lunes, 21 de marzo de 2016

¿Qué significa "La Salle" para ti?

Una pregunta similar, planteada en tres lugares alejados, muy distintos entre sí, que, más allá de las distintas peculiaridades de cada opinión, suscitan sin embargo, respuestas coincidentes
¿En qué? No tienes más que echar un vistazo a los tres vídeos siguientes...


En primer lugar, un vídeo de Monterrey (México), en que los jóvenes de La Salle van respondiendo a la pregunta mediante pequeños carteles:


A continuación, otro vídeo, llegado esta vez desde Argentina, más en concreto desde el Instituto La Salle-Florida, de Buenos Aires.


Por fin, un vídeo llegado de las española Islas Canarias, de La Salle-La Laguna más en concreto, en la isla de Tenerife, en el que distintas personas de la comunidad eductiva del centro comentan qué significa La Salle para ellos.

!Viva Jesús en nuestros corazones! Por siempre.

lunes, 14 de marzo de 2016

Messire De La Salle

Está en francés pero no importa demasiado. Es el regalo que la excelente memoria de un anciano Hermano mexicano me regaló recientemente, casi temblando. 
Una poesía, un soneto más en concreto, sobre san Juan Bautista De La Salle, Padre y Fundador, que recordaba de memoria desde sus tiempos jóvenes.
¡Espléndido regalo que ahora expongo a la luz pública! 
El autor del soneto parece ser Frère Émile, Hermano belga que en algún momento estuvo encargado del ministerio de Visitador General, figura que, como se sabe, tenía encomendada la atención particular sobre las casas de formación de una determinada zona del Instituto.
Que los inspirados versos de este Hermano nos animen a seguir con entusiasmo por las sendas de aquel canónigo remense, un poco loco quizás  -entendámonos-, pero santo, muy santo...


Messire De La Salle

Tu portais un beau nom, Messire De La Salle,
Et tu pouvais bâtir des rêves de grandeur
Lorsque, jeune chanoine en camail de splendeur,
Tu lisais au Psautier l’heure canonicale.

Mais, ployé devant Dieu à l’ombre de la stalle,
Tu songeais aux enfants à leur frêle candeur,
Et suppliais pour eux le ciel avec ardeur
En les voyant errer près de la Cathédrale.

Un jour tu déchiras tous les plans d’avenir
Et sous l’humble manteau qui les fera bénir,
Tu forgeas aux petits d’humbles “frères d’école”.

Ton œuvre a rayonné depuis trois fois cents ans.
Aujourd’hui sur ton front fulgure l’auréole.
Et le monde applaudit partout les “rabats blancs”.


lunes, 22 de febrero de 2016

La Salle en Haití

El terremoto de Haití, el país más pobre de América, significó en 2010 para muchos, entre otras cosas, el descubrimiento de una realidad lasaliana que había pasado bastante desapercibida y que, sin embargo, por diferentes motivos, merecía alguna atención. Porque la historia de los Hermanos de La Salle en Haití es muy original y está plagada de inquietudes carismáticas, generosidad y dinamismo misionero. Por otra parte, si atendemos a la evolución de La Salle en Haití, es de subrayar la enorme vitalidad que se observa hoy en día por aquellas tierras caribeñas.



              Piratas y jubilados.- Los Hermanos de La Salle llegaron a Haití en 1974. Dicen que su decisión definitiva vino precedida por el viaje de un Hermano canadiense de cierta edad que buscaba fuera de Canadá algún lugar donde poder seguir entregándose sin trabas a la misión lasaliana, a poder ser entre los más pobres. El hecho de disponer de una jubilación sustanciosa facilitaba bastante la tarea pues evitaba, en buena medida, los problemas derivados de la financiación de obras y comunidades.

Su lengua materna, el francés, llevó a este Hermano inquieto a Haití, y dentro de este país, buscando radicalidad, su destino final fue la isla de La Tortuga, famosa en otra época como refugio de bucaneros, que por su situación geográfica, orografía, clima, condiciones de vida de sus habitantes y otras circunstancias podría ser con razón calificada como lo más pobre entre los pobres haitianos.

