leonardo. En 1908 ingresa en el seminario de Teruel. Tras cinco años, 1913, lo deja. Razón: "No me atrevo a cargar con la responsabilidad y obligaciones que me impone el sacerdocio". Ese mismo año entra en la Normal de la ciudad para estudiar magisterio. Acaba en junio de 1916. A continuación, tres años de servicio militar en Valencia. Durante la mili fallece su novia Leonor Gil, víctima de la llamada "gripe española". Fue el 19 de junio de 1918. Ejerce de maestro en el colegio de San Felipe (hoy museo Pablo Gargallo), en Zaragoza. Permanece dos cursos, 1920-1922. En julio de ese mismo año inicia su andadura lasaliana en Irún donde toma el hábito y empieza su años de noviciado. Al tomar el Hábito religioso de Hermano, cambió su nombre de pila, Leonardo, por el de religioso Hermano Junián Adolfo , siendo Adolfo el nombre con el que se le conoció durante su vida.

Tras el año de Noviciado y otro más de estudios religiosos en Talence, Francia, cerca de Burdeos, volvió a Zaragoza, donde permaneció, salvo un año en Beasain (Guipúzcoa), hasta su muerte, entregado a la educación humana y cristiana de los niños y jóvenes durante más de medio siglo, por lo que mereció el título de el apóstol de Montemolín.

El Hermano Adolfo, expuso el Hermano Fernando, falleció el 14 de marzo de 1976 en Zaragoza. "La fama de hombre de fe, religioso observante, caritativo y santo le acompañó toda su vida y creció después de su muerte. Ello motivó la apertura del proceso diocesano para su canonización. Terminado dicho proceso diocesano sus actas fueron enviadas en 1991 a Roma a la Congregación para las Causas de los Santos, donde se abrió el proceso correspondiente".

El Hermano Adolfo fue enterrado en el cementerio que los Hermanos tienen  en el Santuario de Nuestra Señora de La Estrella, en el que permaneció hasta el 14 de junio de 1980 en que sus restos fueron trasladados a Zaragoza. Hoy reposan en la capilla del Colegio La Salle Montemolín, donde se pueden visitar durante el horario escolar.

El Hermano Adolfo está en posesión de la En­comienda de Alfonso X el Sabio y de la Medalla al Mérito en el Trabajo. Tres fueron sus líneas fundamentales en la vida en el servicio a los hombres: la tarea educativa, la búsqueda incansable de puestos de trabajo para cuantos acudían a él en demanda de una colocación y la asistencia espiritual a los enfermos. Tres también los trazos que determinaron su perfil espiritual: exac­titud en el cumplimiento del deber, profunda vida de oración, serenidad y equilibrio espirituales. En vida y sobre todo en su muerte el pueblo le atri­buyó fama de santo.



lunes, 27 de junio de 2016

El lasaliano Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa, flamante premio nobel de literatura en 2010, hizo sus estudios primarios en el Colegio La Salle de Cochabamba (Bolivia), a principios de la década de los cuarenta del pasado siglo XX. Luego, una vez que sus padres hubieron hecho las paces, la familia al completo se trasladó a Perú, donde Mario estudiaría algún tiempo en el Colegio La Salle de Lima.



En la foto, Mario Vargas Llosa
con sus compañeros de clase lasalianos de Cochabamba




















Estos datos, sencillos de recolectar en cualquier biografía del literato peruano, cobran un interés particular cuando oímos confesar, de boca del propio escritor, cuál fue la cosa más importante que le sucedió en la vidaY saber que sucedió en el Colegio La Salle de Cochabamba, y conocer de su propia voz a unos de los protagonistas fundamentales de lo que sería en adelante su vida: un Hermano de La Salle, el Hermano Justiniano. Así lo proclamó don Mario en Estocolmo (Suecia), con motivo de la recepción del Premio Nobel, a finales de 2010. Pero luego lo ha repetido siempre que ha podido, aquí y allá; recientemente todavía en Madrid...

Orgullosos de contar con exalumnos tan ilustres, y que guardan un recuerdo tan cariñoso de su paso por las aulas lasalianas.

