lunes, 18 de julio de 2016

Sobre el venerable Hermano Adolfo Lanzuela

La localidad de Cella conserva la impronta del recientemente nombrado Venerable por el papa Francisco al Hermano Adolfo, de La Salle. El apóstol de Montemolín, (colegio de La Salle en Zaragoza), nació en Cella en 1894 y murió en Zaragoza en 1976. Cella tiene una calle dedicada al Hermano Adolfo y placas en la iglesia parroquial y en la casa natal. Las personas mayores recuerdan las virtudes que tenía el Hermano Adolfo y los favores que hacía a los cellanos cuando le pedían ayuda para encontrar trabajo y atención en Zaragoza, ciudad en la que desarrolló su vocación religiosa y educadora.

El párroco de Cella, Enrique Pastor, señaló que la presencia del Hermano Adolfo en el municipio donde nació está presente en la memoria de las personas más mayores y en las placas que tiene en su nombre en la iglesia parroquial, en la casa donde nació y en una calle con su nombre.

La placa del Hermano Adolfo en la iglesia parroquial de Cella se encuentra cerca de la pila bautismal a la que daba mucha importancia "porque significa el nacimiento a la fe cristiana".

Enrique Pastor destacó del Hermano Adolfo, según los testimonios que le han contado, cuando iba a Cella en vacaciones y para ver a los familiares el tiempo que pasaba orando ante el Santísimo. "También me han dicho que era una persona muy atenta y que iban a él a pedirle trabajo, cuestión que se desvivía para ayudarles en buscar trabajo".

La vecina cellana, Consuelo Gracia, conoció personalmente al Hermano Adolfo, ya que era amiga de una sobrina. "A Cella venía con frecuencia porque se preocupaba por la familia. A mí me impresionaba. Vivía en la pobreza y no le gustaba nada los homenajes ni los aplausos. Se ruborizaba", confesó. En este punto, Consuelo recordó el día que murió cuando se le iba a entregar en Zaragoza la Medalla de Plata al Mérito de Trabajo en 1976. "Se desplazó desde la residencia de los Hermanos de La Salle en La Rioja a Zaragoza para recibir la Medalla de Plata al Mérito de Trabajo, a pesar de que no le gustaban los reconocimientos, y lo encontraron muerto. El homenaje se convirtió en entierro".

Gracia añadió que al Hermano Adolfo le gustaba mucho la docencia y practicar ciertas virtudes, como visitar a los enfermos. "Consolaba mucho a los que sufría".


Asimismo Consuelo Gracia recordó que cuando estaba en Cella el Hermano Adolfo pasaba grandes ratos en el Sagrario. "Era muy devoto y siempre besaba la pila bautismal. Daba ejemplos de virtud".

Igualmente, Consuelo Gracia mencionó los favores que hacía a los cellanos que buscaban trabajo o para el servicio militar. "La gente lo quería mucho y pido que nos siga ayudando desde el cielo".

Un familiar suyo, Gregorio Serrano Martínez, incidió en la actitud del Hermano Adolfo para socorrer cuando le pedían ayuda. "Los jóvenes cuando iban a Zaragoza a pedir trabajo recurrían al Hermano Adolfo. También a los que hacían el servicio militar. Intentaba hacer favores a todos los que se lo pedían. En Zaragoza el Hermano Adolfo era muy conocido y tenía muchos contactos. A Cella venía el Hermano Adolfo de vez en cuando, en verano, cuando no había clases en el colegio".

El vicepostulador de la causa de la beatificación del Hermano Adolfo, el Hermano de La Salle Fernando Millán, tiene recogida muy bien toda la vida del recientemente nombrado Venerable, el 17 de diciembre, por el papa Francisco.