La idea de fundar en la isla de La Tortuga sedujo enseguida a algunos otros Hermanos canadienses jubilados de modo que pronto estuvieron en condiciones de organizar la primera comunidad lasaliana de Haití, integrada por cuatro Hermanos jubilados del por aquel entonces Distrito Francófono de Canadá, que se fueron incorporando a ella progresivamente.

               Salto a la "gran tierra".- Así llaman en Haití a la parte de La Española  -otra isla-  en la que vive la mayor parte de los haitianos, y en ella va a proseguir la aventura de aquellos pioneros. Con enorme impulso, como indica el crecimiento de obras y comunidades que se produce en muy poco tiempo. Así, en 1976, dos años después de la llegada de los primeros Hermanos a La Tortuga, se abrirá en Puerto de Paz, en las costas norteñas de la gran tierra, justo enfrente de la isla de La Tortuga, el Colegio de Nuestra Señora de Fátima.

Una circunstancia providencial va a acelerar aún más, si cabe, la implantación lasaliana en Haití. Y es que los Hermanos Menesianos, presentes en el país desde 1864, desean reagrupar sus comunidades, dispersas por toda la geografía haitiana, y ven en la presencia de los lasalianos al noroeste una oportunidad de oro para adoptar decisiones. De esta forma, llegarán al acuerdo de traspasar a los Hermanos de La Salle dos escuelas primarias: San José, en Puerto de Paz, en 1977, y la de San Luis del Norte, a pocos kilómetros, que pronto se transformará en Liceo de Bachillerato, en 1979. Este periodo inicial de implantación concluirá en 1980 con el traspaso a manos de los lasalianos del Liceo Diocesano de Puerto de Paz, que hasta entonces había sido dirigido por los Monfortianos, apóstoles de la primera evangelización de aquella comarca.

Que La Salle valora por aquellos años con optimismo su presencia en Haití lo sugiere la inauguración, en 1985, del Centro La Salle, de Puerto de Paz, destinado a casa de formación, que pronto acogerá un noviciado. Por esa época también, en 1986, se inaugura el Liceo de La Tortuga, al tiempo que, un par de años más tarde, se abrirá una sección técnico-profesional en el Colegio de Fátima.

Este final de los años 80 señala el punto culminante de la actividad de los Hermanos canadienses en Haití, que llegarán a ser una treintena, casi todos jubilados en su país  -que no en Haití-, distribuidos en seis comunidades, situadas todas hacia el noroeste del país.

               Entre tradición e innovación.- La actividad apostólica de los Hermanos de La Salle en Haití en los primeros veinte años de la fundación se caracteriza, en parte, por su fidelidad a lo que ha sido clásico entre los lasalianos desde el primer momento de su larga historia: animación de escuelas primarias, colegios de bachillerato, una escuela profesional, actividades catequísticas en ambiente escolar y parroquial, pastoral vocacional...

Pero, al mismo tiempo, su actividad presenta rasgos muy originales, sobre todo en la isla de La Tortuga, hasta el punto de haber oído a más de uno proclamar por allá que "gran parte de lo que hay aquí lo promovieron los Hermanos canadienses". Se referían a la construcción de caminos y carreteras, escuelas, campos deportivos, centros de alfabetización de adultos, cooperativas para campesinos y mujeres, centros culturales, y hasta una caja de ahorros. A este respecto, es de subrayar el intenso apoyo que recibieron los Hermanos, para financiar sus proyectos, de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (ACDI).

Esta labor misionera de impulso al desarrollo, que sostienen los Hermanos con ayudas del exterior, continúa en nuestros días, con las obras de instalación de una ambiciosa conducción de agua en La Tortuga, por ejemplo, o esos dos establecimientos de reprografía que prestan valiosos servicios a la población, al tiempo que contribuyen a la financiación de los centros escolares.

