martes, 26 de enero de 2016

La Salle en Tami (Togo): "Sembrando futuro"

Hace ahora poco más de tres años se publicó un interesante libro sobre la labor de los Hermanos de La Salle en el Centro de Formación Rural de Tami (CFRT), en Togo, África Occidental.

El libro se titulaba "Sembrando futuro" y narraba tanto la historia de los hitos más interesantes del CFRT como las bases socio-pedagógicas de su intervención en aquella paupérrima región. Su autor, el Hermano Josean Villalabeitia.

El CFRT, ya próximo a cumplir el medio siglo de existencia, reúne de forma muy peculiar las marcas principales de cualquier proyecto lasaliano: objetivo educativo, servicio a los pobres, interés por la evangelización, animación comunitaria...

Si tuviéramos que sintetizar en una sola palabra la característica más significativa del CFRT seguramente tendríamos un problema, pues los planteamientos de los que se ha ido nutriendo son muy variados y afectan a diversos ámbitos. No obstante, puestos a ello, quizás nos quedaríamos con el concepto "creatividad", hacer las cosas de una manera nueva, distinta, porque, vista la realidad, estaba claro que los planteamientos clásicos, tradicionales, no resolvían los problemas. Esta creatividad socio-pedagógica ha sido tan intensa que el CFRT nunca ha dejado de recibir visitas, que tratan de captar su novedad y de inspirarse en sus planteamientos.

Llamativa es, asimismo, la cantidad de personas de toda clase y condición que han pasado por el CFRT, durante algunas semanas de verano, sobre todo, para conocer el proyecto, colaborar en cierta manera con alguna de sus iniciativas concretas y, sobre todo, dejarse afectar por la experiencia del CFRT y sus alrededores.

Pues bien: todos los interesados en conocer de cerca la experiencia del CFRT, o en leer unas páginas que les recuerden los viejos buenos tiempos, están ahora de suerte, porque la ONG lasaliana PROYDE ha decidido colgarlo en Internet para que se esté a disposición de quien lo desee. A continuación, pues, la dirección web donde se puede consultar tan interesante libro.

Para leer el libro "Sembrando futuro", sobre el CFRT de Tami, pinchar AQUÍ.




martes, 19 de enero de 2016

Sin Nyel, el Instituto lasaliano echa a andar

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (y 24)

Tras la partida de Nyel a Laon, las condiciones en que quedan las seis escuelas son muy diferentes. De La Salle se convence de que es preciso hacer algo con urgencia. Porque ya no caen solo bajo su manto las tres escuelas de Reims, que puede visitar en una mañana de paseo. Las cosas se han complicado y cada día va viendo más necesario adoptar alguna medida que haga encajar de nuevo, en lo posible, todas las piezas de la nueva situación. La solución que poco a poco va fraguándose en la mente del Fundador nos la describe, a su modo, el biógrafo Blain: “El Señor De La Salle, al verse al frente de un buen número de maestros de escuela repartidos por diversas ciudades, pensó que era conveniente formar con ellos una pequeña congregación, y prescribirles una forma de vida uniforme”. Más que una congregación, el nombre que ya se había adoptado en Reims, y que se generalizará en adelante, será el de ‘comunidad’, así, a secas, o con un complemento muy importante: ‘Comunidad de las Escuelas Cristianas’[1]. Esta denominación precisa tiene su importancia, porque indica que las escuelas que los Hermanos animan ya no son simplemente ‘escuelas de caridad’, como las que fundaba Nyel, sino algo nuevo, nacido de ellas, por supuesto, pero netamente distinto ya. Se trata de un modelo que, con el tiempo, habrá de ir definiéndose más y más, pero tiene ya una forma propia, peculiar, hasta el punto de merecer un nombre particular que, de paso, deja de lado el anterior  —sin duda más humillante—  de escuelas ‘de caridad’.

La manera concreta de tomar decisiones en el interior de la comunidad que va a instaurarse a partir de ahora se convertirá en tradición en el Instituto durante muchos años: reunir a los Hermanos directores para que debatan entre ellos libremente los asuntos hasta llegar a un acuerdo satisfactorio para todos. Luego, en cada comunidad, el Hermano director será el responsable de poner en práctica las decisiones que se hayan adoptado en la reunión. El Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas estaba definitivamente encaminado por unas sendas que conocerán dificultades, por supuesto, pero que lo llevarán muy lejos.