El Hermano Adolfo nació en Cella (Teruel) el 8 de noviembre de 1894. En el bautismo recibió el nombre de Leonardo. En 1908 ingresa en el seminario de Teruel. Tras cinco años, 1913, lo deja. Razón: "No me atrevo a cargar con la responsabilidad y obligaciones que me impone el sacerdocio". Ese mismo año entra en la Normal de la ciudad para estudiar magisterio. Acaba en junio de 1916. A continuación, tres años de servicio militar en Valencia. Durante la mili fallece su novia Leonor Gil, víctima de la llamada "gripe española". Fue el 19 de junio de 1918. Ejerce de maestro en el colegio de San Felipe (hoy museo Pablo Gargallo), en Zaragoza. Permanece dos cursos, 1920-1922. En julio de ese mismo año inicia su andadura lasaliana en Irún donde toma el hábito y empieza su años de noviciado. Al tomar el Hábito religioso de Hermano, cambió su nombre de pila, Leonardo, por el de religioso Hermano Junián Adolfo , siendo Adolfo el nombre con el que se le conoció durante su vida.

Tras el año de Noviciado y otro más de estudios religiosos en Talence, Francia, cerca de Burdeos, volvió a Zaragoza, donde permaneció, salvo un año en Beasain (Guipúzcoa), hasta su muerte, entregado a la educación humana y cristiana de los niños y jóvenes durante más de medio siglo, por lo que mereció el título de el apóstol de Montemolín.

El Hermano Adolfo, expuso el Hermano Fernando, falleció el 14 de marzo de 1976 en Zaragoza. "La fama de hombre de fe, religioso observante, caritativo y santo le acompañó toda su vida y creció después de su muerte. Ello motivó la apertura del proceso diocesano para su canonización. Terminado dicho proceso diocesano sus actas fueron enviadas en 1991 a Roma a la Congregación para las Causas de los Santos, donde se abrió el proceso correspondiente".

El Hermano Adolfo fue enterrado en el cementerio que los Hermanos tienen  en el Santuario de Nuestra Señora de La Estrella, en el que permaneció hasta el 14 de junio de 1980 en que sus restos fueron trasladados a Zaragoza. Hoy reposan en la capilla del Colegio La Salle Montemolín, donde se pueden visitar durante el horario escolar.

El Hermano Adolfo está en posesión de la En­comienda de Alfonso X el Sabio y de la Medalla al Mérito en el Trabajo. Tres fueron sus líneas fundamentales en la vida en el servicio a los hombres: la tarea educativa, la búsqueda incansable de puestos de trabajo para cuantos acudían a él en demanda de una colocación y la asistencia espiritual a los enfermos. Tres también los trazos que determinaron su perfil espiritual: exac­titud en el cumplimiento del deber, profunda vida de oración, serenidad y equilibrio espirituales. En vida y sobre todo en su muerte el pueblo le atri­buyó fama de santo.



lunes, 27 de junio de 2016

El lasaliano Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa, flamante premio nobel de literatura en 2010, hizo sus estudios primarios en el Colegio La Salle de Cochabamba (Bolivia), a principios de la década de los cuarenta del pasado siglo XX. Luego, una vez que sus padres hubieron hecho las paces, la familia al completo se trasladó a Perú, donde Mario estudiaría algún tiempo en el Colegio La Salle de Lima.



En la foto, Mario Vargas Llosa
con sus compañeros de clase lasalianos de Cochabamba




















Estos datos, sencillos de recolectar en cualquier biografía del literato peruano, cobran un interés particular cuando oímos confesar, de boca del propio escritor, cuál fue la cosa más importante que le sucedió en la vidaY saber que sucedió en el Colegio La Salle de Cochabamba, y conocer de su propia voz a unos de los protagonistas fundamentales de lo que sería en adelante su vida: un Hermano de La Salle, el Hermano Justiniano. Así lo proclamó don Mario en Estocolmo (Suecia), con motivo de la recepción del Premio Nobel, a finales de 2010. Pero luego lo ha repetido siempre que ha podido, aquí y allá; recientemente todavía en Madrid...

Orgullosos de contar con exalumnos tan ilustres, y que guardan un recuerdo tan cariñoso de su paso por las aulas lasalianas.

Así comenzaba Vargas Llosa su discurso de recepción del Premio Nobel:

"Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del Hermano Justiniano, en el Colegio de La Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas..."

Para oír de labios del propio escritor estas palabras pinchar A Q U Í.

Para leer el discurso íntegro del Nobel, titulado "Elogio de la lectura y la ficción, proclamado en Estocolmo el 7 de diciembre de 2010 pinchar A Q U Í.




miércoles, 22 de junio de 2016

Alfonso Junco, poeta lasaliano

Alfonso Junco es un poeta e historiador mexicano, nacido en Monterrey, en 1896, y fallecido en México D.F., en 1972. 