               La actualidad.- A partir de los años 90 parece claro que Canadá no va a poder reemplazar a los Hermanos misioneros en Haití que, como consecuencia de la edad y las enfermedades, van abandonando la misión caribeña. Habrá que dejar algunas obras y buscar refuerzos en otros distritos más boyantes en personal. A la llamada acudirán algunos franceses y también, a partir de 1999, Hermanos colombianos del Distrito de Bogotá. En 2005, Haití dejará de pertenecer al Distrito de Canadá para unirse a la Delegación de Antillas, y algo más adelante, con la reorganización general de aquella zona, pasará a formar parte del Distrito de Antillas-México Sur, al que pertenece en la actualidad, junto con otros sectores lasalianos caribeños, como son la República Dominicana, Cuba y Puerto Rico.

Los jóvenes haitianos se han ido interesando estos últimos años por la vocación de Hermanos, de modo que se habilitó, esta vez en la capital, Puerto Príncipe, otra casa de formación, que ha servido de noviciado o escolasticado, según los momentos, reservando el Centro La Salle, de Puerto de Paz, como postulantado. Tras el terremoto, con las generosas donaciones recibidas un poco de todas partes, se pudo iniciar la construcción de un nuevo colegio lasaliano, también en la capital, que está ya en su tercer curso de funcionamiento.

En la actualidad el sector de Haití cuenta con una treintena de Hermanos, la mayor parte haitianos de profesión temporal, aunque son ya tres los que han superado la barrera de los cincuenta años. Los apoyan cinco Hermanos extranjeros, algunos de edad ya provecta. Las comunidades son cinco: isla de La Tortuga, dos en Puerto de Paz  -Fátima y La Salle-  y otras dos, las más recientes, en Puerto Príncipe.

               Las Siervas Lasalianas de Jesús.- Una rama muy joven del tronco lasaliano haitiano es también esta congregación de religiosas, de carisma intensamente lasaliano, que está dando sus primeros pasos en Haití. Nacieron en Puerto de Paz a principios de los años 90, aunque su reconocimiento episcopal data de 1998.

El origen de este nuevo Instituto lasaliano hay que buscarlo en el Colegio de Nuestra Señora de Fátima, del que varias de sus iniciadoras eran maestras. Poco a poco, con el apoyo inestimable del Visitador Auxiliar canadiense para la zona y la dirección espiritual del Hermano Hermann Austinvil, haitiano, a la sazón director del Colegio, el grupo de maestras va estructurándose y planteándose metas cada vez más exigentes. Según las propias Hermanas afirman, el Hermano Hermann, al que consideran su fundador, "sabía atraer la atención de los profesores sobre la situación de los alumnos más afectados por las dificultades familiares, económicas y escolares, y nos recordaba constantemente lo que Juan Bautista De La Salle deseaba para los niños confiados al cuidado de sus discípulos".

Las Siervas Lasalianas de Jesús profesas son hoy siete, aunque tienen varias postulantes. Animan en Puerto de Paz un orfanato para niñas pobres, dos escuelas y un dispensario.


                                                                                                        Hermano Josean Villalabeitia


lunes, 15 de febrero de 2016

Centenario de La Salle en Gipuzkoa (España)


  • Gipuzkoa, la provincia española menos extensa y, sin embargo, una de las que más centros de La Salle tiene
  • La proximidad de la frontera francesa y los acontecimientos de 1904 en Francia lo explican
  • Dos interesantes libros, cuyos autores son profesores de la Universidad del País Vasco, narran al detalle los cien primeros años de La Salle en Gipuzkoa

Gipuzkoa, territorio vasco situado en el Golfo de Bizkaia, limítrofe con Francia por la región occidental de los Pirineos, de verdes praderas y suaves montañas, ha sido  -y es-,  a pesar de su pequeña extensión, una de las provincias españolas con mayor presencia de centros de La Salle. Al mismo tiempo, y seguramente relacionado con el dato anterior, muchos Hermanos de La Salle son, en la actualidad, guipuzcoanos.

