jueves, 15 de octubre de 2015

Pakistán: La Salle en favor de la escolarización de las niñas

Aunque, sin duda, la humanidad lleva mucho camino avanzado en su lucha contra la pobreza, todavía queda mucho por hacer. En el campo de la educación femenina, por ejemplo, pues en nuestros días más de sesenta millones de niñas siguen desatendidas desde el punto de vista escolar


Muchos factores contribuyen a hacer difícil la educación para las niñas: conflictos, guerra y desplazamientos; matrimonio precoz; trabajo infantil; pobreza; factores religiosos y culturales. Pero existe una evidencia: poder terminar la educación primaria y secundaria es transformador. Ello ofrece a las niñas la oportunidad de alfabetizarse; de mejorar su salud; de retrasar el matrimonio; de demorar su primer embarazo; y de aumentar la posibilidad de encontrar un empleo decente.

A lo largo de los años, garantizar que las niñas tengan un lugar seguro para aprender, acceso al agua potable, acceso a los libros, y a los servicios sanitarios decentes han sido algunos de los proyectos más importantes para la Fundación Lasaliana. Esto ha dado lugar a cambios positivos en la educación de las niñas en muchas comunidades, particularmente en Pakistán.

La admisión de niñas en las escuelas lasallistas (cuando está permitido) en Pakistán ha aumentado, junto con el número de niñas que se gradúan de la escuela secundaria. Esto se debe al duro trabajo y a la dedicación de los Hermanos de La Salle y de los profesores que han colmado con la alegría del aprendizaje a los estudiantes.

Así, por ejemplo, desde 2007 hemos estado desarrollando una pequeña escuela en una de nuestras comunidades más pobres llamada Escuela La Salle Gokkuwal, de las afueras de Faisalabad. Este año la escuela tuvo sus primeras mujeres graduadas y que fueron aceptadas en la universidad.

Este es un logro excepcional y que esperamos sea sólo el comienzo de un cambio mayor en su pequeña comunidad. Un cambio que considera la educación igual de importante para las niñas como para los niños. Un cambio que ve el valor de los hijos que completan no sólo la educación primaria, sino también la secundaria. Un cambio que construye resiliencia.

Un cambio que restaura la dignidad y la confianza. Un cambio que permite a los pobres romper el ciclo.


Más información en esta página web.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Adrián Nyel (1621-1687)

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (21)

‘Cómplice del Dios sabio y suave’. Así calificaban recientemente los lasalianos argentinos, en un bello y sugestivo folleto, a este humilde instrumento de la Providencia en la puesta en marcha efectiva de la obra lasaliana. Muy humilde, en efecto, tanto que casi nunca ha tenido derecho a un apartado propio en los libros que tratan de estas cosas. Sin embargo, parece indiscutible que su influencia en Juan Bautista De La Salle, que cuando se encontró con él no tenía ni idea de lo que era una escuela, tuvo que ser determinante. Veámoslo.

Adrián Nyel era originario de la diócesis de Laon, limítrofe con la de Reims por el noroeste, aunque no conocemos con exactitud en qué lugar nació. Disponemos, con todo, de algunos datos indirectos que llevan su nacimiento a 1621 y sitúan a Nyel en su juventud y primera madurez residiendo en la propia ciudad de Laon, de cuya catedral un tío suyo sería por aquel entonces canónigo. Tenía probablemente, por tanto, contactos con la Iglesia oficial y puede incluso que, por esa época, se dedicase a asuntos relacionados con la justicia y las leyes.

Con todo, en 1658  —y no es descartable que para entonces llevase ya varios años allí—  lo encontramos en Ruan, dedicado de por vida  —consta el documento que así lo compromete—  a velar por la buena marcha de las escuelas para niños pobres y, en particular, a la formación y organización de los maestros que las atienden. Estas escuelas pertenecen al llamado ‘Hospicio General’ de Ruan, a la sazón una institución de reciente creación, dependiente de la municipalidad ruanesa, que se dedica a recoger a toda suerte de personas de las que hoy llamaríamos ‘sin techo’: ancianos, locos, enfermos, huérfanos, mendigos, discapacitados... Este Hospicio organizaba algunos trabajos adaptados a la situación concreta de los adultos en él acogidos, mientras que los niños tenían que acudir a la escuela del propio Hospicio.

