domingo, 10 de enero de 2016

Siervas Lasalianas de Jesús, de Haití

El entusiasmo de la fundación
La Providencia tiene estas cosas, que te sorprende y te enseña cuando menos lo piensas. Fue mi caso, recientemente. Porque la misión me llevó, casi por sorpresa, a Haití, donde esperaba encontrarme y trabajar, como siempre, con Hermanos de La Salle, profesores y profesoras de sus centros escolares, pastoralistas... Y así fue, en efecto.

Solo que un día, después de las tareas formativas, vino a verme un Hermano haitiano, cercano ya a los sesenta, delicado de salud pero de muy digno porte. El Hermano Hermann Austinvil, que así se llama, quería hablarme de su fundación: una congregación religiosa, las Siervas Lasalianas de Jesús. Lo que comentó me pareció interesante por lo que decidí aceptar su invitación a pasar algún tiempo en la comunidad de las Hermanas.

Las encontré en uno de los barrios más pobres de Puerto de Paz, en una casa enorme, construida por una institución italiana de cooperación. Es la única casa del nuevo Instituto, que les sirve de comunidad, casa de formación en sus distintos niveles, y orfanato o, mejor, casa de acogida de niñas en dificultad, porque no todas son huérfanas. Cerquita de la casa han construido un edificio mucho más humilde, que acoge una escuela primaria rebosante de niños de ambos sexos y un humilde dispensario, cuya consulta atiende una enfermera titulada. Me dicen las Hermanas que el dispensario es el orgullo del barrio; mucha gente acude a él porque, si lo necesita, recibirá medicamentos a muy bajo precio, o enviarán a los enfermos, con algunas ventajas, a un centro mejor dotado. Un poco más lejos están terminando de construir un liceo femenino, concertado con el Estado haitiano, que esperan sirva para facilitar la tarea pastoral con las chicas más mayorcitas. Cuatro compromisos apostólicos bien concretos, por tanto.

Sin embargo, de momento, las Siervas Lasalianas de Jesús son solo siete. Aunque numerosas candidatas llaman a sus puertas, las Hermanas prefieren no apresurarse y tomarse un tiempo amplio para el discernimiento antes de admitirlas. La vida que tratan de llevar adelante es dura y solo con la entereza y fuerza de voluntad que Dios regala a sus elegidos mediante el don de la vocación religiosa se es capaz de vivirla con gozo y generosidad en la entrega. No han comenzado un nuevo proyecto carismático  -insisten-  para que a las primeras de cambio la mediocridad acampe entre las paredes de su comunidad. Y a fe que su alegría y dinamismo apostólico me dejaron profundamente impresionado...

El Instituto de las Siervas Lasalianas de Jesús fue oficialmente aprobado por el obispo de Puerto de Paz en 1998, aunque desde unos años antes varias chicas andaban ya empeñadas en servir a los pobres, llevando una vida cristiana comprometida y responsable. El origen de todo hay que buscarlo en el Colegio Nuestra Señora de Fátima, de Puerto de Paz, del que varias de las pioneras eran maestras. Poco a poco, con el apoyo inestimable y la dirección espiritual del Hermano Hermann, a la sazón director del Colegio, ese grupo de maestras comprometidas fue estructurándose y planteándose metas cada vez más exigentes. Según las propias Hermanas cuentan, su director sabía atraer la atención de los profesores sobre la situación de los alumnos más afectados por las dificultades familiares, económicas y escolares, y recordaba constantemente lo que Juan Bautista De La Salle deseaba para los niños confiados al cuidado de sus discípulos.

Su carisma lo tienen muy claro: relación estrecha con el Señor, vida radical de comunidad y entrega generosa a la evangelización, en especial de los más pobres, preferentemente por medio de la educación y la catequesis, aunque sin desdeñar otros caminos apostólicos. Es evidente que la figura de san Juan Bautista De La Salle y su mensaje han dejado honda huella en su compromiso.

Cuando las visité, las Siervas Lasalianas de Jesús andaban planteándose la organización de una panadería, con venta al público, que las ayudase a salir adelante de manera un poco menos apurada; y es que no resulta fácil animar tanta misión solo con los dones de los pobres. No sé si lo conseguirán... De lo que sí estoy seguro es que, para mí, la experiencia de conocer a las Hermanas supuso entrar en contacto directo con algo de lo que me habían hablado muchas veces, pero que nunca había experimentado: el entusiasmo carismático de la fundación de un Instituto. Y es que nos parece que duerme, pero no es así: el Espíritu anda siempre muy activo entre nosotros.