El hecho se explica, en gran medida, por la expulsión de los religiosos lasalianos de las aulas francesas, en 1904, aunque ya antes de aquellas tristes fechas los Hermanos habían llegado a Donostia/San Sebastián (Los Ángeles, 1901) y a Zarautz (1904). Antes de 1904 los lasalianos tenían, asimismo, una relativamente sólida implantación en la vecina provincia vasca de Bizkaia (Bilbao-Deusto, 1887; Bilbao-Iturribide, 1888; Bilbao-Santiago Apóstol, 1893; Algorta, 1904).

Pero a partir del otoño de 1904 las escuelas de La Salle en Gipuzkoa comienzan a multiplicarse a gran velocidad: Azkoitia (1904), Eibar (1905), Elgoibar (1905), Donostia/San Sebastián-Saint
Bernard (1905), Irún (1906), Beasain (1909), Elgeta (1909), Zumárraga (1914), etc. Se trataba, casi siempre, de pequeñas escuelas populares, al servicio de localidades rurales también pequeñas.

Este hecho, con sus consecuencias, lo cuentan con todo detalle los profesores de la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU) Paulí Dávila, Luis María Naya e Hilario Murua, en una amplia y cuidada publicación en dos tomos, que vio la luz a finales de 2009. Estos dos libros son ahora accesibles a todos los interesados desde la página web de la dicha universidad vasca.

Quienes deseen conocerlos y consultarlos los tienen a su disposición en los siguientes enlaces:

Cien años de La Salle en Gipuzkoa - TOMO I

Cien años de La Salle en Gipuzkoa - TOMO II


















martes, 26 de enero de 2016

La Salle en Tami (Togo): "Sembrando futuro"

Hace ahora poco más de tres años se publicó un interesante libro sobre la labor de los Hermanos de La Salle en el Centro de Formación Rural de Tami (CFRT), en Togo, África Occidental.

El libro se titulaba "Sembrando futuro" y narraba tanto la historia de los hitos más interesantes del CFRT como las bases socio-pedagógicas de su intervención en aquella paupérrima región. Su autor, el Hermano Josean Villalabeitia.

El CFRT, ya próximo a cumplir el medio siglo de existencia, reúne de forma muy peculiar las marcas principales de cualquier proyecto lasaliano: objetivo educativo, servicio a los pobres, interés por la evangelización, animación comunitaria...

Si tuviéramos que sintetizar en una sola palabra la característica más significativa del CFRT seguramente tendríamos un problema, pues los planteamientos de los que se ha ido nutriendo son muy variados y afectan a diversos ámbitos. No obstante, puestos a ello, quizás nos quedaríamos con el concepto "creatividad", hacer las cosas de una manera nueva, distinta, porque, vista la realidad, estaba claro que los planteamientos clásicos, tradicionales, no resolvían los problemas. Esta creatividad socio-pedagógica ha sido tan intensa que el CFRT nunca ha dejado de recibir visitas, que tratan de captar su novedad y de inspirarse en sus planteamientos.

Llamativa es, asimismo, la cantidad de personas de toda clase y condición que han pasado por el CFRT, durante algunas semanas de verano, sobre todo, para conocer el proyecto, colaborar en cierta manera con alguna de sus iniciativas concretas y, sobre todo, dejarse afectar por la experiencia del CFRT y sus alrededores.

Pues bien: todos los interesados en conocer de cerca la experiencia del CFRT, o en leer unas páginas que les recuerden los viejos buenos tiempos, están ahora de suerte, porque la ONG lasaliana PROYDE ha decidido colgarlo en Internet para que se esté a disposición de quien lo desee. A continuación, pues, la dirección web donde se puede consultar tan interesante libro.