Por tanto, si la llegada de Nyel a Reims sirvió para lanzar definitivamente el proyecto de las escuelas cristianas, su regreso a Ruan supuso dejar definitivamente las cosas en manos del Señor De La Salle. Blain lo expresa a su manera, pero con mucha claridad: “El designio de la divina Providencia era dar a nuestro joven canónigo a aquel desconocido [Nyel], para que le sirviera de instrumento en la apertura de las escuelas cristianas y gratuitas para los niños. Sin embargo, el Señor De La Salle no tenía ni idea de ello, y se hubiera quedado muy sorprendido si alguien le hubiera sugerido que el forastero que veía era enviado por Dios para encaminarle por sus designios eternos. Por otro lado, el Señor Nyel tenía la intención de abrir escuelas cristianas y gratuitas, pero sus previsiones no iban más lejos. No tenía ni la más mínima sospecha de que iba a poner los cimientos de un gran edificio, y el camino para preparar la formación de una nueva orden. Ni siquiera sé si hubiera consentido poner su mano en tal obra, si se le hubiera mostrado el final, pues no tenía ni inclinación ni gracia para ello. Ni siquiera era adecuado para una obra de esta naturaleza”. Según lo interpreta Blain, Nyel solo era “el hombre de la Providencia para dar inicio a la obra. Cuando esta haya comenzado, el Señor Nyel, que fue quien introdujo al Señor De La Salle en ella, se retirará”.

 A veces, la tradición de los Hermanos ha criticado la figura de Adrián Nyel como la de un hombre un tanto irresponsable en sus fundaciones, que saltaba de una a otra con auténtica frivolidad, dejándolas con excesiva rapidez al albur de las circunstancias, sin esperar a que las cosas se asentaran lo bastante y marcharan aceptablemente bien[2]. Puede que, en parte, algo de esto fuera cierto, aunque es preciso, al mismo tiempo, subrayar que tres de sus cuatro fundaciones sobrevivieron largos años[3]; eso sí, con la ayuda impagable de los maestros de De La Salle en los momentos críticos. Pero no se puede negar que fuera un hombre previsor: medio año antes de venir a Reims ya había arreglado todos los problemas que su ausencia podría causar en Ruan: eligió al maestro que lo reemplazaría, comenzó a formarlo para la tarea e incluso constituyó una renta para que no hubiera problemas por el lado monetario. Y cuando llegó a Reims traía con él a un joven, futuro maestro probablemente[4], que con seguridad conocía bien los métodos de los maestros ruaneses; Nyel venía, por tanto, pertrechado para comenzar inmediatamente con las escuelas.

Esa imagen negativa de Nyel, aparte de no ser del todo fiel a la realidad, puede que sea, asimismo, altamente injusta. Porque, de entrada, es innegable que las distintas personalidades, prioridades y maneras de actuar de De La Salle y Nyel se complementaron de manera muy fecunda, de modo que juntos dieron origen a una experiencia única, exitosa y con abundantes semillas de futuro.


 Además, a Adrián Nyel no se le puede negar una generosidad evangélica fuera de lo común, manifestada en su honda implicación en el proyecto de las escuelas para pobres, a las que dedicó su vida entera, sin ningún ánimo de lucro, movido exclusivamente por sus ansias apostólicas. En este sentido, podríamos considerarlo como un representante típico de aquel movimiento de laicos devotos que buscaban desarrollar su amor a Dios ayudando a los más pobres. Siendo laico como era, fue capaz de orientar a todo un canónigo y doctor en teología por unas sendas, quizás marginales desde el punto de vista de la sensibilidad social, pero llenas de autenticidad evangélica. Nyel fue quien le enseñó a De La Salle en qué consistía una escuela para pobres, cómo se enseñaba en ellas, cómo había que formar a sus maestros, en qué había que fijarse para que las cosas fueran bien... El genio de De La Salle aprovechó las enseñanzas del anciano laonés y, a partir de ellas, compensó de sobra las lagunas que fue apreciando en su experiencia. Cuando Nyel decide regresar a Ruan, a De La Salle no le queda más remedio que remar solo, pero sin el empujón inicial del viejo Adrián Nyel nada de lo que después fue surgiendo hubiera sido posible. De esta forma teje sus paños el Espíritu, de compromiso en compromiso, sin haberlo previsto así en un primer momento, tanto para De La Salle como para su viejo amigo Nyel.