                                                                                                          Hermano Josean Villalabeitia






martes, 15 de diciembre de 2015

Conduite des Écoles Chrétiennes

Una edición interesante del libro clave de las escuelas lasalianas a lo largo de muchos años de tradición e historia, la "Guía de las Escuelas Cristianas", podemos encontrarlo en Internet.

Se trata de una edición de 1863, cuando, como es sabido, la primitiva Guía, publicada por vez primera en 1720  -aunque poseamos un manuscrito, con bastantes de los textos luego publicados, datado hacia 1705-  había sufrido ya numerosos cambios, producto de la evolución de la escuela en ese siglo y medio.

Un auténtico tesoro, en cualquier caso, del que todos los lasalianos debemos estar al corriente, para utilizarlo, para recomendarlo y, en definitiva, para sentirnos orgullosos y satisfechos de estar ligados a un libro que forma parte esencial de la historia de la escuela, de la pedagogía y la didáctica universal.

Para ir a la página web donde se encuentra   P I N C H A R   A Q U Í .


jueves, 3 de diciembre de 2015

Contra la pobreza juvenil, formación y trabajo

Centro Social de Promoción Femenina (CSPF), de Anosibé (Madagascar)

La zona céntrica de Antananarivo, en teoría de las más nobles de la capital malgache, es, al mismo tiempo, enormemente engañosa. Paseas por las orillas del lago Anosy, por ejemplo, y puedes visitar el monumento a los héroes caídos por la patria, caminar de un ministerio a un museo, o entre instituciones educativas de prestigio... Y presidiéndolo todo, la destacada mole del hotel “Carlton”, el más lujoso de Madagascar.


Pero, al mismo tiempo, tus amigos te repiten constantemente que prestes atención a los rateros, las prostitutas no te dejan en paz con sus propuestas desvergonzadas y los desagradables efluvios del agua pútrida te amargan el hermoso panorama; a fin de cuentas, el lago no es, en definitiva, sino una enorme letrina pública. En otro orden de cosas, también puedes observar los restos calcinados de “Radio Madagascar”, víctima cruel de los acontecimientos sangrientos de las primeras semanas de 2009, cuyos perversos efectos aún padece la población con estoicismo, a la espera de que se hagan realidad las tantas veces frustradas promesas de los políticos.

Pero, sin duda, lo más engañoso es poder llegar, en apenas unos minutos de paseo, desde el formidable Carlton hasta los barrios de Anosikely o Anosibé, donde se hacinan millares de malgaches paupérrimos, que luchan como pueden por sobrevivir a una pobreza que se vuelve cada vez más agresiva. Y es que, en el centro de Antananarivo, el lujo más aberrante convive sin rebozo con una miseria que durante los últimos años ha ido alcanzando cada día a más y más personas. De hecho, las estadísticas más recientes indican que el 92 por ciento de los malgaches vive con menos de 1,32 euros diarios.

          Una comunidad de seglares comprometidos.- Uno de estos céntricos barrios miserables precisamente, el de Anosibé, es el escenario de nuestro artículo. En realidad Anosibé podría considerarse como un terreno ganado al agua, porque se formó desecando parte de la laguna en cuyas riberas se asienta; solo hubo que echar al agua tierra y más tierra... Con esta operación aumentó en gran medida la superficie habitable del barrio, y muchas familias pobres encontraron allí un acomodo que en otras partes de la ciudad les resultaba del todo imposible. Claro que, junto a las personas, también otros inquilinos, como los mosquitos o las ratas, se instalaron a sus anchas en aquel ambiente húmedo e insalubre.

La crítica situación así creada llamó la atención de un grupo de profesoras y profesores cristianos del relativamente cercano Colegio de la Sagrada Familia, dirigido por los Hermanos de La Salle, que venían reuniéndose desde tiempo atrás para compartir su fe, meditar sobre el Evangelio y orar. A la vista de la realidad social de Anosibé, impulsados por sus convicciones religiosas, algunos de estos maestros decidieron dar un paso más y comprometerse en algún apostolado social. Visitando el barrio y sopesando sus posibilidades de compromiso, parecía que lo más práctico podría ser dedicarse a la alfabetización de adultos y, sobre todo, a la de los jóvenes, casi todos muy pobres y en riesgo de exclusión social. Así las cosas, alquilaron un local y centralizaron en él sus actividades educativas solidarias. Corría por aquel entonces el año 1994.