Así comenzaba Vargas Llosa su discurso de recepción del Premio Nobel:

"Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del Hermano Justiniano, en el Colegio de La Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas..."

Para oír de labios del propio escritor estas palabras pinchar A Q U Í.

Para leer el discurso íntegro del Nobel, titulado "Elogio de la lectura y la ficción, proclamado en Estocolmo el 7 de diciembre de 2010 pinchar A Q U Í.




miércoles, 22 de junio de 2016

Alfonso Junco, poeta lasaliano

Alfonso Junco es un poeta e historiador mexicano, nacido en Monterrey, en 1896, y fallecido en México D.F., en 1972. 

Fue alumno de una de las primeras obras que los Hermanos franceses fundaron en México, el Colegio del Sagrado Corazón, de Monterrey (Nuevo León). 

Académico de la Lengua en México y Colombia, en su faceta literaria el señor Junco destacó, sobre todo, por su poesía religiosa, en la que, según algún crítico, " se ha labrado un camino propio y es de los escritores que han dado a México nueva vitalidad en este género, aplicando modos de expresión poética originales y atrevidos".

Si hoy traemos al poeta Junco a estas páginas lasalianas es porque, sin saberlo, muy a menudo solemos rezar con uno de sus poemas más conocidos. Se trata del titulado "Así: te necesito de carne y hueso", propuesto como himno de Laudes en la Liturgia de la Horas para el viernes de la semana I. Un compañero en la capilla, por tanto, lasaliano anónimo, que a partir de ahora, quizás, no lo sea tanto.

Además del poema mencionado de Alfonso Junco, proponemos otros tres, todos religiosos, para que pueda calibrarse un poquito mejor la calidad literaria de su obra poética religiosa.









De carne y hueso

Así: te necesito
de carne y hueso.

Te atisba el alma en el ciclón de estrellas,
tumulto y sinfonía de los cielos;
y, a zaga del arcano de la vida,
perfora el caos y sojuzga el tiempo,
y da contigo, Padre de las causas,
Motor primero.

Mas el frío conturba en los abismos,
y en los días de Dios amaga el vértigo.
¡Y un fuego vivo necesita el alma
y un asidero!

Hombre quisiste hacerme,

no desnuda inmaterialidad de pensamiento.

Soy una encarnación diminutiva;
el arte, resplandor que toma cuerpo:
la palabra es la carne de la idea:
¡encarnación es todo el universo!
¡Y el que puso esta ley en nuestra nada
hizo carne su verbo!

Así: tangible, humano,
fraterno.

Ungir tus pies, que buscan mi camino,
sentir tus manos en mis ojos ciegos,
hundirme, como Juan, en tu regazo,
y –Judas sin traición– darte mi beso.

Carne soy,
y de carne te quiero.

¡Caridad que viniste a mi indigencia,
qué bien sabes hablar en mi dialecto!
Así, sufriente, corporal, amigo,
¡cómo te entiendo!

¡Dulce locura de misericordia:
los dos de carne y hueso!









Niño Dios

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame,
y hazme niño y hazme Dios.

Nochebuena, Nochebuena,
fragante de evocación:
¿qué efluvios de cosas idas,
qué perfume de candor.
qué melodías lejanas,
qué balbuciente emoción.
qué manso desasosiego,
qué frescura, qué claror,
qué cosa que no se puede
decir con precisa voz,
nos penetra y sobresalta
y acaricia el corazón?
¿Es un ansia de ser niños?
"Sed niños -dijo el Señor-
si queréis entrar al Reino";
¡y El se hizo niños por nos!
¡y en su noche nos embriaga
un dulce afán de candor!...
¡Oh, qué anhelo de ser niño!
¡Hazme niño, Niño Dios!

"Sed perfectos cual mi Padre
celestial", dijo tu voz,
y no fue estéril sarcasmo
sino fértil bendición.
"Vosotros también sois dioses",
clamas. Y Pablo sintió:
"Vivo, pero ya no vivo:
que vive en mí Cristo Dios".
Porque tu nos alimentas
con un pan de exaltación,
que no se hace carne mía
como este pan inferior,
sino que mi carne absorbe
y la transfigura en Dios.
¡Dios quiero ser para amarte
con pleno pago de amor,
Dios para abarcar tu esencia,
Dios para obrar perfección,
Dios para ser uno contigo!...
¡Hazme Dios, oh Niño Dios!...