Hermano Josean Villalabeitia



[1] El término ‘comunidad’, aplicado a los maestros, aparece ya en una carta autógrafa de De La Salle redactada en junio de 1682. En el Memorial sobre el hábito, escrito poco más de cuatro años después de los hechos que narramos, la palabra ‘comunidad’ aparecerá cuarenta veces, en ocho páginas, y ninguna vez ‘sociedad’ o ‘instituto’, términos que serán habituales algo más tarde. De esas cuarenta veces, en veintitrés ocasiones la expresión completa es ‘comunidad de las escuelas cristianas’.
[2] El propio Blain contribuyó lo suyo a alimentar esa mala fama; no en vano calificó a Nyel de “enemigo de la estabilidad”, añadiendo que era “semejante a los pájaros de paso, que quieren visitar todos los lugares de la tierra sin pararse en ninguno”; y es que Nyel “no pudo renunciar a su inclinación, que le empujaba a todas partes, y que le hubiera hecho volar de buena gana, para abrir escuelas en ellas, a tantas tierras como las que recorrió San Pablo para fundar Iglesias”.
[3] Su primer intento en Guisa fracasó a los pocos meses. También a De La Salle le falló un proyecto con mucha rapidez: el de Château-Porcien.
[4] Este joven se llamaba Cristóbal y tenía catorce años. Parece ser que falleció tres años después de su llegada a Reims, cuando vivía en la comunidad de maestros que allí dirigía De La Salle. En este sentido, podría ser considerado, con todas las de la ley, como el primer Hermano de La Salle.

domingo, 10 de enero de 2016

Siervas Lasalianas de Jesús, de Haití

El entusiasmo de la fundación
La Providencia tiene estas cosas, que te sorprende y te enseña cuando menos lo piensas. Fue mi caso, recientemente. Porque la misión me llevó, casi por sorpresa, a Haití, donde esperaba encontrarme y trabajar, como siempre, con Hermanos de La Salle, profesores y profesoras de sus centros escolares, pastoralistas... Y así fue, en efecto.

Solo que un día, después de las tareas formativas, vino a verme un Hermano haitiano, cercano ya a los sesenta, delicado de salud pero de muy digno porte. El Hermano Hermann Austinvil, que así se llama, quería hablarme de su fundación: una congregación religiosa, las Siervas Lasalianas de Jesús. Lo que comentó me pareció interesante por lo que decidí aceptar su invitación a pasar algún tiempo en la comunidad de las Hermanas.

Las encontré en uno de los barrios más pobres de Puerto de Paz, en una casa enorme, construida por una institución italiana de cooperación. Es la única casa del nuevo Instituto, que les sirve de comunidad, casa de formación en sus distintos niveles, y orfanato o, mejor, casa de acogida de niñas en dificultad, porque no todas son huérfanas. Cerquita de la casa han construido un edificio mucho más humilde, que acoge una escuela primaria rebosante de niños de ambos sexos y un humilde dispensario, cuya consulta atiende una enfermera titulada. Me dicen las Hermanas que el dispensario es el orgullo del barrio; mucha gente acude a él porque, si lo necesita, recibirá medicamentos a muy bajo precio, o enviarán a los enfermos, con algunas ventajas, a un centro mejor dotado. Un poco más lejos están terminando de construir un liceo femenino, concertado con el Estado haitiano, que esperan sirva para facilitar la tarea pastoral con las chicas más mayorcitas. Cuatro compromisos apostólicos bien concretos, por tanto.

Sin embargo, de momento, las Siervas Lasalianas de Jesús son solo siete. Aunque numerosas candidatas llaman a sus puertas, las Hermanas prefieren no apresurarse y tomarse un tiempo amplio para el discernimiento antes de admitirlas. La vida que tratan de llevar adelante es dura y solo con la entereza y fuerza de voluntad que Dios regala a sus elegidos mediante el don de la vocación religiosa se es capaz de vivirla con gozo y generosidad en la entrega. No han comenzado un nuevo proyecto carismático  -insisten-  para que a las primeras de cambio la mediocridad acampe entre las paredes de su comunidad. Y a fe que su alegría y dinamismo apostólico me dejaron profundamente impresionado...

El Instituto de las Siervas Lasalianas de Jesús fue oficialmente aprobado por el obispo de Puerto de Paz en 1998, aunque desde unos años antes varias chicas andaban ya empeñadas en servir a los pobres, llevando una vida cristiana comprometida y responsable. El origen de todo hay que buscarlo en el Colegio Nuestra Señora de Fátima, de Puerto de Paz, del que varias de las pioneras eran maestras. Poco a poco, con el apoyo inestimable y la dirección espiritual del Hermano Hermann, a la sazón director del Colegio, ese grupo de maestras comprometidas fue estructurándose y planteándose metas cada vez más exigentes. Según las propias Hermanas cuentan, su director sabía atraer la atención de los profesores sobre la situación de los alumnos más afectados por las dificultades familiares, económicas y escolares, y recordaba constantemente lo que Juan Bautista De La Salle deseaba para los niños confiados al cuidado de sus discípulos.