Fue alumno de una de las primeras obras que los Hermanos franceses fundaron en México, el Colegio del Sagrado Corazón, de Monterrey (Nuevo León). 

Académico de la Lengua en México y Colombia, en su faceta literaria el señor Junco destacó, sobre todo, por su poesía religiosa, en la que, según algún crítico, " se ha labrado un camino propio y es de los escritores que han dado a México nueva vitalidad en este género, aplicando modos de expresión poética originales y atrevidos".

Si hoy traemos al poeta Junco a estas páginas lasalianas es porque, sin saberlo, muy a menudo solemos rezar con uno de sus poemas más conocidos. Se trata del titulado "Así: te necesito de carne y hueso", propuesto como himno de Laudes en la Liturgia de la Horas para el viernes de la semana I. Un compañero en la capilla, por tanto, lasaliano anónimo, que a partir de ahora, quizás, no lo sea tanto.

Además del poema mencionado de Alfonso Junco, proponemos otros tres, todos religiosos, para que pueda calibrarse un poquito mejor la calidad literaria de su obra poética religiosa.









De carne y hueso

Así: te necesito
de carne y hueso.

Te atisba el alma en el ciclón de estrellas,
tumulto y sinfonía de los cielos;
y, a zaga del arcano de la vida,
perfora el caos y sojuzga el tiempo,
y da contigo, Padre de las causas,
Motor primero.

Mas el frío conturba en los abismos,
y en los días de Dios amaga el vértigo.
¡Y un fuego vivo necesita el alma
y un asidero!

Hombre quisiste hacerme,

no desnuda inmaterialidad de pensamiento.

Soy una encarnación diminutiva;
el arte, resplandor que toma cuerpo:
la palabra es la carne de la idea:
¡encarnación es todo el universo!
¡Y el que puso esta ley en nuestra nada
hizo carne su verbo!

Así: tangible, humano,
fraterno.

Ungir tus pies, que buscan mi camino,
sentir tus manos en mis ojos ciegos,
hundirme, como Juan, en tu regazo,
y –Judas sin traición– darte mi beso.

Carne soy,
y de carne te quiero.

¡Caridad que viniste a mi indigencia,
qué bien sabes hablar en mi dialecto!
Así, sufriente, corporal, amigo,
¡cómo te entiendo!

¡Dulce locura de misericordia:
los dos de carne y hueso!









Niño Dios

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame,
y hazme niño y hazme Dios.

Nochebuena, Nochebuena,
fragante de evocación:
¿qué efluvios de cosas idas,
qué perfume de candor.
qué melodías lejanas,
qué balbuciente emoción.
qué manso desasosiego,
qué frescura, qué claror,
qué cosa que no se puede
decir con precisa voz,
nos penetra y sobresalta
y acaricia el corazón?
¿Es un ansia de ser niños?
"Sed niños -dijo el Señor-
si queréis entrar al Reino";
¡y El se hizo niños por nos!
¡y en su noche nos embriaga
un dulce afán de candor!...
¡Oh, qué anhelo de ser niño!
¡Hazme niño, Niño Dios!

"Sed perfectos cual mi Padre
celestial", dijo tu voz,
y no fue estéril sarcasmo
sino fértil bendición.
"Vosotros también sois dioses",
clamas. Y Pablo sintió:
"Vivo, pero ya no vivo:
que vive en mí Cristo Dios".
Porque tu nos alimentas
con un pan de exaltación,
que no se hace carne mía
como este pan inferior,
sino que mi carne absorbe
y la transfigura en Dios.
¡Dios quiero ser para amarte
con pleno pago de amor,
Dios para abarcar tu esencia,
Dios para obrar perfección,
Dios para ser uno contigo!...
¡Hazme Dios, oh Niño Dios!...

Niño Dios que estás naciendo,
nace aquí en mi corazón,
y en tus hechizos anégame
y hazme niño y hazme Dios.
















Liberación

Amado que encarcelado
te quedaste en el altar:
amor te puso cadenas
y sin movimiento estás.