Para leer el libro "Sembrando futuro", sobre el CFRT de Tami, pinchar AQUÍ.




martes, 19 de enero de 2016

Sin Nyel, el Instituto lasaliano echa a andar

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (y 24)

Tras la partida de Nyel a Laon, las condiciones en que quedan las seis escuelas son muy diferentes. De La Salle se convence de que es preciso hacer algo con urgencia. Porque ya no caen solo bajo su manto las tres escuelas de Reims, que puede visitar en una mañana de paseo. Las cosas se han complicado y cada día va viendo más necesario adoptar alguna medida que haga encajar de nuevo, en lo posible, todas las piezas de la nueva situación. La solución que poco a poco va fraguándose en la mente del Fundador nos la describe, a su modo, el biógrafo Blain: “El Señor De La Salle, al verse al frente de un buen número de maestros de escuela repartidos por diversas ciudades, pensó que era conveniente formar con ellos una pequeña congregación, y prescribirles una forma de vida uniforme”. Más que una congregación, el nombre que ya se había adoptado en Reims, y que se generalizará en adelante, será el de ‘comunidad’, así, a secas, o con un complemento muy importante: ‘Comunidad de las Escuelas Cristianas’[1]. Esta denominación precisa tiene su importancia, porque indica que las escuelas que los Hermanos animan ya no son simplemente ‘escuelas de caridad’, como las que fundaba Nyel, sino algo nuevo, nacido de ellas, por supuesto, pero netamente distinto ya. Se trata de un modelo que, con el tiempo, habrá de ir definiéndose más y más, pero tiene ya una forma propia, peculiar, hasta el punto de merecer un nombre particular que, de paso, deja de lado el anterior  —sin duda más humillante—  de escuelas ‘de caridad’.

La manera concreta de tomar decisiones en el interior de la comunidad que va a instaurarse a partir de ahora se convertirá en tradición en el Instituto durante muchos años: reunir a los Hermanos directores para que debatan entre ellos libremente los asuntos hasta llegar a un acuerdo satisfactorio para todos. Luego, en cada comunidad, el Hermano director será el responsable de poner en práctica las decisiones que se hayan adoptado en la reunión. El Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas estaba definitivamente encaminado por unas sendas que conocerán dificultades, por supuesto, pero que lo llevarán muy lejos.

Por tanto, si la llegada de Nyel a Reims sirvió para lanzar definitivamente el proyecto de las escuelas cristianas, su regreso a Ruan supuso dejar definitivamente las cosas en manos del Señor De La Salle. Blain lo expresa a su manera, pero con mucha claridad: “El designio de la divina Providencia era dar a nuestro joven canónigo a aquel desconocido [Nyel], para que le sirviera de instrumento en la apertura de las escuelas cristianas y gratuitas para los niños. Sin embargo, el Señor De La Salle no tenía ni idea de ello, y se hubiera quedado muy sorprendido si alguien le hubiera sugerido que el forastero que veía era enviado por Dios para encaminarle por sus designios eternos. Por otro lado, el Señor Nyel tenía la intención de abrir escuelas cristianas y gratuitas, pero sus previsiones no iban más lejos. No tenía ni la más mínima sospecha de que iba a poner los cimientos de un gran edificio, y el camino para preparar la formación de una nueva orden. Ni siquiera sé si hubiera consentido poner su mano en tal obra, si se le hubiera mostrado el final, pues no tenía ni inclinación ni gracia para ello. Ni siquiera era adecuado para una obra de esta naturaleza”. Según lo interpreta Blain, Nyel solo era “el hombre de la Providencia para dar inicio a la obra. Cuando esta haya comenzado, el Señor Nyel, que fue quien introdujo al Señor De La Salle en ella, se retirará”.