Su carisma lo tienen muy claro: relación estrecha con el Señor, vida radical de comunidad y entrega generosa a la evangelización, en especial de los más pobres, preferentemente por medio de la educación y la catequesis, aunque sin desdeñar otros caminos apostólicos. Es evidente que la figura de san Juan Bautista De La Salle y su mensaje han dejado honda huella en su compromiso.

Cuando las visité, las Siervas Lasalianas de Jesús andaban planteándose la organización de una panadería, con venta al público, que las ayudase a salir adelante de manera un poco menos apurada; y es que no resulta fácil animar tanta misión solo con los dones de los pobres. No sé si lo conseguirán... De lo que sí estoy seguro es que, para mí, la experiencia de conocer a las Hermanas supuso entrar en contacto directo con algo de lo que me habían hablado muchas veces, pero que nunca había experimentado: el entusiasmo carismático de la fundación de un Instituto. Y es que nos parece que duerme, pero no es así: el Espíritu anda siempre muy activo entre nosotros.

                                                                                                          Hermano Josean Villalabeitia






martes, 15 de diciembre de 2015

Conduite des Écoles Chrétiennes

Una edición interesante del libro clave de las escuelas lasalianas a lo largo de muchos años de tradición e historia, la "Guía de las Escuelas Cristianas", podemos encontrarlo en Internet.

Se trata de una edición de 1863, cuando, como es sabido, la primitiva Guía, publicada por vez primera en 1720  -aunque poseamos un manuscrito, con bastantes de los textos luego publicados, datado hacia 1705-  había sufrido ya numerosos cambios, producto de la evolución de la escuela en ese siglo y medio.

Un auténtico tesoro, en cualquier caso, del que todos los lasalianos debemos estar al corriente, para utilizarlo, para recomendarlo y, en definitiva, para sentirnos orgullosos y satisfechos de estar ligados a un libro que forma parte esencial de la historia de la escuela, de la pedagogía y la didáctica universal.

Para ir a la página web donde se encuentra   P I N C H A R   A Q U Í .


jueves, 3 de diciembre de 2015

Contra la pobreza juvenil, formación y trabajo

Centro Social de Promoción Femenina (CSPF), de Anosibé (Madagascar)

La zona céntrica de Antananarivo, en teoría de las más nobles de la capital malgache, es, al mismo tiempo, enormemente engañosa. Paseas por las orillas del lago Anosy, por ejemplo, y puedes visitar el monumento a los héroes caídos por la patria, caminar de un ministerio a un museo, o entre instituciones educativas de prestigio... Y presidiéndolo todo, la destacada mole del hotel “Carlton”, el más lujoso de Madagascar.


Pero, al mismo tiempo, tus amigos te repiten constantemente que prestes atención a los rateros, las prostitutas no te dejan en paz con sus propuestas desvergonzadas y los desagradables efluvios del agua pútrida te amargan el hermoso panorama; a fin de cuentas, el lago no es, en definitiva, sino una enorme letrina pública. En otro orden de cosas, también puedes observar los restos calcinados de “Radio Madagascar”, víctima cruel de los acontecimientos sangrientos de las primeras semanas de 2009, cuyos perversos efectos aún padece la población con estoicismo, a la espera de que se hagan realidad las tantas veces frustradas promesas de los políticos.

Pero, sin duda, lo más engañoso es poder llegar, en apenas unos minutos de paseo, desde el formidable Carlton hasta los barrios de Anosikely o Anosibé, donde se hacinan millares de malgaches paupérrimos, que luchan como pueden por sobrevivir a una pobreza que se vuelve cada vez más agresiva. Y es que, en el centro de Antananarivo, el lujo más aberrante convive sin rebozo con una miseria que durante los últimos años ha ido alcanzando cada día a más y más personas. De hecho, las estadísticas más recientes indican que el 92 por ciento de los malgaches vive con menos de 1,32 euros diarios.

          Una comunidad de seglares comprometidos.- Uno de estos céntricos barrios miserables precisamente, el de Anosibé, es el escenario de nuestro artículo. En realidad Anosibé podría considerarse como un terreno ganado al agua, porque se formó desecando parte de la laguna en cuyas riberas se asienta; solo hubo que echar al agua tierra y más tierra... Con esta operación aumentó en gran medida la superficie habitable del barrio, y muchas familias pobres encontraron allí un acomodo que en otras partes de la ciudad les resultaba del todo imposible. Claro que, junto a las personas, también otros inquilinos, como los mosquitos o las ratas, se instalaron a sus anchas en aquel ambiente húmedo e insalubre.