El grupo de profesores comprometidos se fue estructurando más y más, hasta llegar a consagrase como miembros de la fraternidad laica “Signum Fidei”, ligada a La Salle, y constituir una comunidad de seglares sólida y comprometida. El entusiasmo era por aquellos días tan grande que, aprovechando los bajos precios de los solares en Anosibé, el grupo se planteó incluso la oportunidad de construir entre todos una casa con varias viviendas, a las que podrían trasladarse las distintas familias de los profesores involucrados.

Y el terreno para la casa comunitaria se adquirió, en efecto, aunque el edificio proyectado nunca viera la luz. Se ve que la Providencia tenía otros planes para ellos...

          Cuando alfabetizar no es suficiente.- Según van adquiriendo experiencia en el barrio, y conociendo al detalle la evolución de numerosos casos concretos, nuestros profesores se convencen de que la alfabetización es importante, por supuesto, y hay que seguir impulsándola; pero que ella sola no basta. Si no hacen algo más por las personas que vienen a sus clases la mayoría de ellas jamás podrá sortear, de manera mínimamente aceptable, el muro de miseria que las aprisiona. Además de enseñarles los rudimentos escolares, parece, pues, imprescindible completar su formación preparándolos específicamente para que puedan encontrar un trabajo. Esto supone que, de una manera que habrá que estudiar con cuidado y adaptándose a las condiciones del barrio y a las necesidades de la ciudad, tendrán que orientarse hacia la formación profesional.

Al mismo tiempo, nuestros profesores se dan cuenta asimismo de otra evidencia: las más afectadas por toda la problemática de la miseria del barrio, que las lleva con demasiada frecuencia a situaciones lamentables  -prostitución, embarazos juveniles, nula autoestima, etc.-, son las chicas jóvenes. A ellas conviene dirigir, por tanto, el grueso de las actuaciones.

Fruto de todo este discernimiento, que no se lleva a cabo en unos pocos días precisamente, es la creación del “Centro Social de Promoción Femenina” (CSPF), que nacerá en 1999 sobre el terreno adquirido para la casa de la fraternidad. Un edificio se levantará efectivamente sobre él, pero sus beneficiarios no serán ya las familias de los “Signum Fidei”, sino las chicas más pobres del barrio; para comenzar, una veintena, a la que se irán sumando algunas más cada curso.

Las especialidades que parecen más apropiadas para impartir de inicio son las relacionadas con las labores típicamente femeninas de la costura: corte, confección, bordado, tricotado y tintura. Habrá que intensificar también las clases de alfabetización  –que serán complementadas con nociones de promoción femenina y formación religiosa–, de modo que las alumnas alcancen un nivel profesional apreciable y hasta pueda solicitarse el reconocimiento oficial de los estudios. Para ello, resultará asimismo indispensable contratar a algunos educadores especializados.

Los comienzos son ciertamente impactantes. Puesto que ahora las chicas tienen que permanecer bastante más tiempo en el CSPF, aparecen problemas de higiene, piojos, malos olores... que es preciso combatir con energía; sin demasiada ayuda por parte de las propias interesadas, todo sea dicho. Las jóvenes que acuden al Centro son todas del barrio; no pocas de ellas proceden de familias desestructuradas, con padres alcohólicos, madres prostitutas, delincuentes, pordioseros... Apenas se les puede solicitar ningún apoyo económico o material porque sería inútil: no tienen nada. La venta de algunos productos elaborados por las alumnas ayudará un poco; el resto habrá que buscarlo con ahínco en la solidaridad internacional.

Con el paso del tiempo el CSPF se normaliza y adquiere un ritmo estable: son tres años de estudios, tras los que se obtiene un diploma reconocido por el Estado malgache y la Iglesia Católica. Los primeros resultados son alentadores de verdad, pues las chicas que concluyen la formación dominan ciertamente su profesión, encuentran empleo sin demasiada dificultad, o trabajan en sus propias casas para sus vecinos.

          Más proyectos.- Tras una década de trabajo intenso y feliz con las chicas, y casi por casualidad, más proyectos se unen a la labor benefactora del CSPF de Anosibé. Y es que un grupo de voluntarios, sin conexión alguna con los “Signum Fidei”, está buscando un lugar para implantar una escuela de hostelería, dedicada, sobre todo, a niños y niñas de la calle, sin despreciar otras situaciones juveniles de exclusión social grave. Para sus propósitos, disponen del apoyo de varias instituciones francesas.