Vista de Laon, ciudad natal de Nyel

Con el tiempo, además de esta escuela, se fundaron algunas otras en distintos lugares de la villa de Ruan, que, a pesar de no estar en el interior de su reciento, dependían del Hospicio General y, por tanto, de las autoridades municipales ruanesas. En 1670 las escuelas dependientes del Hospicio General de Ruan eran cuatro, a cuyo cargo se contaban otros tantos maestros. En 1678 el número de maestros se había duplicado y pronto hubo incluso alguno más que, sin dar clase, apoyaba el funcionamiento de la comunidad y las escuelas realizando algunos trabajos manuales, pero sin dar clase.

Además de formarlos y responsabilizarse del buen desempeño de sus obligaciones escolares, Nyel quiso agrupar a todos sus maestros en una especie de comunidad que sobrevivió en el tiempo con cierta constancia, a pesar de que sus miembros concretos probablemente fueran cambiando, ya que no tenían votos u otros compromisos, por lo que solo les ligaba a la comunidad su empleo en las escuelas.

Este grupo de maestros populares de Ruan presentaba varias peculiaridades. La primera de ellas es que todos los maestros, incluido su líder, eran célibes y laicos, es decir que, a pesar de no estar casados, no habían optado por la ordenación sacerdotal, como solía ser lo más frecuente; a fin de cuentas, ya que uno no podía casarse, estaba debidamente formado y trabajaba en asuntos íntimamente relacionados con la Iglesia, como era la escuela en aquella época, qué más normal que acceder al estado sacerdotal y aprovechar sus ventajas...

Asilo General de Ruan
Otra característica llamativa de estos maestros es que se llamaban entre sí ‘Hermanos’ y hasta habían constituido una cierta estructura organizativa: su líder era Adrián Nyel, que presidía las oraciones, se encargaba de la formación profesional de sus compañeros y garantizaba el buen funcionamiento de las escuelas. Curiosamente los maestros rezaban sus oraciones en francés e invitaban a ellas, al menos por la tarde, a todos los internos del Hospicio  —y pueblo en general—  que estuviesen interesados en participar en ellas. Podría interpretarse que, al no ser sacerdotes, el latín no tenía para ellos tanto interés...

Se vivía por aquel entonces en Ruan una ardorosa efervescencia escolar, que también había reunido en comunidad a un grupo de maestras, dirigidas por el Padre Nicolás Barré, que animaban varias escuelas para niñas. Todo parece indicar que el grupo masculino de Nyel tenía relaciones cordiales con esta comunidad femenina de Barré, a nivel espiritual, organizativo e incluso, financiero, puesto que a unos y otros les venían bien las donaciones de las personas devotas y pudientes, que en Ruan constituirían un grupo bastante acotado.

Hermano Josean Villalabeitia


sábado, 19 de septiembre de 2015

España, Portugal... ¡ARLEP!


He aquí el lema del curso 2015-2016 para todos los lasalianos de la Arlep, es decir, de La Salle en España y Portugal

En juego, el valor de la justicia, que tanto está dando que hablar en nuestros días, tal vez para nada... Bueno, pues los lasalianos españoles y portugueses quieren comprometerse en serio y empujarla por todas partes para que avance.

El lema, además de sus carteles, que se verán por todas partes, ha nacido acompañado por un breve mensaje del Hermano Visitador de la Arlep, Jesús Miguel Zamora, que podéis ver y oír pinchando A Q U Í .

Interesante también la canción que interpreta un grupo ligado a La Salle-Paterna. Un clip animado y pegadizo que podéis ver pinchando A Q U Í .








sábado, 12 de septiembre de 2015

La Salle con los misioneros

Este próximo lunes, 14 de septiembre, comienza un nuevo curso de la Escuela de Formación Misionera, de Madrid, en cuyo nacimiento y animación los Hermanos de La Salle tenemos alguna responsabilidad. Conozcamos un poco esta interesante experiencia que, precisamente, este año está celebrando sus bodas de plata.