La crítica situación así creada llamó la atención de un grupo de profesoras y profesores cristianos del relativamente cercano Colegio de la Sagrada Familia, dirigido por los Hermanos de La Salle, que venían reuniéndose desde tiempo atrás para compartir su fe, meditar sobre el Evangelio y orar. A la vista de la realidad social de Anosibé, impulsados por sus convicciones religiosas, algunos de estos maestros decidieron dar un paso más y comprometerse en algún apostolado social. Visitando el barrio y sopesando sus posibilidades de compromiso, parecía que lo más práctico podría ser dedicarse a la alfabetización de adultos y, sobre todo, a la de los jóvenes, casi todos muy pobres y en riesgo de exclusión social. Así las cosas, alquilaron un local y centralizaron en él sus actividades educativas solidarias. Corría por aquel entonces el año 1994.

El grupo de profesores comprometidos se fue estructurando más y más, hasta llegar a consagrase como miembros de la fraternidad laica “Signum Fidei”, ligada a La Salle, y constituir una comunidad de seglares sólida y comprometida. El entusiasmo era por aquellos días tan grande que, aprovechando los bajos precios de los solares en Anosibé, el grupo se planteó incluso la oportunidad de construir entre todos una casa con varias viviendas, a las que podrían trasladarse las distintas familias de los profesores involucrados.

Y el terreno para la casa comunitaria se adquirió, en efecto, aunque el edificio proyectado nunca viera la luz. Se ve que la Providencia tenía otros planes para ellos...

          Cuando alfabetizar no es suficiente.- Según van adquiriendo experiencia en el barrio, y conociendo al detalle la evolución de numerosos casos concretos, nuestros profesores se convencen de que la alfabetización es importante, por supuesto, y hay que seguir impulsándola; pero que ella sola no basta. Si no hacen algo más por las personas que vienen a sus clases la mayoría de ellas jamás podrá sortear, de manera mínimamente aceptable, el muro de miseria que las aprisiona. Además de enseñarles los rudimentos escolares, parece, pues, imprescindible completar su formación preparándolos específicamente para que puedan encontrar un trabajo. Esto supone que, de una manera que habrá que estudiar con cuidado y adaptándose a las condiciones del barrio y a las necesidades de la ciudad, tendrán que orientarse hacia la formación profesional.

Al mismo tiempo, nuestros profesores se dan cuenta asimismo de otra evidencia: las más afectadas por toda la problemática de la miseria del barrio, que las lleva con demasiada frecuencia a situaciones lamentables  -prostitución, embarazos juveniles, nula autoestima, etc.-, son las chicas jóvenes. A ellas conviene dirigir, por tanto, el grueso de las actuaciones.

Fruto de todo este discernimiento, que no se lleva a cabo en unos pocos días precisamente, es la creación del “Centro Social de Promoción Femenina” (CSPF), que nacerá en 1999 sobre el terreno adquirido para la casa de la fraternidad. Un edificio se levantará efectivamente sobre él, pero sus beneficiarios no serán ya las familias de los “Signum Fidei”, sino las chicas más pobres del barrio; para comenzar, una veintena, a la que se irán sumando algunas más cada curso.

Las especialidades que parecen más apropiadas para impartir de inicio son las relacionadas con las labores típicamente femeninas de la costura: corte, confección, bordado, tricotado y tintura. Habrá que intensificar también las clases de alfabetización  –que serán complementadas con nociones de promoción femenina y formación religiosa–, de modo que las alumnas alcancen un nivel profesional apreciable y hasta pueda solicitarse el reconocimiento oficial de los estudios. Para ello, resultará asimismo indispensable contratar a algunos educadores especializados.

Los comienzos son ciertamente impactantes. Puesto que ahora las chicas tienen que permanecer bastante más tiempo en el CSPF, aparecen problemas de higiene, piojos, malos olores... que es preciso combatir con energía; sin demasiada ayuda por parte de las propias interesadas, todo sea dicho. Las jóvenes que acuden al Centro son todas del barrio; no pocas de ellas proceden de familias desestructuradas, con padres alcohólicos, madres prostitutas, delincuentes, pordioseros... Apenas se les puede solicitar ningún apoyo económico o material porque sería inútil: no tienen nada. La venta de algunos productos elaborados por las alumnas ayudará un poco; el resto habrá que buscarlo con ahínco en la solidaridad internacional.