Conocida la experiencia del CSPF de Anosibé, el acuerdo es rápido. A pesar de que el nuevo proyecto va a depender de otras instancias, el terreno de los profesores está disponible, sin condiciones, para el nuevo proyecto. Se construirá en él un nuevo pabellón para la hostelería, el segundo, que empieza a funcionar en otoño de 2011.

La formación hostelera va a durar un curso escolar. Los chicos y chicas que acudan a Anosibé serán propuestos por distintos organismos que se ocupan de los jóvenes en exclusión social de Antananarivo. La demanda de plazas es fuerte aunque son pocos los jóvenes que pueden ser admitidos; de otra forma, el aprendizaje se resentiría.


 El plan que se organiza es que, tras alguna orientación teórica inicial, los chicos y chicas pasen toda la mañana en la cocina, trabajando y, así, aprendiendo. A mediodía, toda la escuela comerá lo que entre todos han preparado. Por la tarde, puesto que los pequeños cocineros no son del barrio, con una pequeña ayuda del Centro cada cual regresará a su residencia, que ha sido elegida y es controlada con mimo por los organismos que envían a los chicos a Anosibé.

Así las cosas, la hostelería echa a andar, de modo que son ya cuatro las promociones de cocineros que se han formado en el Centro.

Algo más tarde, en mayo de 2013, se inauguraba el tercer y último edificio del CSPF de Anosibé, bastante más elegante que sus dos hermanos. Se trata de una casa de dos pisos, con locales para clases y talleres en la planta baja, y unas instalaciones para internado en el primer piso. En este nuevo inmueble se va a intentar ampliar el abanico de actividades del CSPF.

Dado que los problemas financieros son cada día más agobiantes, en la planta baja del nuevo edificio se han ido implantando algunas actividades formativas con gancho, como la peluquería o la informática, de modo que atraigan a gente de fuera del barrio dispuesta a pagar por aprender. De esta manera, los nuevos cursos servirán para financiar las actividades clásicas del CSPF, que seguirán su curso habitual en el primitivo edificio. Así se compaginará el indudable servicio social que ofrecerán las nuevas actividades con la ayuda económica a la juventud pobre del barrio.

El segundo piso, por su parte, está destinado a residencia de chicas universitarias procedentes de fuera de la capital, un servicio muy necesario que no está bien resuelto en Antananarivo. Al mismo tiempo, el salón principal de la casa se puede alquilar para eventos particulares como fiestas, bodas u otras celebraciones. Aunque han tenido dificultades para completar el instrumental, mobiliario y otras cuestiones de la nueva casa, poco a poco los distintos planes van cobrando realidad.

          Los productos chinos y otros problemas.- Sin lugar a dudas, el CSPF viene prestando a Anosibé  –y a todo Madagascar–  un excelente servicio, que tiene el mérito de estar sustentado en las inquietudes religiosas y sociales de unas cuantas personas particulares, que no han escatimado tiempo, dinero ni preocupaciones para hacer realidad sus sueños.

Con todo, si al principio las chicas encontraban trabajo sin demasiada dificultad al completar su formación, los últimos tiempos han traído ciertas complicaciones en este asunto. Y es que cada día es más difícil colocarse; el mercado está saturado y, tras las primeras decepciones, no es fácil que costureras y cocineros sigan, a pesar de todo, insistiendo cada día en su empeño, sin que su entusiasmo desfallezca. Pero no hay otro camino...

El último problema han sido las tiendas de los chinos, que ofrecen toda clase de productos, en presentaciones muy atractivas para los malgaches, a unos precios que no admiten competencia. Como consecuencia, aquellos productos que durante los primeros años del CSPF casi se los quitaban de las manos, ahora se quedan largo tiempo en las vitrinas, y por más exposiciones que se organicen, nadie los quiere. Todo es mucho más variado y barato en los almacenes chinos...

No queda más remedio que echarle imaginación y coraje. Con todo, tras nuestra iluminadora charla con la señora Liva Rahelimampianina, activa en el CSPF desde su fundación y actual directora del mismo, y con alguna de sus compañeras, estamos convencidos de que sabrán afrontar estos nuevos retos con responsabilidad y audacia. En caso de tener éxito, los mayores beneficiarios serán, sin duda, los jóvenes malgaches más pobres.