Afuera, el mundo se muere
de frío y de soledad...

En tu sagrario hallaría
su remedio substancial:
la plenitud llameante
del amor y la verdad.
¡Pero ignora o lo olvida
y así envejece en su mal!

Tú no te puedes mover,
él no te viene a buscar,
¡y él y Tú, los dos se mueren
de frío y de soledad!

¡Ven a mi pecho, Señor:
yo te quiero libertar!
Ven conmigo, iremos juntos,
todo lo recorrerás:
calles, comercios, talleres,
los campos y la ciudad.

Iremos juntos, Amado:
¡dónde esté yo, Tú estarás!

(Señor, hazme transparente:
no te opaque mi maldad!)

De tu presencia al efluvio
volverán todos la faz;
la sorpresa y el hechizo
poco a poco crecerán,
el asombrado deseo
con más ardor mirará,
¡y al ver tu plena hermosura
conquistados quedarán,
que es conocerte y amarte
un sólo rapto vital!

Tu impotencia de moverte
fue designio de bondad.
Así como es tesorero
el rico, de tu caudal,
para que al dar tenga el júbilo,
virtud e industria de dar,
pero si cierra su mano
con codicia criminal
a Ti y al pobre defrauda
siendo dos veces rapaz;
así me das el tesoro
de tu Cuerpo celestial,
no para el gozo egoísta
de esconderte en mi heredad,
mas para el gozo magnánimo
de llevarte a los demás,
entregándoles contigo
la perfecta Caridad.

Amado que encarcelado
te quedaste en el altar:
ven conmigo; vamos fuera;
donde esté yo, Tú estarás,
te llevaré a todas partes,
¡que así te podré pagar
a Ti, Libertador mío,
mi deuda de libertad!








El peldaño

Toma y moldea en tus manos,
Señor, mi barro y mi sangre
y como peldaño ponme
de tu morada inefable.
Que por mí suban a Ti,
pero que suban ¡pisándome!

No en mi bajeza se engrían,
ni me conozcan ni llamen,
quienes me miren peldaño
de tus perennes alcázares.
Que por mí suban a Ti,
pero que suban ¡pisándome!

Salte de gozo mi barro,
salte de gozo mi sangre,
cuando huellen mi bajeza
los que suban para amarte.
Que por mí suban a Ti,
pero que suban...  ¡pisándome!


jueves, 9 de junio de 2016

La Salle en la catedral de Nueva York


La catedral de San Patricio está ubicada en la Quinta Avenida de Nueva York, entre las calles 50 y 51.

Al entrar por su puerta principal, en la primera capilla situada a la izquierda, nos encontramos con el altar dedicado a San Juan Bautista De La Salle (1651-1719), elaborado en mármol blanco

En el centro del altar se encuentra la venerada imagen del Santo Fundador y, a cada lado, paneles que recuerdan escenas de su vida.  El de la izquierda muestra al Santo dando lecciones a un grupo de niños; y el de la derecha escenifica su conocido amor y dedicación a los más necesitados. En el frontal del altar un hermoso bajorrelieve representa el fallecimiento del Santo.

El entusiasmo de los Hermanos de La Salle de Nueva York les llevó a colocar en las ménsulas situadas a ambos lados del altar, pequeñas estatuillas de miembros del Instituto vistiendo sus hábitos de color negro, lo que ofrece un curioso contraste con la marmórea blancura del altar.

La presencia lasallista se repite en los hermosos vitrales, localizados en diferentes lugares de la catedral.

Un reportaje espléndido, lleno de datos interesantes, que encantará a los lasalianos de todas partes.

Lo podéis encontrar completo pinchando A Q U Í.
Estatua de San Juan Bautista De La Salle de la Saint Patrick's School, de Singapur




jueves, 2 de junio de 2016

Próxima canonización del Beato Hermano Salomón Leclercq

El Hermano Salomón (Nicolás Luis Guillermo Leclercq en la vida civil) nació en Boulogne-sur-Mer (Francia), el 14 de noviembre de 1745. Su padre era comerciante en el barrio del puerto de esa ciudad.

Nicolás fue alumno de la escuela comercial que los Hermanos de las Escuelas Cristianas dirigían en su ciudad natal.