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame
y hazme niño y hazme Dios.
















Liberación

Amado que encarcelado
te quedaste en el altar:
amor te puso cadenas
y sin movimiento estás.

Afuera, el mundo se muere
de frío y de soledad...

En tu sagrario hallaría
su remedio substancial:
la plenitud llameante
del amor y la verdad.
¡Pero ignora o lo olvida
y así envejece en su mal!

Tú no te puedes mover,
él no te viene a buscar,
¡y él y Tú, los dos se mueren
de frío y de soledad!

¡Ven a mi pecho, Señor:
yo te quiero libertar!
Ven conmigo, iremos juntos,
todo lo recorrerás:
calles, comercios, talleres,
los campos y la ciudad.

Iremos juntos, Amado:
¡dónde esté yo, Tú estarás!

(Señor, hazme transparente:
no te opaque mi maldad!)

De tu presencia al efluvio
volverán todos la faz;
la sorpresa y el hechizo
poco a poco crecerán,
el asombrado deseo
con más ardor mirará,
¡y al ver tu plena hermosura
conquistados quedarán,
que es conocerte y amarte
un sólo rapto vital!

Tu impotencia de moverte
fue designio de bondad.
Así como es tesorero
el rico, de tu caudal,
para que al dar tenga el júbilo,
virtud e industria de dar,
pero si cierra su mano
con codicia criminal
a Ti y al pobre defrauda
siendo dos veces rapaz;
así me das el tesoro
de tu Cuerpo celestial,
no para el gozo egoísta
de esconderte en mi heredad,
mas para el gozo magnánimo
de llevarte a los demás,
entregándoles contigo
la perfecta Caridad.

Amado que encarcelado
te quedaste en el altar:
ven conmigo; vamos fuera;
donde esté yo, Tú estarás,
te llevaré a todas partes,
¡que así te podré pagar
a Ti, Libertador mío,
mi deuda de libertad!








El peldaño

Toma y moldea en tus manos,
Señor, mi barro y mi sangre
y como peldaño ponme
de tu morada inefable.
Que por mí suban a Ti,
pero que suban ¡pisándome!

No en mi bajeza se engrían,
ni me conozcan ni llamen,
quienes me miren peldaño
de tus perennes alcázares.
Que por mí suban a Ti,
pero que suban ¡pisándome!

Salte de gozo mi barro,
salte de gozo mi sangre,
cuando huellen mi bajeza
los que suban para amarte.
Que por mí suban a Ti,
pero que suban...  ¡pisándome!


jueves, 9 de junio de 2016

La Salle en la catedral de Nueva York


La catedral de San Patricio está ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York, entre las calles 50 y 51.

Al entrar por su puerta principal, en la primera capilla situada a la izquierda, nos encontramos con el altar dedicado a San Juan Bautista De La Salle (1651-1719), elaborado en mármol blanco

En el centro del altar se encuentra la venerada imagen del Santo Fundador y, a cada lado, paneles que recuerdan escenas de su vida.  El de la izquierda muestra al Santo dando lecciones a un grupo de niños; y el de la derecha escenifica su conocido amor y dedicación a los más necesitados. En el frontal del altar un hermoso bajorrelieve representa el fallecimiento del Santo.

El entusiasmo de los Hermanos de La Salle de Nueva York les llevó a colocar en las ménsulas situadas a ambos lados del altar, pequeñas estatuillas de miembros del Instituto vistiendo sus hábitos de color negro, lo que ofrece un curioso contraste con la marmórea blancura del altar.

La presencia lasallista se repite en los hermosos vitrales, localizados en diferentes lugares de la catedral.

Un reportaje espléndido, lleno de datos interesantes, que encantará a los lasalianos de todas partes.

Lo podéis encontrar completo pinchando A Q U Í.
Estatua de San Juan Bautista De La Salle de la Saint Patrick's School, de Singapur