Con el paso del tiempo el CSPF se normaliza y adquiere un ritmo estable: son tres años de estudios, tras los que se obtiene un diploma reconocido por el Estado malgache y la Iglesia Católica. Los primeros resultados son alentadores de verdad, pues las chicas que concluyen la formación dominan ciertamente su profesión, encuentran empleo sin demasiada dificultad, o trabajan en sus propias casas para sus vecinos.

          Más proyectos.- Tras una década de trabajo intenso y feliz con las chicas, y casi por casualidad, más proyectos se unen a la labor benefactora del CSPF de Anosibé. Y es que un grupo de voluntarios, sin conexión alguna con los “Signum Fidei”, está buscando un lugar para implantar una escuela de hostelería, dedicada, sobre todo, a niños y niñas de la calle, sin despreciar otras situaciones juveniles de exclusión social grave. Para sus propósitos, disponen del apoyo de varias instituciones francesas.

Conocida la experiencia del CSPF de Anosibé, el acuerdo es rápido. A pesar de que el nuevo proyecto va a depender de otras instancias, el terreno de los profesores está disponible, sin condiciones, para el nuevo proyecto. Se construirá en él un nuevo pabellón para la hostelería, el segundo, que empieza a funcionar en otoño de 2011.

La formación hostelera va a durar un curso escolar. Los chicos y chicas que acudan a Anosibé serán propuestos por distintos organismos que se ocupan de los jóvenes en exclusión social de Antananarivo. La demanda de plazas es fuerte aunque son pocos los jóvenes que pueden ser admitidos; de otra forma, el aprendizaje se resentiría.


 El plan que se organiza es que, tras alguna orientación teórica inicial, los chicos y chicas pasen toda la mañana en la cocina, trabajando y, así, aprendiendo. A mediodía, toda la escuela comerá lo que entre todos han preparado. Por la tarde, puesto que los pequeños cocineros no son del barrio, con una pequeña ayuda del Centro cada cual regresará a su residencia, que ha sido elegida y es controlada con mimo por los organismos que envían a los chicos a Anosibé.

Así las cosas, la hostelería echa a andar, de modo que son ya cuatro las promociones de cocineros que se han formado en el Centro.

Algo más tarde, en mayo de 2013, se inauguraba el tercer y último edificio del CSPF de Anosibé, bastante más elegante que sus dos hermanos. Se trata de una casa de dos pisos, con locales para clases y talleres en la planta baja, y unas instalaciones para internado en el primer piso. En este nuevo inmueble se va a intentar ampliar el abanico de actividades del CSPF.

Dado que los problemas financieros son cada día más agobiantes, en la planta baja del nuevo edificio se han ido implantando algunas actividades formativas con gancho, como la peluquería o la informática, de modo que atraigan a gente de fuera del barrio dispuesta a pagar por aprender. De esta manera, los nuevos cursos servirán para financiar las actividades clásicas del CSPF, que seguirán su curso habitual en el primitivo edificio. Así se compaginará el indudable servicio social que ofrecerán las nuevas actividades con la ayuda económica a la juventud pobre del barrio.

El segundo piso, por su parte, está destinado a residencia de chicas universitarias procedentes de fuera de la capital, un servicio muy necesario que no está bien resuelto en Antananarivo. Al mismo tiempo, el salón principal de la casa se puede alquilar para eventos particulares como fiestas, bodas u otras celebraciones. Aunque han tenido dificultades para completar el instrumental, mobiliario y otras cuestiones de la nueva casa, poco a poco los distintos planes van cobrando realidad.

          Los productos chinos y otros problemas.- Sin lugar a dudas, el CSPF viene prestando a Anosibé  –y a todo Madagascar–  un excelente servicio, que tiene el mérito de estar sustentado en las inquietudes religiosas y sociales de unas cuantas personas particulares, que no han escatimado tiempo, dinero ni preocupaciones para hacer realidad sus sueños.

Con todo, si al principio las chicas encontraban trabajo sin demasiada dificultad al completar su formación, los últimos tiempos han traído ciertas complicaciones en este asunto. Y es que cada día es más difícil colocarse; el mercado está saturado y, tras las primeras decepciones, no es fácil que costureras y cocineros sigan, a pesar de todo, insistiendo cada día en su empeño, sin que su entusiasmo desfallezca. Pero no hay otro camino...

El último problema han sido las tiendas de los chinos, que ofrecen toda clase de productos, en presentaciones muy atractivas para los malgaches, a unos precios que no admiten competencia. Como consecuencia, aquellos productos que durante los primeros años del CSPF casi se los quitaban de las manos, ahora se quedan largo tiempo en las vitrinas, y por más exposiciones que se organicen, nadie los quiere. Todo es mucho más variado y barato en los almacenes chinos...