                                                                                                       Josean Villalabeitia

(publicado en la revista 'Mundo negro', septiembre 2015)
                                                           

martes, 17 de noviembre de 2015

La retirada de Nyel

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (23)

Menos de tres años después de la llegada de Nyel a Reims funcionaban en la villa del champán tres escuelas para pobres de la comunidad de De La Salle y el laonés. Como la satisfacción parecía imperar, comenzaron a proponerles la apertura de otras escuelas en los alrededores. Por ello, a principios de 1682 De La Salle, que se estaba ilusionando más y más con el proyecto de las escuelas, decidió enviar a Nyel a estudiar algunos ofrecimientos que le habían llegado, tomar decisiones sobre el terreno, a la vista de las circunstancia concretas, y organizar las nuevas escuelas que pudieran surgir; a fin de cuentas, el que sabía de estas cosas era Nyel y no el canónigo. Así surgió la escuela de Rethel; luego, seis meses más tarde, la de Guisa[1], y por fin la de Laon, tierra natal de Nyel.


Tres años largos estuvo este ocupado en la fundación de escuelas para pobres por poblaciones más o menos cercanas de Reims, pero, en definitiva, lejos de la capital, donde continuaba siendo De La Salle quien se ocupaba de la comunidad de maestros y sus escuelas. Llegó así el verano de 1685 en que Nyel sorprendió a todos anunciando su decisión de regresar a Ruan, donde moriría un par de años más tarde, el 31 de mayo de 1687, pobre, como había vivido, entre los pobres del Hospicio General a quienes había servido con generosidad y entrega encomiables.

Pero, ¿la retirada de Nyel fue realmente una sorpresa? ¿O era algo que, al menos él, tenía bien pensado cuando seis años antes llegó a Reims? Porque a propósito de su figura resulta conveniente plantearse algunas cuestiones, por más que las respuestas que se ensayen no puedan estar basadas en ningún documento de su mano, ya que nada de lo que él pudiera haber redactado ha llegado hasta nosotros.

Durante casi los tres primeros años de la fundación lasaliana, Nyel no se movió de Reims y, en estrecho contacto con el canónigo De La Salle, fue enseñándole muchas cosas sobre las escuelas para pobres y sus maestros, y convenciéndole de adoptar ciertas decisiones; surgieron así las primeras escuelas y se organizó un primer esbozo de comunidad de maestros. Por aquel entonces, probablemente, las cosas funcionaban más al estilo de Nyel que al del canónigo. Luego, por propia iniciativa o por necesidades de la fundación, Nyel se alejó de Reims, y el proyecto comenzó a marchar en aquella ciudad por otros derroteros, seguramente más cercanos a lo que De La Salle pensaba y deseaba.

Parece claro, por ejemplo, que, a partir del alejamiento de Nyel, la comunidad de maestros de Reims comenzó a estructurarse de manera más firme: se fijó el nombre oficial del grupo, un hábito peculiar, un reglamento, etc., al tiempo que el Señor De La Salle comenzaba a trabajar con seriedad la interioridad de los maestros, pilar básico de su compromiso y estabilidad en la misión. Comenzaba ya más a ser la comunidad sólida que, probablemente, De La Salle deseaba que aquel grupo un tanto delavazado de maestros que Nyel había promovido en Ruan. Adrián no estaba allí; no sabemos si compartía esas decisiones o si, quizás, incluso, ni siquiera se las consultaron...

O tal vez estaba de acuerdo, pero prefirió permanecer en la sombra, convencido de que su verdadera comunidad, su lugar, estaba en Ruan. Quizás no se enteró demasiado al detalle o prefirió no meter baza para no interferir en un proyecto que, en definitiva, no era el suyo. Puede que el modelo remense, en el fondo, no se pareciera demasiado al que él pretendía configurar, probablemente al estilo de Ruan, a partir de un determinado Hospicio General que acabaría por construirse en Reims y dependería del municipio.

Puede asimismo que, sencillamente, sobrepasados ya ampliamente los sesenta años, por aquella época edad muy avanzada, se sintiera cansado o enfermo, o próximo al fin. Quizás Nyel no hubiera tenido, desde siempre, otra idea que cumplir de la mejor manera posible el encargo de la Señora Dubois, para regresar luego a Ruan; y cuando vio que el proyecto de las escuelas para pobres en Reims estaba en buenas manos y marchaba por vías de franco desarrollo, entendió que su trabajo había terminado allí y decidió regresar a la capital normanda, donde en el fondo estaba su vida y su corazón... No sabemos qué pasó; el caso es que Nyel se retiró del proyecto[2].