La Escuela de Formación Misionera, de Madrid, está celebrando sus bodas de plata. En estos 25 años, más de un millar de misioneros han pasado por sus aulas para prepararse a la misión lejos de su tierra.

Este centro para misioneros surgió en 1990, cuando  quienes se sentían llamados a la misión ad gentes no eran ya solo los miembros de instituciones misioneras y religiosos en general, sino también multitud de personas de toda clase y condición, con profundas convicciones cristianas y ansias de compromiso. Tal vez por ello, en la prehistoria de la Escuela hallamos unos cursos de Misionología que ofrecían los Hermanos de La Salle en su Instituto San Pío X, allá por los años ochenta.

Por aquellas mismas fechas, la Conferencia Episcopal Española (CEE) solicitó a la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) la creación de una escuela de formación para misioneros. Como el por aquel entonces encargado de CONFER-Misiones, el Hermano Pedro Arrambide, era también el principal responsable de la Misionología en el San Pío X, la forma más sencilla de cumplir el encargo de los obispos pareció reestructurar y ampliar aquel curso de Misionología. Y a esa tarea se puso de inmediato con entusiasmo el Hermano Pedro.

En la labor contó con varios apoyos importantes, ya que a la idea del centro de formación para misioneros se sumaron enseguida varias instituciones: desde las Obras Misionales Pontificias (OMP) hasta el Servicio Conjunto de Animación Misionera (SCAM), pasando por el Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA), los Cristianos con el Sur (OCASHA) y la Coordinadora de Asociaciones de Laicos Misioneros (CALM), que terminaron fundando la Escuela de Formación Misionera y son, con los Hermanos de La Salle, sus actuales patrocinadores.

Además del impulsor de la Escuela, el ya mencionado Hermano Pedro Arrambide, otros Hermanos directamente implicados en su animación han sido José Manuel Ruiz, Vicente Clemente y, ahora mismo, Felipe García; todos ellos ocupaban, al mismo tiempo, puesto de responsabilidad en la animación de PROYDE. Varios lasalianos se han contado también, en distintos momentos, entre los alumnos de la Escuela.

La Escuela de Formación Misionera organiza cada año en el Centro La Salle-ARLEP, de Madrid, un curso intensivo para personas a punto de incorporarse a la misión en países pobres. Su actividad se desarrolla durante los tres meses de otoño. En su programa de estudios, la realidad del mundo actual, el hecho religioso y diversos contenidos relacionados con la evangelización. El plan también incluye algunas visitas de interés, así como jornadas de convivencia entre los alumnos y liturgias compartidas.

Aquellos nutridos grupos iniciales de futuros misioneros han ido dando paso en la Escuela a listas más reducidas, de laicos y religiosas sobre todo, jóvenes de todas las edades, no todos españoles, incluido algún misionero con largos años de brega a sus espaldas que ve en la Escuela una oportunidad ideal para reciclarse.

La celebración es, sin duda, una espléndida noticia, no solo para los amigos de La Salle, sino también para toda la Iglesia española, que reafirma la vitalidad de la vocación misionera entre sus fieles.

Página web de la Escuela de Formación Misionera de Madrid: http://www.escuelaformacionmisionera.org/index.html



sábado, 5 de septiembre de 2015

Contagiando fe y alegría

Hermanas Guadalupanas de La Salle
en Madagascar

Mamoeramanjaka es un poblado pequeño que se encuentra en la meseta central de la gran isla de Madagascar, no lejos de la capital, Antananarivo, si medimos la distancia en kilómetros; algo más lejos si tratamos de precisar el tiempo que nos puede costar llegar hasta allá.



Las Hermanas Guadalupanas de La Salle malgaches desarrollan en Mamoeramanjaka una bonita misión que pretende abarcar un poco todas las facetas de la evangelización del mundo rural malgache, aunque centradas sobre todo en lo más esencial del carisma lasaliano: la evangelización de los niños y jóvenes a través de la escuela, la catequesis y la pastoral en general, en un ambiente de pobreza intensa.