Tras trabajar varios años en distintos comercios de Boulogne y París, Nicolás decidió entrar en el noviciado lasaliano de San Yon, en Ruan, donde recibió el nombre religioso de Salomón. Emitió sus primeros votos en 1769 y al año siguiente fue enviado de maestro a Mareville. Hizo su profesión perpetua en 1772.

El mismo año de su profesión perpetua fue enviado al noviciado de Mareville del que, al año siguiente, asumiría la dirección. En 1777 pasó a ser ecónomo de aquella gran casa, hasta que en 1780 se le envió a enseñar matemáticas al escolasticado en Melun. Participó en el Capítulo General del 1787, del que actuó como secretario. Terminado el Capítulo General fue llamado a desempeñar la función de Secretario General del Instituto.

Llegados los años turbulentos y violentos de la Revolución, en 1791 el Hermano Salomón quedó solo en lo que hoy llamaríamos Casa Generalicia del Instituto, en París, tratando de guardar la propiedad, una vez que el resto de los Hermanos se dispersó para protegerse de la persecución. Aunque vestía de civil, el Hermano Salomón no debió de pasar inadvertido a los guardias de la Revolución, quizás porque acudía a iglesias en las que celebraban sacerdotes que no habían prestado juramento revolucionario, de modo que el 15 de agosto de 1792 fue arrestado y conducido al convento de los carmelitas.
El 2 de septiembre de ese mismo año sería martirizado en el jardín del convento los carmelitas, teatro de una de las más terribles matanzas de la Revolución Francesa: 166 sacerdotes y religiosos, encarcelados por haberse negado a jurar la Constitución Civil del clero, fueron masacrados allí sin ningún juicio y sus cuerpos echados a un pozo o sepultados en fosas comunes excavadas en el jardín.
Pocos días antes de morir, el Hermano Salomón escribía así a una de sus hermanas: “Suframos con alegría y agradecimiento por las cruces y las aflicciones que nos son enviadas. Por mi parte, no me considero digno de sufrir por Él, por cuanto hasta ahora no he experimentado nada malo, mientras hay tantos confesores de la fe que se hallan en dificultad”.
La beatificación del Hermano Salomón, junto a la de todos sus compañeros mártires, tuvo lugar el 17 de octubre de 1926.
Ahora, tras la aprobación pontificia del milagro producido por mediación del Beato Hermano Salomón en la persona de la niña venezolana María Alejandra Hernández, la canonización del santo Hermano solo aguarda a que se fije definitivamente su fecha concreta. Esta niña, en 2007, cuando solo contaba 5 años de edad, salvó la más que probable amputación de una pierna, y seguramente también su vida, después de haber sido picada por una serpiente venenosa.
Todos los lasalianos nos alegramos con el próximo ascenso a los altares oficiales de la Iglesia Católica del primer Hermano mártir. Él abrió una ruta por la que marcharía más tarde muchos compañeros más, que, derramando su sangre, proclamaron la absoluta primacía de su fe cristiana y de su ministerio educativo de evangelización.
Querido Hermano Salomón, lasaliano, haznos valientes como tú y ruega por nosotros a Dios.
Para más precisiones y detalles sobre la vida del Hermano Salomón y sobre el milagro que le valdrá su próxima canonización pinchar A Q U Í .




lunes, 23 de mayo de 2016

Para procurar vuestra gloria

El domingo de la Trinidad, que acabamos de celebrar, trae a todos los lasalianos el recuerdo de otro domingo de la Trinidad, el de 1694, en que trece valientes Hermanos del Instituto de La Salle naciente se comprometieron "juntos y por asociación" a animar, impulsar, dirigir, sostener... las escuelas gratuitas al servicio de la evangelización de los más pobres. Y todo ello para procurar la gloria del Dios Trinidad que, no por casualidad, se celebraba litúrgicamente ese mismo día.


El texto concreto del compromiso, de una riqueza y actualidad fuera de duda, fija en gran medida las claves fundamentales de lo que en adelante será el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, del contenido espiritual y apostólico de la consagración lasaliana, de las referencias primordiales que han de guiar en todo momento la vida de los lasalianos. Aquí está, para recuerdo de todos, y espejo en el que mirarse con frecuencia:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, postrado con el más profundo respeto ante vuestra infinita y adorable Majestad, me consagro enteramente a Vos, para procurar vuestra gloria cuanto me fuere posible y Vos lo exigiereis de mí.