Ciertamente durante esos tres años y pico, entre principios de 1682 y el verano 1685, en que Nyel trabajó por los alrededores de Reims mientras De La Salle se encargaba de los maestros de la ciudad las cosas evolucionaron con rapidez. Tal como cuenta el Hermano Bernard, el primero de los biógrafos del canónigo, en la práctica “el Señor Nyel dirigía las tres casas de Rethel, Guisa y Laon, mientras que el Señor De La Salle dirigía y formaba la de Reims”. Es curioso que, según este Hermano, ambos dirigieran las casas, pero solo Juan Bautista formara la suya. ¿Qué significa aquí ‘formar’? Sea cual sea la respuesta, resulta evidente que se han configurado dos redes distintas de escuelas: la de Reims, animada por De La Salle, cuyos maestros, que ya no son los que apalabró Nyel, viven en una única casa, aunque trabajen en tres escuelas distintas; y la de Nyel, repartida por la región, con tres casas en tres poblaciones distintas, bastante alejadas entre sí, en cada una de las cuales vive un par de maestros  —tres a lo sumo—  que se ocupan de las escuelas de esa localidad.
Parece claro que la relación entre ambas redes no se perdió nunca, y que, para desesperación de De La Salle, Nyel nunca dejó de solicitar maestros al canónigo cuando
tenía necesidad de ellos. Incluso el sacerdote remense visitó algunas de las casas dirigidas por Nyel, porque Juan Bautista había participado en las gestiones para abrirlas y, además, algún maestro de estas escuelas procedía de la comunidad de Reims. Pero es evidente que el estilo de vida en casa, la manera de conducir las escuelas, la misma exigencia personal y grupal, tenían que ser muy diferentes en una red y en otra. En Reims había una persona liberada, con una excelsa formación y altas inquietudes espirituales, que había fijado reglamentos, oraciones, menús, reuniones..., porque el grupo era numeroso. Aquel director de la casa remense se había preocupado especialmente de la vida de los maestros fuera de su trabajo y, en particular, de su experiencia espiritual. Lejos de Reims teníamos tres parejas de maestros muy separadas entre sí, con un director que lo era en teoría, pero que en la práctica se movía mucho y no podía vivir demasiado tiempo con los maestros o, al menos, no con todos. Y, en cualquier caso, se ocupaba sobre todo de los aspectos profesionales.

Así llegó la decisión de Nyel de regresar a Ruan. De La Salle, que no tenía ninguna obligación de hacerse cargo de las tres escuelas, que funcionaban lejos de Reims y bajo los criterios de Nyel, pero que había caído ya en el providencial embrujo del apostolado escolar, se decide a aceptar el reto y a encargarse también de aquellas tres escuelas huérfanas. Así, desde octubre de 1685 el Señor De La Salle será el único responsable de seis escuelas para pobres, diseminadas por cuatro localidades distintas, con unos quince Hermanos a su cargo. ¿Hermanos o solo maestros? Porque, ¿quién sabe cómo habían andado las cosas en la red de escuelas y maestros de Nyel? Este será el primer problema con el que Juan Bautista tendrá que enfrentarse.

Hermano Josean Villalabeitia




[1] En 1681 hubo un intento de fundación en Guisa, por cuenta y riesgo de Nyel, que fracasó en pocos meses. Al año siguiente fue De La Salle quien recibió la invitación, envió a Nyel y, en esta segunda ocasión, la escuela cristiana de Guisa renació y se consolidó; duraría hasta la Revolución, más de un siglo después.
[2] Blain aporta su explicación: “Cuando Nyel salió de Ruan no había renunciado a regresar algún día. Su idea era dejar que sus cenizas descansaran en ella. Para poder hacer esto con seguridad de conciencia había pedido varias veces al Señor De La Salle, aunque en vano, que se hiciera cargo de la dirección de las tres escuelas […] Su edad y la imposibilidad de dotar a estas tres escuelas de maestros capaces fueron los motivos en que apoyó su ruego, o más bien los pretextos con los que disfrazaba su invencible deseo de regresar a Ruan”.

martes, 20 de octubre de 2015

Nyel, el instrumento de la Providencia

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (22)

En nuestra entrega anterior dejábamos en Ruan un mundillo caritativo en plena ebullición, con varios grupos de maestros de ambos sexos, formalmente separados pero con buenas relaciones entre sí, que intentaban prestar buenos servicios en las escuelas para pobres.