En íntima comunión vital con sus vecinos, a quienes pretender contagiar su profunda fe encarnada y en acción,
la característica principal de la presencia de las Hermanas en Mamoeramanjaka quizás sea la manera sencilla y profundamente gozosa de compartir la pobreza con sus vecinos. Una pobreza sencilla y alegre que, entre otras cosas, se despliega con enorme generosidad cuando de acoger a un visitante se trata, como he tenido el gusto de comprobar personalmente. ¡Gracias, queridas Hermanas!



En relación con lo que el excelente vídeo que proponemos presenta, debemos decir que, viendo que la casita que acogía a la comunidad amenazaba ruina, las Hermanas Guadalupanas de La Salle de Mamoramanjaka están construyendo una nueva casa comunitaria, muy sencilla, a las afueras del pueblo. Estará disponible en poco tiempo. 

De cara al futuro, las Hermanas mueven los hilos para encontrar financiación suficiente para construir y animar un liceo especializado en formación agrícola, con el que tratar de evitar el éxodo de los jóvenes a la ciudad, huyendo de un trabajo agropecuario que en la actualidad ofrece horizontes muy limitados. Actualizando las técnicas de cultivo, tecnificando el trabajo y mejorando variedades vegetales y animales tal vez las cosas se vean de manera más optimista de cara al porvenir. Eso es, al menos, lo que piensan las Hermanas.

Un espléndido vídeo, de casi 28 minutos de duración, 
que podéis ver A Q U Í .


martes, 11 de agosto de 2015

Nicolás Roland: últimos detalles lasalianos

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (20)

Un par de obras solamente nos quedan de la producción escrita del beato Nicolás Roland: una conferencia, de las muchas que tuvo que impartir como canónigo teologal de Reims que fue, y un librito dirigido a las religiosas que él fundara, titulado "Pequeño tratado de las virtudes que son necesarias a las Hermanas del Niño Jesús".

Sin embargo, su obra más interesante quizás sea un libro póstumo, titulado "Avisos dados por el difunto Nicolás Roland, teologal de Reims, para el comportamiento de las personas que siguen una regla", comúnmente conocida como los "Avisos"

Esta obra fue publicada en 1686, es decir, ocho años después de la muerte de Roland. Al parecer, sus hijas espirituales conservaban apuntes de sus conferencias y recordaban, por haberlas copiado o, incluso, de memoria, numerosas máximas salidas de la boca de su fundador. Alguien tuvo la feliz idea de recogerlo todo en un solo folleto y luego darlo a la imprenta.

Lo curioso es que, si hacemos caso a lo que sugiere el Hermano León María Aroz[1], hay ciertos indicios que parecen apuntar a que el encargado de llevar a cabo esa labor de recopilación de materiales y preparación de la publicación fue, precisamente, Juan Bautista De La Salle. Nada extraño, por otra parte, si tenemos en cuenta los vínculos de amistad, confianza e intimidad espiritual que unieron a ambas figuras cuando el canónigo teologal aún vivía, y la exquisita preparación teológica del amigo de Roland. Quién sabe...

Digamos, para concluir, que las Hermanas del Niño Jesús consideran a san Juan Bautista De La Salle como su cofundador. De hecho, en la capilla de su Casa Madre, en la calle Barbâtre, de Reims, conservan una bella estatua de De La Salle, mientras que en el Archivo de la Congregación de las Hermanas se pueden admirar numerosos recuerdos del también fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.



[1] Cahiers Lasalliens, nº 38.

sábado, 1 de agosto de 2015

Nicolás Roland versus De La Salle

Precursores de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (19)

Por lo que respecta a De La Salle, sus biógrafos apuntan que fue “al lado de Roland donde adquirió todo el celo que manifestó para contribuir a la educación de la juventud”. Los historiadores añaden, además, que fue a través de Roland, o gracias a él, como De La Salle conoció el movimiento escolar y sus principales realizaciones en París, Lyon y Ruan. Por otra parte, sus cinco años de intensa relación espiritual seguro que hicieron que algunos de los planteamientos de Roland tomasen cuerpo en su joven dirigido y diesen fruto abundante en él. El hecho de que, en vísperas de fallecer, Nicolás Roland encagara a su dirigido espiritual De La Salle de concluir las gestiones para el reconocimiento oficial de las Hermanas del Niño Jesús no puede significar otra cosa que entre ambos se había establecido una relación de estima y confianza.