Y a este fin, yo, Juan Bautista De La Salle, sacerdote, prometo y hago voto de unirme y permanecer en sociedad con los Hermanos Nicolás Vuyart, Gabriel Drolin, Juan Partois, Gabriel Carlos Rasigade, Juan Henry, Santiago Compain, Juan Jacquot, Juan Luis de Marcheville, Miguel Bartolomé Jacquinot, Edmo Leguillon, Gil Pierre y Claudio Roussel, para tener juntos y por asociación las escuelas gratuitas, donde quiera que sea, incluso si para hacerlo me viere obligado a pedir limosna y a vivir de sólo pan; o para cumplir en dicha Sociedad aquello a lo que fuere destinado, ya por el Cuerpo de la Sociedad, ya por los superiores que la gobiernen.

Por lo cual, prometo y hago voto de obediencia, tanto al Cuerpo de esta Sociedad como a los superiores. Los cuales votos, tanto de asociación como de estabilidad en dicha Sociedad y de obediencia, prometo guardar inviolablemente durante toda mi vida.

En fe de lo cual lo he firmado. En Vaugirard, el seis de junio, día de la fiesta de la Santísima Trinidad del año mil seiscientos noventa y cuatro.

Como un regalo para la Familia Lasaliana, con motivo de la fiesta de la Santísima Trinidad, la Casa Generalicia acaba de ofrecer una copia, en formato PDF, el Libro de los Votos que Juan Bautista De La Salle y doce Hermanos emitieron aquel 6 de junio de 1694. En ella podrán pasearse por sus nombres y firmas autógrafas. Asimismo podrán leer el Acta de elección de La Salle como Superior de los Hermanos, realizada al día siguiente.






viernes, 13 de mayo de 2016

Fiesta de La Salle, desde el Distrito ARLEP




















San Juan Bautista De La Salle nació en Reims (Francia) en 1651. Ayudó a fundar la primera escuela lasaliana para niños pobres en 1679 y tres años más tarde se fue a vivir con los maestros de sus escuelas. Dio así origen a lo que hoy es el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, más conocidos como Hermanos de La Salle, en recuerdo de su fundador. De La Salle, que falleció en 1719, fue declarado oficialmente santo por la Iglesia en 1900, y el 15 de mayo de 1950 el Papa Pío XII lo nombró Patrono Universal de los Educadores Cristianos. Esta última fecha ha servido tradicionalmente para recordar su figura en las obras educativas lasalianas.

A lo largo de estos casi tres siglos y medio de existencia, los seguidores de san Juan Bautista De La Salle, Hermanos y seglares, han impulsado una institución dedicada a la educación cristiana que hoy está presente en 80 países de los cinco continentes. La Salle cuenta en la actualidad con más de 1000 escuelas, colegios y proyectos pedagógicos de todo tipo, incluidas 70 universidades, más de 92.000 educadores, así como un millón de alumnos y más de diez millones de ex alumnos vivos.

En el Distrito ARLEP (España y Portugal), La Salle anima 108 obras de educación formal, otras 15 de educación no-formal y 6 Organizaciones No Gubernamentales (ONG) de ayuda al desarrollo. En estas presencias educativas lasalianas trabajan hoy más de 5.200 profesores que, junto con alrededor de 850 educadores no docentes, educan a unos 78.000 alumnos de ambos sexos.

El número de Hermanos de La Salle en el mundo se acerca a los 4.000; de ellos, 711 pertenecen a la ARLEP, aunque 33 de ellos trabajan fuera de nuestras fronteras. Nuestro Distrito cuenta también con 165 seglares que han expresado públicamente su compromiso de asociación con la misión y la espiritualidad lasalianas.


Demos gracias a Dios por ese gran regalo del cielo que fue san Juan Bautista De La Salle. Que su figura y su obra constituyan siempre un poderoso ejemplo y un estímulo permanente para el compromiso generoso y responsable de todos los lasalianos, incluidos todos nosotros. AMÉN.