Una de las expectativas que surgió en los grupos fue la de ampliar el horizonte de sus comunidades y escuelas, saltando fuera de la villa que los vio nacer. A este respecto, los maestros de Nyel habían fundado ya en Darnétal, a las afueras de Ruan, y las maestras de Barré estaban colaborando en Reims, con Nicolás Roland, en la puesta en marcha de la comunidad de las Hermanas del Niño Jesús. Y aquí es donde la Providencia comienza a enlazar a Adrián Nyel con De La Salle, para hacer llegar a este último el inmenso caudal de experiencia e inquietudes que atesoraba el buen maestro normando, tras más de dos decenios sirviendo a las escuelas para pobres de Ruan y a la comunidad de maestros que las atendían.

Porque sucedió que una dama rica, Jeanne Dubois, originaria de Reims, pariente lejana de Roland y de De La Salle, aunque casada con un próspero comerciante ruanés, impulsada por un repentino y ferviente deseo de conversión, se sintió movida a fundar algunas escuelas para gente pobre. Esta señora había ya trabado relación con las Hermanas de Barré, a las que había financiado una escuela en Darnétal, y deseaba hacer lo mismo con una escuela para niños. Admiradora de la obra de Nyel, por un lado, y deseosa de fundar en su ciudad natal, Reims, proyecto del que parece que algo había ya comentado con Nicolás Roland hacia 1674, aprovechando la presencia de este en Ruan para predicar alguna misión popular, se decidió por fin a hacer realidad su deseo. Contactó para ello con Adrián Nyel, le proveyó de sendas cartas, una para sus amigas, las Hermanas del Niño Jesús, y otra para el canónigo De La Salle, que se ocupaba de algunos asuntos del recientemente fallecido Roland relacionados con las Hermanas, y lo envió a Reims a ver cómo podía maniobrar en favor de la fundación de una escuela para niños pobres; en principio, ella misma se ocuparía de la financiación. Y a Reims se fue Adrián Nyel, en marzo de 1679, para promover la fundación de la escuela que su protectora ruanesa financiaría.

Como el mismo De La Salle comentaría más tarde en un escrito personal, su primer encuentro con Nyel constituyó el definitivo golpe de gracia de la Providencia para que el canónigo remense se introdujera definitivamente en el mundo de las escuelas: “Fueron esas dos circunstancias, a saber, el encuentro con el Señor Nyel y la propuesta que me hizo esta señora [Dubois], por las que comencé a cuidar de las escuelas de niños. Antes, yo no había, en absoluto, pensado en ello; si bien, no es que nadie me hubiera propuesto el proyecto”. Porque el contacto con Roland y su círculo apostólico le había abierto un horizonte novedoso: el de las escuelas para pobres; pero no es menos cierto que hasta la llegada de Nyel tal proyecto no había terminado de cuajar en el interior de De La Salle: “Algunos amigos del Señor Roland habían intentado sugerírmelo, pero la idea no arraigó en mi espíritu y jamás hubiera pensado en realizarla”.

Nyel, que era imaginativo, emprendedor, de relación fácil y tenía amplia experiencia en el campo de las escuelas[1], y De La Salle, honrado y coherente por demás, con exigentes inquietudes espirituales y aprendiz perspicaz a partir de las dificultades con que se estaba topando en el papeleo oficial para el reconocimiento de las Hermanas de Roland, formaron un tándem muy eficaz, de manera que enseguida se dieron cuenta de que el mejor camino para llevar adelante la fundación era el de las escuelas de caridad. Concretaron, con ayuda de los consejos de algunos conocidos del canónigo, las parroquias a cuyas puertas era más conveniente llamar[2], arreglaron distintas cuestiones financieras que iban surgiendo y en menos de un año habían puesto en marcha tres escuelas de caridad en otras tantas parroquias de Reims.

Se puede pensar, con toda legitimidad, que gran parte de las decisiones sobre escuelas y maestros que adoptó De La Salle durante aquellos dos o tres primeros años le fueron directa o indirectamente sugeridas por Nyel. En esta etapa inicial, nuestro canónigo se limitaría a su papel de protector de las escuelas para pobres, favoreciendo contactos y velando por la economía y la moral, mientras Nyel se encargaba de echar materialmente a andar las escuelas, tratando, probablemente, de repetir en Reims su modelo de comunidad de maestros de Ruan, que tan buenos servicios estaba allí prestando. En Reims no tenían como marco el Hospicio General pero, de momento, buscando alguna vivienda amplia se podían intentar algunas actuaciones. En consecuencia, se alquilará una casa, se agrupará en ella a los maestros, se asegurará por distintos medios su manutención, se estructurará un poco su vida profesional y de oración, se garantizará su seriedad profesional y el proyecto de escuelas para pobres irá haciendo camino.