Es siempre complicado rastrear los vericuetos que sigue la Providencia para encaminar a sus elegidos por sus misteriosos senderos, pero en el caso de De La Salle no hay duda de que estas gestiones para el reconocimiento oficial de las Hermanas fundadas por Roland prepararon al canónigo De La Salle para dar una respuesta apropiada a las invitaciones relacionadas con las escuelas gratuitas que le traía Adrián Nyel desde Ruan. Su rápida opción por dirigirse a los párrocos y dedicarse a las escuelas de caridad tendría mucho que ver, precisamente, con las dificultades encontradas en las altas instancias diocesanas para reconocer a las Hermanas. Llegando a acuerdos con los párrocos y evitando estructurar demasiado una nueva institución de maestros esperaba sortear muchas de estas dificultades.

La invitación a recordar a menudo la presencia de Dios, los sostenes de la comunidad, tocar o mover los corazones, procurar la gloria de Dios, ardiente celo apostólico… son expresiones que coinciden de manera idéntica en Roland y en De La Salle. Ambos manejan con mucha soltura la palabra de Dios, y a ambos les gusta de manera particular citar a san Pablo.

La opción de Roland por la gratuidad  —“me dedicaré a formar a maestras de escuela que enseñen gratuitamente”—, por los más pobres, son decisiones que le acercan mucho a De La Salle, incluso en el tenor literal de algunos de sus escritos: “Tanto entre las huérfanas como entre las escolares, preferid siempre las más deformes, las que tengan discapacidades, las ingratas y las menos agradables para hacerles partícipes de vuestras caricias y servicios”.

Su afán por dirigirse a las niñas de manera sencilla, empleando términos y expresiones que ellas puedan captar con facilidad, poniéndose a su nivel expresivo, son preocupaciones que nos recuerdan a algunos textos que más tarde escribirá De La Salle. He aquí un texto de Roland que trata de estas cuestiones: “Hay que anunciar a estas jóvenes las verdades del Evangelio no con palabras estudiadas […] sino de una manera tan sencilla que todas las palabras que les digamos sean claras y fáciles de comprender”.


Hay, con todo, una diferencia importante entre la primitiva concepción lasaliana del catecismo y de las escuelas cristianas y la que sobre estos asuntos sostenía Roland. Porque, en efecto, este, en uno de sus escritos, afirmará  —dirigiéndose a sus Hermanas—  que “por encima de cualquier otra cosa no olvidéis dedicaros todos los días a la instrucción cristiana, ya que únicamente para ello he instituido las clases y he introducido en ellas las lecciones de escritura y cálculo; porque si el catecismo se pudiera llevar a cabo sin la organización escolar, lo habría hecho”. De La Salle era de una opinión muy diferente; para él el lugar ideal del catecismo era la escuela, perfectamente imbricado con el resto de las actividades escolares, y hasta injertado en ellas, contando con la figura clave de un maestro cristiano ejemplar al frente de todo. Así se lo indica al Hermano Gabriel Drolin que, en Roma, había comenzado a impartir el catecismo en un templo parroquial: “No me gusta que nuestros Hermanos den el catecismo en la iglesia; con todo, si estuviere prohibido darlo en la escuela, es preferible que lo hagan en la iglesia a no hacerlo”.

Nicolás Roland no fue una figura destacada de aquel movimiento de reforma de la Iglesia, que bullía por todos los rincones de aquella Francia del siglo XVII. Los expertos afirman que su pensamiento apenas ofrece nada de verdaderamente original, mientras que sus inquietudes apostólicas son las de tantos otros cristianos coherentes y generosas de la época. Pero a través de su persona, sin duda, muchas de aquellas inquietudes terminaron pasando al joven De La Salle y se desarrollaron en él con una fecundidad que, probablemente, ni Roland ni siquiera el propio De La Salle  —así lo confiesa al final de su vida—  hubieran imaginado jamás. En palabras de Blain, fue “bajo la dirección de este excelente guía como el Señor De La Salle le tomó el gusto a la instrucción de la juventud. Fue en el celo de este veterano canónigo donde el joven bebió los primeros ardores del suyo por las escuelas cristianas y gratuitas”.


Hermano Josean Villalabeitia