No queda más remedio que echarle imaginación y coraje. Con todo, tras nuestra iluminadora charla con la señora Liva Rahelimampianina, activa en el CSPF desde su fundación y actual directora del mismo, y con alguna de sus compañeras, estamos convencidos de que sabrán afrontar estos nuevos retos con responsabilidad y audacia. En caso de tener éxito, los mayores beneficiarios serán, sin duda, los jóvenes malgaches más pobres.

                                                                                                       Josean Villalabeitia

(publicado en la revista 'Mundo negro', septiembre 2015)
                                                           

martes, 17 de noviembre de 2015

La retirada de Nyel

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (23)

Menos de tres años después de la llegada de Nyel a Reims funcionaban en la villa del champán tres escuelas para pobres de la comunidad de De La Salle y el laonés. Como la satisfacción parecía imperar, comenzaron a proponerles la apertura de otras escuelas en los alrededores. Por ello, a principios de 1682 De La Salle, que se estaba ilusionando más y más con el proyecto de las escuelas, decidió enviar a Nyel a estudiar algunos ofrecimientos que le habían llegado, tomar decisiones sobre el terreno, a la vista de las circunstancia concretas, y organizar las nuevas escuelas que pudieran surgir; a fin de cuentas, el que sabía de estas cosas era Nyel y no el canónigo. Así surgió la escuela de Rethel; luego, seis meses más tarde, la de Guisa[1], y por fin la de Laon, tierra natal de Nyel.


Tres años largos estuvo este ocupado en la fundación de escuelas para pobres por poblaciones más o menos cercanas de Reims, pero, en definitiva, lejos de la capital, donde continuaba siendo De La Salle quien se ocupaba de la comunidad de maestros y sus escuelas. Llegó así el verano de 1685 en que Nyel sorprendió a todos anunciando su decisión de regresar a Ruan, donde moriría un par de años más tarde, el 31 de mayo de 1687, pobre, como había vivido, entre los pobres del Hospicio General a quienes había servido con generosidad y entrega encomiables.

Pero, ¿la retirada de Nyel fue realmente una sorpresa? ¿O era algo que, al menos él, tenía bien pensado cuando seis años antes llegó a Reims? Porque a propósito de su figura resulta conveniente plantearse algunas cuestiones, por más que las respuestas que se ensayen no puedan estar basadas en ningún documento de su mano, ya que nada de lo que él pudiera haber redactado ha llegado hasta nosotros.

Durante casi los tres primeros años de la fundación lasaliana, Nyel no se movió de Reims y, en estrecho contacto con el canónigo De La Salle, fue enseñándole muchas cosas sobre las escuelas para pobres y sus maestros, y convenciéndole de adoptar ciertas decisiones; surgieron así las primeras escuelas y se organizó un primer esbozo de comunidad de maestros. Por aquel entonces, probablemente, las cosas funcionaban más al estilo de Nyel que al del canónigo. Luego, por propia iniciativa o por necesidades de la fundación, Nyel se alejó de Reims, y el proyecto comenzó a marchar en aquella ciudad por otros derroteros, seguramente más cercanos a lo que De La Salle pensaba y deseaba.

Parece claro, por ejemplo, que, a partir del alejamiento de Nyel, la comunidad de maestros de Reims comenzó a estructurarse de manera más firme: se fijó el nombre oficial del grupo, un hábito peculiar, un reglamento, etc., al tiempo que el Señor De La Salle comenzaba a trabajar con seriedad la interioridad de los maestros, pilar básico de su compromiso y estabilidad en la misión. Comenzaba ya más a ser la comunidad sólida que, probablemente, De La Salle deseaba que aquel grupo un tanto delavazado de maestros que Nyel había promovido en Ruan. Adrián no estaba allí; no sabemos si compartía esas decisiones o si, quizás, incluso, ni siquiera se las consultaron...

O tal vez estaba de acuerdo, pero prefirió permanecer en la sombra, convencido de que su verdadera comunidad, su lugar, estaba en Ruan. Quizás no se enteró demasiado al detalle o prefirió no meter baza para no interferir en un proyecto que, en definitiva, no era el suyo. Puede que el modelo remense, en el fondo, no se pareciera demasiado al que él pretendía configurar, probablemente al estilo de Ruan, a partir de un determinado Hospicio General que acabaría por construirse en Reims y dependería del municipio.