 A veces, la tradición de los Hermanos ha criticado la figura de Adrián Nyel como la de un hombre un tanto irresponsable en sus fundaciones, que saltaba de una a otra con auténtica frivolidad, dejándolas con excesiva rapidez al albur de las circunstancias, sin esperar a que las cosas se asentaran lo bastante y marcharan aceptablemente bien[2]. Puede que, en parte, algo de esto fuera cierto, aunque es preciso, al mismo tiempo, subrayar que tres de sus cuatro fundaciones sobrevivieron largos años[3]; eso sí, con la ayuda impagable de los maestros de De La Salle en los momentos críticos. Pero no se puede negar que fuera un hombre previsor: medio año antes de venir a Reims ya había arreglado todos los problemas que su ausencia podría causar en Ruan: eligió al maestro que lo reemplazaría, comenzó a formarlo para la tarea e incluso constituyó una renta para que no hubiera problemas por el lado monetario. Y cuando llegó a Reims traía con él a un joven, futuro maestro probablemente[4], que con seguridad conocía bien los métodos de los maestros ruaneses; Nyel venía, por tanto, pertrechado para comenzar inmediatamente con las escuelas.

Esa imagen negativa de Nyel, aparte de no ser del todo fiel a la realidad, puede que sea, asimismo, altamente injusta. Porque, de entrada, es innegable que las distintas personalidades, prioridades y maneras de actuar de De La Salle y Nyel se complementaron de manera muy fecunda, de modo que juntos dieron origen a una experiencia única, exitosa y con abundantes semillas de futuro.


 Además, a Adrián Nyel no se le puede negar una generosidad evangélica fuera de lo común, manifestada en su honda implicación en el proyecto de las escuelas para pobres, a las que dedicó su vida entera, sin ningún ánimo de lucro, movido exclusivamente por sus ansias apostólicas. En este sentido, podríamos considerarlo como un representante típico de aquel movimiento de laicos devotos que buscaban desarrollar su amor a Dios ayudando a los más pobres. Siendo laico como era, fue capaz de orientar a todo un canónigo y doctor en teología por unas sendas, quizás marginales desde el punto de vista de la sensibilidad social, pero llenas de autenticidad evangélica. Nyel fue quien le enseñó a De La Salle en qué consistía una escuela para pobres, cómo se enseñaba en ellas, cómo había que formar a sus maestros, en qué había que fijarse para que las cosas fueran bien... El genio de De La Salle aprovechó las enseñanzas del anciano laonés y, a partir de ellas, compensó de sobra las lagunas que fue apreciando en su experiencia. Cuando Nyel decide regresar a Ruan, a De La Salle no le queda más remedio que remar solo, pero sin el empujón inicial del viejo Adrián Nyel nada de lo que después fue surgiendo hubiera sido posible. De esta forma teje sus paños el Espíritu, de compromiso en compromiso, sin haberlo previsto así en un primer momento, tanto para De La Salle como para su viejo amigo Nyel.

Hermano Josean Villalabeitia



[1] El término ‘comunidad’, aplicado a los maestros, aparece ya en una carta autógrafa de De La Salle redactada en junio de 1682. En el Memorial sobre el hábito, escrito poco más de cuatro años después de los hechos que narramos, la palabra ‘comunidad’ aparecerá cuarenta veces, en ocho páginas, y ninguna vez ‘sociedad’ o ‘instituto’, términos que serán habituales algo más tarde. De esas cuarenta veces, en veintitrés ocasiones la expresión completa es ‘comunidad de las escuelas cristianas’.
[2] El propio Blain contribuyó lo suyo a alimentar esa mala fama; no en vano calificó a Nyel de “enemigo de la estabilidad”, añadiendo que era “semejante a los pájaros de paso, que quieren visitar todos los lugares de la tierra sin pararse en ninguno”; y es que Nyel “no pudo renunciar a su inclinación, que le empujaba a todas partes, y que le hubiera hecho volar de buena gana, para abrir escuelas en ellas, a tantas tierras como las que recorrió San Pablo para fundar Iglesias”.
[3] Su primer intento en Guisa fracasó a los pocos meses. También a De La Salle le falló un proyecto con mucha rapidez: el de Château-Porcien.
[4] Este joven se llamaba Cristóbal y tenía catorce años. Parece ser que falleció tres años después de su llegada a Reims, cuando vivía en la comunidad de maestros que allí dirigía De La Salle. En este sentido, podría ser considerado, con todas las de la ley, como el primer Hermano de La Salle.