De esta manera, además de traspasar al fundador de los lasalianos una parte de su enorme caudal de sabiduría y experiencia como organizador de escuelas y formador de maestros, es probable que Nyel actuase también frente a él como conciencia crítica, como una especie de agente de provocación, de invitación a la ambición apostólica, a hacer con y por los maestros algo más de lo que en un principio se había imaginado. Porque si alguien pretendió desviar a De La Salle de su plan inicial en relación con aquellos primeros maestros, el que mejor podía conseguirlo era, sin duda, Adrián Nyel: “Yo pensaba  —confiesa De La Salle—  que la dirección de las escuelas y de los maestros, que yo iba tomando, sería tan solo una dirección exterior, que no me comprometería con ellos más que a atender a su sustento y a cuidar de que desempeñasen su empleo con piedad y aplicación”. Pero, ya se sabe, a la postre la cosa no resultó tan sencilla...

Hermano Josean Villalabeitia




[1] Según Blain, Nyel “había recibido de la naturaleza los talentos adecuados para este tipo de gestiones. Tenía un carácter vivo y emprendedor; siempre estaba dispuesto a ser el primero en romper el hielo y a intentar una nueva empresa”.
[2] Siempre según Blain, pensaron, de entrada, “en los cuatro párrocos más reputados” y fueron descartando, por diversas razones, a los menos apropiados, hasta quedarse con el de san Mauricio, el Padre Dorigny, que fue el máximo responsable de la primera escuela lasaliana. Luego vinieron las otras dos escuelas, la tercera de ellas, precisamente, en una de las parroquias en un principio rechazadas. Resulta curioso contemplar las razones que se adujeron para excluir a algunos párrocos, incluida la libertad con que las críticas se plasman en el texto.

jueves, 15 de octubre de 2015

Pakistán: La Salle en favor de la escolarización de las niñas

Aunque, sin duda, la humanidad lleva mucho camino avanzado en su lucha contra la pobreza, todavía queda mucho por hacer. En el campo de la educación femenina, por ejemplo, pues en nuestros días más de sesenta millones de niñas siguen desatendidas desde el punto de vista escolar


Muchos factores contribuyen a hacer difícil la educación para las niñas: conflictos, guerra y desplazamientos; matrimonio precoz; trabajo infantil; pobreza; factores religiosos y culturales. Pero existe una evidencia: poder terminar la educación primaria y secundaria es transformador. Ello ofrece a las niñas la oportunidad de alfabetizarse; de mejorar su salud; de retrasar el matrimonio; de demorar su primer embarazo; y de aumentar la posibilidad de encontrar un empleo decente.

A lo largo de los años, garantizar que las niñas tengan un lugar seguro para aprender, acceso al agua potable, acceso a los libros, y a los servicios sanitarios decentes han sido algunos de los proyectos más importantes para la Fundación Lasaliana. Esto ha dado lugar a cambios positivos en la educación de las niñas en muchas comunidades, particularmente en Pakistán.

La admisión de niñas en las escuelas lasallistas (cuando está permitido) en Pakistán ha aumentado, junto con el número de niñas que se gradúan de la escuela secundaria. Esto se debe al duro trabajo y a la dedicación de los Hermanos de La Salle y de los profesores que han colmado con la alegría del aprendizaje a los estudiantes.

Así, por ejemplo, desde 2007 hemos estado desarrollando una pequeña escuela en una de nuestras comunidades más pobres llamada Escuela La Salle Gokkuwal, de las afueras de Faisalabad. Este año la escuela tuvo sus primeras mujeres graduadas y que fueron aceptadas en la universidad.

Este es un logro excepcional y que esperamos sea sólo el comienzo de un cambio mayor en su pequeña comunidad. Un cambio que considera la educación igual de importante para las niñas como para los niños. Un cambio que ve el valor de los hijos que completan no sólo la educación primaria, sino también la secundaria. Un cambio que construye resiliencia.

Un cambio que restaura la dignidad y la confianza. Un cambio que permite a los pobres romper el ciclo.


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