Puede asimismo que, sencillamente, sobrepasados ya ampliamente los sesenta años, por aquella época edad muy avanzada, se sintiera cansado o enfermo, o próximo al fin. Quizás Nyel no hubiera tenido, desde siempre, otra idea que cumplir de la mejor manera posible el encargo de la Señora Dubois, para regresar luego a Ruan; y cuando vio que el proyecto de las escuelas para pobres en Reims estaba en buenas manos y marchaba por vías de franco desarrollo, entendió que su trabajo había terminado allí y decidió regresar a la capital normanda, donde en el fondo estaba su vida y su corazón... No sabemos qué pasó; el caso es que Nyel se retiró del proyecto[2].

Ciertamente durante esos tres años y pico, entre principios de 1682 y el verano 1685, en que Nyel trabajó por los alrededores de Reims mientras De La Salle se encargaba de los maestros de la ciudad las cosas evolucionaron con rapidez. Tal como cuenta el Hermano Bernard, el primero de los biógrafos del canónigo, en la práctica “el Señor Nyel dirigía las tres casas de Rethel, Guisa y Laon, mientras que el Señor De La Salle dirigía y formaba la de Reims”. Es curioso que, según este Hermano, ambos dirigieran las casas, pero solo Juan Bautista formara la suya. ¿Qué significa aquí ‘formar’? Sea cual sea la respuesta, resulta evidente que se han configurado dos redes distintas de escuelas: la de Reims, animada por De La Salle, cuyos maestros, que ya no son los que apalabró Nyel, viven en una única casa, aunque trabajen en tres escuelas distintas; y la de Nyel, repartida por la región, con tres casas en tres poblaciones distintas, bastante alejadas entre sí, en cada una de las cuales vive un par de maestros  —tres a lo sumo—  que se ocupan de las escuelas de esa localidad.
Parece claro que la relación entre ambas redes no se perdió nunca, y que, para desesperación de De La Salle, Nyel nunca dejó de solicitar maestros al canónigo cuando
tenía necesidad de ellos. Incluso el sacerdote remense visitó algunas de las casas dirigidas por Nyel, porque Juan Bautista había participado en las gestiones para abrirlas y, además, algún maestro de estas escuelas procedía de la comunidad de Reims. Pero es evidente que el estilo de vida en casa, la manera de conducir las escuelas, la misma exigencia personal y grupal, tenían que ser muy diferentes en una red y en otra. En Reims había una persona liberada, con una excelsa formación y altas inquietudes espirituales, que había fijado reglamentos, oraciones, menús, reuniones..., porque el grupo era numeroso. Aquel director de la casa remense se había preocupado especialmente de la vida de los maestros fuera de su trabajo y, en particular, de su experiencia espiritual. Lejos de Reims teníamos tres parejas de maestros muy separadas entre sí, con un director que lo era en teoría, pero que en la práctica se movía mucho y no podía vivir demasiado tiempo con los maestros o, al menos, no con todos. Y, en cualquier caso, se ocupaba sobre todo de los aspectos profesionales.

Así llegó la decisión de Nyel de regresar a Ruan. De La Salle, que no tenía ninguna obligación de hacerse cargo de las tres escuelas, que funcionaban lejos de Reims y bajo los criterios de Nyel, pero que había caído ya en el providencial embrujo del apostolado escolar, se decide a aceptar el reto y a encargarse también de aquellas tres escuelas huérfanas. Así, desde octubre de 1685 el Señor De La Salle será el único responsable de seis escuelas para pobres, diseminadas por cuatro localidades distintas, con unos quince Hermanos a su cargo. ¿Hermanos o solo maestros? Porque, ¿quién sabe cómo habían andado las cosas en la red de escuelas y maestros de Nyel? Este será el primer problema con el que Juan Bautista tendrá que enfrentarse.

Hermano Josean Villalabeitia




[1] En 1681 hubo un intento de fundación en Guisa, por cuenta y riesgo de Nyel, que fracasó en pocos meses. Al año siguiente fue De La Salle quien recibió la invitación, envió a Nyel y, en esta segunda ocasión, la escuela cristiana de Guisa renació y se consolidó; duraría hasta la Revolución, más de un siglo después.
[2] Blain aporta su explicación: “Cuando Nyel salió de Ruan no había renunciado a regresar algún día. Su idea era dejar que sus cenizas descansaran en ella. Para poder hacer esto con seguridad de conciencia había pedido varias veces al Señor De La Salle, aunque en vano, que se hiciera cargo de la dirección de las tres escuelas […] Su edad y la imposibilidad de dotar a estas tres escuelas de maestros capaces fueron los motivos en que apoyó su ruego, o más bien los pretextos con los que disfrazaba su invencible deseo de regresar a Ruan”.